Imagen de un trasplante de riñón
Imagen de un trasplante de riñón - ARCHIVO

El rechazo del órgano tras un trasplante podría ser transitorio

Un estudio sugiere que a largo plazo, muchos pacientes no necesitarían la terapia con inmunosupresores

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El rechazo de los órganos trasplantados puede no ser permanente, asegura una investigación de la Universidad de Chicago (EE.UU.). Utilizando un modelo de ratón de trasplante cardíaco los investigadores han visto que la tolerancia inmune puede recuperarse espontáneamente después de un rechazo activa y que el sistema inmune puede aceptar trasplantes posteriores a semana. Este proceso, explican en un artículo en la revista « Nature Communications» depende de las células T reguladoras, un componente del sistema inmune que actúa como un ‘freno’ para otras células inmunes. Los hallazgos sugieren que es posible inducir tolerancia inmunológica como una estrategia viable para lograr la supervivencia del trasplante para toda la vida.

«La tolerancia al trasplante parece ser un estado resistente y persistente, a pesar de que se puede superar de forma transitoria», explica Anita Chong, pero «ahora nuestros resultados parecen cambiar el paradigma de que la memoria inmunológica que promueve el rechazo del trasplante es siempre permanente».

Inmunosupresores

Para prevenir el rechazo de un trasplante casi siempre se requiere un régimen permanente de medicamentos inmunosupresores. Aunque es difícil de lograr, también es posible inducir la tolerancia inmune a largo plazo en algunos casos. Sin embargo, el rechazo todavía puede ser desencadenada por eventos como una infección bacteriana, incluso después de largos períodos de tolerancia. Hasta ahora, señalan los investigadores, se ha asumido que el sistema inmunológico recuerda el rechazo y se previene futuros trasplantes.

El equipo de Chong había demostrado previamente en ratones que ciertas infecciones bacterianas pueden alterar la tolerancia y provocar el rechazo de un trasplante. Al analizar más este fenómeno, vieron algo sorprendente: como se esperaba, el rechazo se activaba por una infección en ratones tolerantes, pero a los que pocos días, siete, se reducía dicho rechazo.

Esto sugiere que actúan como un ‘freno’ que impide que otras células del sistema inmune identifiquen y rechacen el segundo trasplante

Para explicar este hecho el equipo trasplantó un corazón en la cavidad abdominal de los ratones experimentales y con tolerancia inmune inducida. A los dos meses de tolerancia estable, los investigadores provocaron el rechazo a través de una infección con la bacteria Listeria, lo que provocó que el trasplante fracasara. A continuación, injertaron un segundo corazón de un donante genéticamente idéntico una semana después del rechazo del injerto inicial. Y vieron que el segundo trasplante fue fácilmente aceptado y se mantuvo en pleno funcionamiento durante el período de estudio. Una segunda serie de experimentos, en los que un segundo corazón se injertó más o menos un mes después del rechazo con el objetivo de permitir el desarrollo de la memoria inmune, mostró unos niveles de aceptación a largo plazo similares.

El equipo descubrió además que las células T reguladoras eran necesarias para la restauración de la tolerancia. Así, cuando se agotan, el órgano recién trasplantado es rechazado. Esto sugiere que actúan como un ‘freno’ que impide que otras células del sistema inmune identifiquen y rechacen el segundo trasplante.

«Aunque los métodos para lograr la tolerancia en un trasplante difieren entre los ratones y los seres humanos, es probable que compartan mecanismos de mantenimiento», explica Marisa Alegre. «Nuestros resultados implican que los pacientes tolerantes que experimentan rechazo podrían ser tratado con medicamentos inmunosupresores a corto plazo para proteger el trasplante y, a continuación, una vez restaurada la tolerancia, cancelar la terapia».

Células T reguladoras

Además de presentar nuevas opciones de tratamiento para los pacientes tolerantes actuales y futuros que sufren el rechazo de trasplantes, el estudio muestra luz sobre los mecanismos implicados en la recuperación de la tolerancia. Los resultados también apuntan a posibles conexiones con enfermedades autoinmunes y el cáncer. «Estamos trabajando para entender con mayor detalle los mecanismos de cómo se produce este retorno de la tolerancia», señala el autor del estudio, Michelle Miller. «Queremos encontrar si hay otros mecanismos, además de células T reguladoras, que median la tolerancia y ayudan a prevenir la memoria del rechazo».