MEDICINA «A LA CARTA»

JOSÉ MARÍA FERNÁNDEZ-RÚA
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Pocos son los investigadores y clínicos que se han atrevido a cuestionar en público las afirmaciones de Craig Venter, el científico-empresario que retó a un consorcio público multinacional para descrifrar el genoma humano, en el sentido de que la medicina individualizada o «a la carta» no llegará nunca. Venter, a quien se le pueden criticar muchas de sus actuaciones pero no su visión de futuro, ha reiterado en diversos foros que se podrá identificar a aquellas personas que van a tener una reacción adversa a un determinado medicamento, o cuáles van a responder mejor o peor a un tratamiento terapéutico, pero la medicina individualizada no llegará nunca. Uno de estos escenarios fue, hace ahora tres años, El Escorial, donde la Universidad Complutense celebra sus cursos de verano.

En este mismo lugar diversos especialistas han participado en un seminario organizado por Jaime del Barrio sobre las implicaciones de la medicina individualizada. Ninguno se acordó de Venter, pero sí coincidieron en que, en un futuro cercano, los tratamientos terapéuticos estarán dirigidos hacia grupos de personas con los mismos patrones genéticos. Uno de los ponentes que mejor acertó en su análisis de la medicina individualizada fue el profesor Alfonso Castro Beiras, jefe del Servicio de Cardiología del hospital universitario Juan Canalejo, en La Coruña.

Este acreditado cardiólogo gallego apuntó, entre otras cosas, que el camino a recorrer es aún largo para recoger los beneficios de esta era molecular, ya que en su opinión es necesario el desarrollo de otras disciplinas que proporcionen la facilidad de su aplicación. Así, es necesario avanzar en bioinformática, con la consecución de poderosos métodos estadísticos e informáticos con el fin de investigar la interacción de los genes entre sí y con aspectos del entorno ambiental. La investigación en este campo requiere, por tanto, una compleja multidisciplinaridad en la que tendrán especial protagonismo expertos en computación, genetistas, bioquímicos y clínicos. Y todo ello sin olvidar la formación médica universitaria, para la que será preciso adoptar un nuevo enfoque y replantear su estructura y diseño. De esta forma se podrán integrar los nuevos conocimientos que, día a día, se producen en genética, genómica y proteómica.