Imagen por microscopía del tejido adiposo marrón
Imagen por microscopía del tejido adiposo marrón - ARCHIVO
ENFERMEDADES METABÓLICAS

El mes de nacimiento determina la cantidad de 'grasa buena' del bebé

La clave está en la exposición al frío durante la concepcion, que induce cambios epigenéticos en el esperma que promueven el desarrollo de mayores cantidades de grasa parda por el futuro bebé

MADRIDActualizado:

El tejido adiposo pardo o marrón es el responsable de quemar calorías para mantener una temperatura corporal adecuada. Y para ello, quema las grasas almacenadas en el organismo, con lo que se reduce el riesgo de padecer obesidad o de desarrollar una enfermedad metabólica, caso de la diabetes tipo 2. De ahí que el tejido adiposo pardo o marrón sea conocido como grasa ‘buena’ –en contraposición a la grasa blanca o ‘mala’, la que almacena las grasas–. Y es que cuanto mayor sea la cantidad de grasa parda en nuestro organismo, mejor. Pero, que contemos con más o menos de esta grasa parda ¿de qué depende? Pues del momento del año en que nacemos. O más exactamente, del momento en que somos concebidos. Y es que como muestra un estudio dirigido por investigadores de la Escuela Politécnica General de Zúrich (Suiza), el frío provoca cambios en el esperma que promueven que el futuro bebé cuente con mayor cantidad de grasa marrón.

Como explica Christian Wolfrum, director de esta investigación publicada en la revista « Nature Medicine», «las observaciones previas muestran que las personas que viven en las regiones frías del planeta tienen unos niveles particularmente elevados de tejido adiposo marrón. Y hasta ahora se asumía que esto tenía algo que ver con las temperaturas que experimentan estas personas a lo largo de su vida. Sin embargo, nuestros resultados sugieren que las temperaturas previas a la concepción también pueden afectar a los posteriores niveles de grasa parda».

Cambios epigenéticos

En el estudio, los autores analizaron las imágenes tomadas por tomografía computarizada a 8.400 mujeres y varones adultos. Y lo que vieron es que aquellos nacidos entre los meses de julio y noviembre tenían mayores cantidades de tejido adiposo marrón activo que los alumbrados entre enero y junio. Sin embargo, es posible que esta diferencia en la cantidad de grasa parda no tenga tanto que ver con el momento del parto como con la época de la concepción. Y es que los nacidos entre julio y noviembre fueron concebidos en la época más fría del año, mientras que los alumbrados entre enero y junio fueron, por el contrario, concebidos en los meses más calurosos. Entonces, ¿es posible que la temperatura en el momento de la concepción condicione el nivel de grasa parda del futuro bebé?

Para responder a esta pregunta, los autores utilizaron ratones, tanto hembras como machos, a los que sometieron a una temperatura ‘moderada’ –23º C– o ‘fría’ –8º C– durante varios días antes de emparejarlos con fines reproductivos. ¿Y qué pasó? Pues en el caso de las hembras, nada. Daba igual que hubieran disfrutado de un clima moderado o que hubieran padecido frío: el nivel de grasa parda de sus crías fue exactamente similar. Pero no ocurrió así en el caso de los machos.

Las temperaturas previas a la concepción pueden condicionar los niveles de grasa parda del futuro bebé

Los resultados mostraron que las camadas descendientes de los machos sometidos a la temperatura de 8º C tenían mayores niveles de tejido adiposo marrón activo que los concebidos por los machos mantenidos a 23º C. Pero aún hay más. Las crías nacidas de los ratones macho que ‘vinieron’ del frío estaban mejor protegidos frente al exceso de peso –su ganancia de peso con las dietas ricas en grasas fue notablemente menor– y los trastornos metabólicos.

Pero este efecto de la temperatura, o más concretamente del frío, sobre la grasa marrón de los descendientes, ¿cómo se explica? Pues para averiguarlo, los autores llevaron a cabo un experimento in vitro para ver que les sucedía a los espermatozoides expuestos al frío. Y lo que observaron es que las temperaturas bajas inducían cambios epigenéticos en estos espermatozoides. Pero, exactamente, ¿qué son estos cambios epigenéticos? Pues las alteraciones que, caso de la adición de grupos metilo –o ‘metilación’– al ADN, no alteran la secuencia de ADN pero modifican la forma en la que se expresan los genes contenidos en este ADN.

Como indica Christian Wolfrum, «las células de la grasa parda queman energía para producir calor corporal, por lo que los ratones con más tejido adiposo marrón son más efectivos a la hora de regular su temperatura corporal en los ambientes fríos. Quizás esto les proteja frente a los fríos extremos, lo que podría explicar por qué este mecanismo epigenético ha sido seleccionado en el curso de la evolución».

¿Duchas frías preliminares?

En definitiva, parece que el frío induce cambios epigenéticos en el esperma que promueven la formación de tejido adiposo marrón en los descendientes. Un ejemplo más de que los caracteres que transmiten los padres a sus hijos no están solo condicionados por los genes, sino también por el impacto del medio ambiente sobre los progenitores.

Entonces, y con objeto de procurar que sus futuros bebés tengan mayores cantidades de grasa parda, ¿debe pedirse a los varones que se metan en una bañera de agua helada antes de mantener relaciones sexuales? Pues no. O al menos, aún no.

Como concluye Christian Wolfrum, «antes de poder dar un consejo de este tipo tenemos que estudiar más profusamente esta correlación en los humanos. Además, parece que la exposición al frío debe persistir durante un largo periodo de tiempo para que tenga un efecto sobre la programación epigenética. Es probable que darse una zambullida en agua helada o permanecer un rato sobre un bloque de hielo no sea suficiente».