Kluas durante su visita a Madrid
Kluas durante su visita a Madrid - Isabel Permuy
DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL

Klaus Gauger: «El estigma de la esquizofrenia nos daña casi más que la enfermedad misma»

Klaus fue diagnosticado de esquizofrenia paranoide, una enfermedad que se estima que padece el 1% de la población mundial y que durante 20 años le ha impedido llevar una vida «normal»

MadridActualizado:

Klaus Gauger, de padre alemán y madre española, nació en Tubinga en 1965, pero volvió a nacer en 2004 en Huesca, cuando por fin decidió tomarse en serio su enfermedad y seguir el tratamiento médico que, durante 20 años, había esquivado por razones que ni él mismo conoce.

«Hola, soy Klaus», saluda sonriente al dar la mano. Klaus es una persona diagnosticada de esquizofrenia paranoide, una enfermedad que se estima que padece el 1% de la población mundial y que durante 20 años le ha impedido llevar una vida 'normal'.

Ahora, reconciliado consigo mismo, y con su enfermedad, ha escrito un libro, «Mi esquizofrenia» en el que relata esos años de «infierno» que se iniciaron en febrero de 1994 cuando, tras un ataque de pánico porque pensaba que las paredes estaban llenas de micrófonos que le espiaban, tuvo que ser ingresado en una clínica psiquiátrica.

Yo estaba convencido que Merkel [Angela, la primera ministra de Alemania] me perseguía y que los servicios secretos americanos me estaban protegiendo

«Fue mi primer ingreso y tratamiento forzoso. No quería, pero sabía que era necesario», apunta.

Lo cuenta todo en su libro, todo lo que recuerda, incluidas sus alucinaciones y delirios. «Tengo un recuerdo preciso de muchas cosas en una situación de psicosis muy complicada. A veces no puedo saber si eso realmente fue así, aunque sé que eran alucinaciones en muchos casos. Pero para mí fue real, muy real. Ahora, en 2014 ya puedo distingur lo que fue real y lo que no fue».

También se acuerda de los delirios. «Yo estaba convencido que Merkel [Angela, la primera ministra de Alemania] me perseguía y que los servicios secretos americanos me estaban protegiendo. Eso es un delirio. Y todo por un blog en el que criticaba las políticas de austeridad impuesta por Alemania a España». La gente con esquizofrenia paranoide tiene delirios de grandeza o de persecución, explica

¿Por qué escribir este libro? «Se trata de intentar combatir el estigma que tiene la esquizofrenia y, en general las enfermedades mentales. Es importante que la personas con esquizofrenia paranoide reivindiquen sus derechos en la sociedad». Una cosa es la enfermedad misma, dice, que se puede controlar con medicamentos, y «la otra es el estigma social, que es incontrolable y nos daña casi más que la enfermedad misma. Nos impide que encontramos trabajo, pareja, etc».

Se trata de intentar combatir el estigma que tiene la esquizofrenia y, en general las enfermedades mentales

Klaus se licenció en la universidad en historia y filologías románica y germánica. Pero enfermó de esquizofrenia paranoide cuando preparaba la tesis doctoral y, pese a las prolongadas interrupciones debido a su enfermedad, pudo concluir el doctorado y trabajar, con intermitencias, como periodista y profesor.

«La enfermedad ha hecho imposible que yo acepte trabajos que me han ofrecido. No estaba lo suficientemente estable. Pero el estigma ha hecho que las ofertas que he tenido hayan sido muy pocas, por no decir mínimas».

Cuando cayó enfermo, en 1994, llevaba una vida muy normal, aunque ya ‘barruntaba’ que algo no iba bien. «Con el primer brote me aplican un tratamiento forzoso. No hacía falta el consentimiento de mis padres. Era un peligro para los demás o para mí y, según la legislación de Alemania, tenían el derecho de tratarme».

Klaus es muy consciente de su enfermedad. Incluso reconoce que, en ocasiones, ha preferido tener esquizofrenia paranoide que sufrir las consecuencias de los tratamientos. «Estaba entre dos aguas: odiaba los efectos de la enfermedad pero, a veces, decidía dejarde tomar los medicamentos y arriesgarme a que la enfermedad volviera».

De hecho, la última vez que lo hizo, de 2010 a 2014, fue tan brutal que desde entonces siempre ha seguido el tratamiento. «Fue en el hospital de Huesca [unidad psiquiátrica del Hospital General San Joreg] donde por vez primera conseguí que desaparecieran todos los síntomas, incluso residuales, y pude ver claramente qué es lo que había hecho la enfermedad con mi vida en esos 20 años: de 1994 a 2014».

Ahora estoy dispuesto a tomar los medicamentos hasta el resto de mi vidaPero para mi es casi peor que te den un diagnóstico de cáncer. De hecho, si no te suicidas, puedes vivir 80 o 90 años perfectamente

«Desde ese momento decidí tomar el medicamento para siempre», dice orgulloso.

Klauas no tiene síntomas residuales desde 2014. «Antes sí tenía, lo que me hacía dudar de los médicos y los medicamentos. Ahora estoy dispuesto a tomar los medicamentos hasta el resto de mi vida».

La paradoja es que después de haber pasado por muchos centros psiquiátricos, Klaus ahora trabaja en uno. «Me encargo de hablar con los pacientes, en ayudarles en sus programas de rehabilitación, en el área de personas jóvenes que han tenido por vez primera un brote psiquiátrico. Intento trasmitir mis experiencias a los primerizos. Están muy confusos y asustados porque es la primera vez que van a un centro psiquiátrico. Soy una especie de enlace entre los pacientes uy los profesionales médicos y de enfermería».

Porque, para él, «resulta muy deprimente recibir un diagnóstico de este tipo, es grave. Pero para mi es casi peor que te den un diagnóstico de cáncer. De hecho, si no te suicidas, puedes vivir 80 o 90 años perfectamente».

Y los medios de comunicación, ¿cómo lo hacen? «Tiene una función importante y, desafortunadamente, se suelen destacar los casos violentos. Un 1% de la poboblación española tiene esquizofrenia paranoide (erca de 500.000 personas) y no todos ellos cometen barbaridades sino que llevan una vida normal. El foco no debe estar en los casos más raros -denuncia-, sino en los que hacen una vida normal».

Y añade: «No hay diferencia entre las enfermedades mentales y las físicas. Solo que el cerebro e su órgano muy delicado y no hemos dado con la solución»

Pero la buena noticia, concluye, es que hay medicamentos eficaces. Una señal esperanzadora en el Día Mundial de la Salud Mental