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Cómo afecta el cambio de hora a nuestro organismo

A las 3 de la madrugada de este domingo serán las 2. Los psicólogos coinciden en que estos «saltos» en el tiempo provocan alteración del sueño o del ánimo, y alertan sobre «la situación especial» de la gente con patología depresiva

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Cada vez que aparece un cambio, aumentan los mitos sobre su posible incidencia en nuestra manera de afrontarlo. Dos veces al año, a las dos de la madrugada, le toca el turno a la hora, que se atrasa o se adelanta (esto último el domingo 25 de octubre) sesenta minutos.

Se modifica nuestra rutina como medida de ahorro energético. Pero, ¿qué más hay detrás de este sencillo gesto? ¿Tiene alguna otra consecuencia? La gente suele referir trastornos en el sueño, decaimiento del ánimo, aumento de los infartos, insomnio... ¿Son estas secuelas ciertas? ¿Cómo nos afecta realmente dormir una hora menos o, esta vez, una hora más?

«Obviamente todo depende de la persona, cada una es un mundo, y del organismo», advierte Nuria Ruiz Gómez, psicóloga de Sanitas. Sin embargo, sí es frecuente que los expertos se encuentren con pacientes que presentan síntomas de mayor cansancio, confusión y problemas por encontrarse con menos tiempo para realizar las actividades cotidianas, lo que hace que las personas acometan sus tareas con menos energía de lo normal.

«La gente de mediana edad, desde los 25 a los 55 años, se ve más afectada. La jornada laboral, los hijos y, en general, su rutina, se ve modificada y les cuesta habituarse», asegura.

Valentín Martínez-Otero, Doctor en Psicología, coincide con Ruiz en que «la disminución de las horas de luz y la bajada de las temperaturas suelen traducirse en una inhibición (alteración de las actividades) y por consiguiente una mayor propensión a estar en casa, limitando tanto las relaciones físicas como las sociales».

Para el experto, no debería tener impacto más allá de que pueden verse trastocadas ciertas actividades al aire libre, ya que la gente podría mostrarse reacia a salir de casa «por el frío». Sí alerta, en cambio, de las consecuencias a la hora de conducir u otras ocupaciones que requieran de control. «Deben extremar las precauciones porque la somnolencia limita la capacidad de reacción, y eso puede ser peligroso cuando se está al volante», indica.

Los más vulnerables, los deprimidos

Los más vulnerables —añade— son las personas con patología depresiva. «Se puede agravar su situación y precisan un especial cuidado porque aumenta la melatonina, que es la responsable del letargo en animales, y a nuestra especie le provoca fatiga, decaimiento y falta de energía». Para Martínez-Otero, la depresión no es ninguna tontería, por lo que recomienda poner su situación en «conocimiento de un especialista» si se ven afectados no solo el domingo, sino también a lo largo de toda la semana.

El cambio sí presenta algún aspecto positivo, aunque solo para un sector de la población. «Son los niños, que tienen más tiempo libre del que disfrutar, o los adolescentes, que aprovechan que el día es más largo para salir y llegar más tarde o dormir más, los que lo disfrutan», sostiene Ruiz Gómez.

Tampoco los jubilados suelen tener problemas para adaptarse al nuevo horario porque, según la experta, «no tienen uno estable» al que atenerse, su rutina es en general más flexible.

Ambos especialistas coinciden, no obstante, en que hay que darse un tiempo de adaptación: tres días o, a lo sumo, una semana. «Es como el jet lag», sostiene Ruiz.