Simulacro de radiación nuclear realizado en la central de Trillo en el pasado mes de diciembre. ÁNGEL DE ANTONIO

Un estudio científico reaviva la polémica sobre los casos de cáncer cerca de centrales nucleares

Según investigadores de la Universidad de Alcalá y del Hospital de Guadalajara, el origen sería una exposición a dosis bajas durante el periodo de puesta en marcha

ABC
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MADRID. Un estudio epidemiológico realizado por científicos de la Universidad de Alcalá de Henares y del Hospital de Guadalajara ha detectado un riesgo superior de cáncer en el área más próxima alrededor de la central nuclear de Trillo (Guadalajara), aunque los autores de esta investigación precisan que las limitaciones del estudio «deben tenerse en mente al interpretar la posible relación causal» entre el reactor y el mayor riesgo de tumores en esa zona. «Estadísticamente, la relación que observamos está muy bien apuntalada», afirmó a ABC el primer autor de este trabajo, el profesor Agustín Silva-Mato, de la Universidad de Alcalá de Henares, quien destaca la complejidad de este tipo de estudios en los que abundan los parámetros no observables que arrojan incertidumbres y cautelas científicas.

El principal resultado cosechado en esta investigación, publicada en el último número de la revista científica «Occupational & Environmental Medicine», es que el riesgo de cáncer entre los residentes en un radio de 10 kilómetros alrededor de la planta de Trillo es 1,7 veces superior que entre las personas que viven a 30 kilómetros. Según estos científicos, ese dato no significa que actualmente exista exposición a la radiación en el entorno de la central, sino que probablemente existió en dosis bajas durante el periodo de puesta en marcha del reactor. Esta relación entre proximidad de residencia y riesgo de cáncer no se aprecia de forma significativa en las proximidades de la planta nuclear de Zorita (Guadalajara), también analizada en este estudio, cuyo origen es una tesis doctoral realizada por David Viana, bajo la dirección del profesor Silva-Mato y el doctor Cobo, del Hospital de Guadalajara.

Cercanía y riesgo

Hasta ahora no hay evidencias epidemiológicas concluyentes de que la residencia cerca de las instalaciones nucleares incremente el riesgo de cáncer, ya que los estudios acometidos en diferentes países arrojan resultados contradictorios. En España, las investigaciones han sido escasas. Hace dos años, un equipo del Instituto de Salud Carlos III concluyó que existía un incremento de la mortalidad por leucemia en el entorno de las instalaciones de combustible nuclear. Dos años antes hallaron una mayor incidencia de mieloma múltiple junto a Zorita.

Para efectuar esta nueva investigación en las áreas circundantes a las centrales de Trillo y Zorita, se utilizó como punto de partida los casos de tumores malignos diagnosticados a residentes en Guadalajara, que fueron admitidos en su hospital entre diciembre de 1988 y en enero de 1999. Un total de 4.492 pacientes cumplían con los requisitos del estudio, de los cuales 838 vivían en zonas próximas a esas centrales. Para establecer comparaciones de riesgo se seleccionó además una muestra de control con 4.337 pacientes, de los cuales 802 residían cerca de esas centrales y que habían sido admitidos en el Hospital de Guadalajara por patologías no relacionadas con el cáncer durante el mismo periodo. Una vez seleccionados los casos, se fijó como factor de exposición el lugar de residencia, estableciéndose tres grupos en función de la cercanía a cada central: municipios en una área de 0-10 kilómetros en torno al reactor, entre 10 y 20 km. y entre 20 y 30 km. En esas zonas rurales hay 134 municipios donde viven 27.802 personas, un grupo de población que se mantuvo estable durante el periodo analizado (1988-1999). En el diseño del estudio se tuvo en cuenta otras variables: evaluación del consumo de tabaco (de forma indirecta porque esa información no se recoge en los historiales clínicos), una clasificación de los tumores en dos categorías (aquellos que pueden catalogarse como radioinducibles y los que no) y un análisis del periodo de latencia, el intervalo mínimo estimado por la Comisión Internacional de Protección Radiológica (ICRP) entre la exposición a la radiación y la aparición de un tumor (dos años en el caso de la leucemia y cinco años para otro tipo de tumores).

Limitaciones del estudio

Los científicos constataron que entre 1988 a 1999 se diagnosticaron 299 casos de cáncer entre los residentes en un radio de 30 kilómetros alrededor de la central de Trillo y 407 entre los habitantes que viven en la misma área de influencia en torno a Zorita. Una vez analizados los datos epidemiológicos se alcanzó como principal conclusión que el riesgo de sufrir un tumor es 1,71 veces superior entre las personas que viven a menos de 10 kilómetros de Trillo que entre quienes habitan a 20 o 30 kilómetros de distancia del reactor. Esta asociación entre proximidad a la central y riesgo de cáncer se aprecia en todos los tipos de tumores, pero con mayor nitidez en los clasificados como radioinducibles.

Otra de las conclusiones reveladoras es que este mayor riesgo se detecta entre nueve y once años después de la apertura de Trillo, lo que abona la tesis de que pudo existir una exposición durante su puesta en marcha que se manifestó tras el periodo de latencia. Los investigadores también destacan en su trabajo que se aprecia una tendencia lineal en cuanto a dosis-respuesta: cuanto menor es la potencial exposición a la radiación (o lo que es lo mismo, cuanto más lejos está el lugar de residencia) menor también es el riesgo de desarrollar un tumor. Esta asociación entre riesgo de cáncer y la lejanía de la residencia respecto a una instalación nuclear ha sido ya observada en dos estudios precedentes realizados en la central eslovaca de Jasloske Bohunice y en la planta de reprocesamiento británica de Sellafield. En el área circundante a la planta de Zorita se aprecia también una disminución de riesgo cuanto más lejano está el lugar de residencia, aunque de forma poco significativa. El caso de Zorita es mucho más complejo porque su puesta en marcha data de 1968 y hay muchas variables que por tanto son más difíciles de estudiar, según afirma Silva-Mato.

Los autores de esta investigación epidemiológica precisan que su trabajo tiene «ciertas limitaciones que deben tenerse en mente al interpretar estos resultados». Dado que las instalaciones nucleares están generalmente ubicadas en zonas con baja densidad de población, el número de casos de cáncer es reducido. Y al ser pocos los casos y los controles no es posible realizar un estudio atinado de cada tipo de tumor. Según el profesor Silva-Mato, otra limitación es que puede conocerse el lugar de residencia de los afectados en el momento del diagnóstico del cáncer, pero no hay forma de saber donde lo hizo años antes. «En cualquier caso, debido a la estabilidad de la población durante el periodo de estudio, no hay una razón aparente para sospechar que este factor haya tenido una influencia», señala el trabajo. Otro posibles cofactores, como la ocupación laboral de los pacientes diagnosticados con cáncer o sus hábitos alimenticios, no fueron sopesados en esta investigación.