¿Por qué es importante vacunar a los niños?

A medidad que las vacunas demuestran su eficacia erradicando enfermedades antaño mortales crece el número de padres contrarios a ellas. Una información clara y precisa sobre su seguridad es clave para que comprendan la importancia de la vacunación. .

R.I.
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Los datos no mienten. Cada vez hay más niños que no son vacunados. Según un reciente estudio publicado en The New England Journal of Medicine, en EE.UU., el número de padres que eligen no administrar a sus hijos las vacunas requeridas debido a motivos no médicos, como creencias religiosas o filosóficas, aumentó entre 2005 y 2011. De acuerdo con este estudio, en EE.UU., dependiendo del estado, la tasa de niños no vacunados oscilaría entre el 5% y el 15%. En España, las cifras son un poco mejores; «aproximadamente un 3-5% de niños no se vacunan bien o no reciben ninguna vacuna en el primer año de vida. Esta cifra aumenta algo más, hasta un 5-10%, si analizamos a los niños con más de un año de edad», señala David Moreno, Coordinador del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP).

La vacunación en España, en contra de lo que algunas personas piensan, no es obligatoria. Incluso legalmente, no es un obstáculo para la escolarización. Pero es cierto que, dice Moreno, en los casos en los que unos padres deciden no vacunar a un hijo, chocan varios principios universales, «como son el derecho de unos padres a elegir lo que ellos creen que es mejor para sus hijos; el derecho de un niño a obtener para sí mismo lo mejor que hay en ese momento desde el punto de vista sanitario y aceptado por la comunidad médica aunque sus padres no lo acepten, y el derecho de otros niños o adultos que si siguen los programas de vacunación a no contagiarse por los niños que hayan enfermado por no vacunarse». Este es, reconoce Moreno, un debate que es público y aún no resuelto desde el punto de vista legal y ético.

Aunque no hay datos disponibles sobre la mortalidad asociada a la no vacunación, Moreno matiza que cuando se analizan, por ejemplo, los casos ocurridos de sarampión en el brote de 2011, se observa que la inmensa mayoría de ellos eran personas no vacunadas frente a esta enfermedad. «Con las características de este brote, se sabe que habrían sufrido la enfermedad muchísima más población con importantísimas consecuencias. Sin embargo, esto no ocurrió dado que la mayoría de las personas (más del 85-90%) están vacunadas».

Porque no hay que olvidar que en España sólo está aceptada la vacunación forzosa legalmente en el «caso de un brote infeccioso no controlado, en un colectivo de personas no vacunadas, por una infección que es prevenible mediante vacunación ». El ejemplo más cercano ha sido el brote de sarampión que se produjo en el barrio del Albaicín (Granada) a finales del año 2010.

Dudas

Pero lo cierto es que los grupos contrarios a las vacunas son cada más numerosos y con más capacidad para expresar sus dudas. Tal y como dice en el artículo del NEJM su autor, Saad Omer, epidemiólogo en enfermedades infecciosas de la Universidad de Emory, en Atlanta, «la vacilación ante las vacunas se está haciendo un poco más común». Para Omer, aunque los motivos del miedo reciente ante las vacunas, que está más generalizado, son complejos, al menos dos factores podrían tener mucho que ver. En su opinión, las redes sociales (Facebook y Twitter) han «amplificado» los mensajes, tanto de los grupos defensores como de los contrarios a las vacunas. Y otro problema, reconoce Omer, es que, al mismo tiempo, «los padres ya no ven de primera mano las enfermedades que las vacunas previenen, gracias a los programas exitosos de inmunización».

Es lo que algunos expertos en el campo de las vacunas han denominado «morir de éxito». «Ahora sólo vemos los efectos negativos del uso de las vacunas; nos hemos olvidado de lo que era no estar protegidos frente a enfermedades como el sarampión o la gripe», dijo hace poco Javier Díez, jefe de Investigación del Área de Vacunas del Centro Superior de Investigación de Salud Pública de Valencia, para quien las dudas que existen sobre la seguridad de las vacunas son consecuencia de su propio éxito. «Gracias a su eficacia han desaparecido enfermedades muy frecuentes hasta hace pocos años, y ello ha provocado que la sociedad esté más pendiente de los posibles efectos adversos, por muy raros y leves que puedan ser. Da la sensación de que la vacunación se está suicidando de éxito», dice este experto en vacunas.

El mayor descubrimiento médico

Moreno señala que es importante explicar a los padres de los niños que no los vacunan. «Explicándoles que las vacunas incluidas en los programas de vacunación han demostrado una y otra vez que son eficaces y seguras. Que con las vacunas se han conseguido erradicar del mundo infecciones como la viruela y a punto de erradicar la poliomielitis. Hay poquísimos casos de rubéola, paperas, tétanos, meningococo C, etc. Ya no hay niños infectados por el virus de la hepatitis B cuyas madres si están infectadas. Y todo esto es gracias a las vacunas. Las vacunas, junto a la potabilización del agua, ha sido el mayor descubrimiento en la historia de la Medicina».

Hacia esta misma dirección se dirige Mark Schleiss, profesor de pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Minnesota, quien cree que la respuesta es abordar la percepción pública sobre las vacunas, en lugar de reescribir las políticas. «Tiene que venir de nuestros líderes políticos. Creo que deben destacar la importancia de vacunarse», enfatiza. Schleiss señala que es importante hablar con los padres, de forma abierta y clara, sobre la seguridad de las vacunas que, por lo general ayuda a los padres a comprender por qué deben vacunar a sus hijos.

¿Por qué vacunar?

Pero la pregunta clave es ¿Por qué es importante vacunar a los niños? «Las vacunas sirven para prevenir ciertas enfermedades infecciosas peligrosas, activando nuestro organismo para que desarrolle defensas específicas contra ellas. Además, "enseñan" al sistema inmunológico a defenderse frente a esas infecciones, y en el caso de no recibirlas, esas infecciones pueden producir complicaciones graves o secuelas y provocar incluso la muerte», responde Moreno.

No hay que olvidar que la mayoría de estas enfermedades son ahora muy poco frecuentes, incluso algunas se han conseguido erradicar en Europa como la poliomielitis; y, dice Moreno, esto se debe precisamente al mantenimiento de un alto índice de vacunación de la población residente en España. En otros países, aun con el mismo nivel socioeconómico que aquí, la menor cobertura de algunas vacunas se acompañan de más casos de las infecciones que previenen.

Calendario vacunal

En el caso de España, uno de los elementos de confusión para los padres es la inexistencia de un calendario vacunal unificado en España. «Confunde muchísimo a los padres y también a aquellos que desean informarse bien, fundamentalmente a través de internet; pero a los que realmente más confunde son a aquellos que precisan cambiar de comunidad por motivos de trabajo, etc. Empezaron con sus hijos un calendario y ahora se encuentran con otro, con mas o menos vacunas, con dosis en momentos diferentes. Esto solo lleva a confusiones por parte de todos, y a una mala imagen de la sanidad y de las vacunas», afirma Moreno.

En nuestro país cada comunidad autonóma decide qué vacunas incluir en el calendario oficial y como se deben administrar, lo que ha llevado que coexistan en España tantos calendarios diferentes como comunidades. El Ministerio de Sanidad, sensible a este problema y la reclamación histórica de la AEP por unificar todos estos calendarios en un único calendario común para todos los niños españoles, siguiendo el principio de igualdad sanitaria que la Constitución marca para todos los ciudadanos, ha comenzado a dar los primeros pasos para su consecución.

Otro de los problemas añadidos a las vacunas es el coste, sobre todo para aquellas que no están financiadas por la sanidad pública. «Es verdad que las vacunas son caras, pero distan de muchísimos gastos que la mayoría de la sociedad realiza casi diariamente. Los padres deben saber que el dinero que están gastando en vacunas es un dinero bien invertido, en salud para sus hijos, y muy probablemente para toda la vida».

5 cosas que hay que saber sobre las vacunas

1. ¿Cuándo se debe empezar a vacunar a un niño y hasta que edad?La mayoría de las vacunas comienzan a administrarse en los primeros meses de vida, concretamente a los 2 meses. Solo algunas vacunas se inician más tarde, como triple vírica (12 meses) y papilomavirus (11-14 años). Aunque la mayoría de las vacunas se pueden empezar a cualquier edad ("nunca es tarde"), lo ideal es administrarlas en los tiempos recomendados, para obtener el beneficio buscado durante el máximo tiempo, sin dejar dejar desprotegido innecesariamente al niño durante un periodo de tiempo.

2. ¿Qué vacunas hay que administrar?Las vacunas que se administran actualmente en todos los calendarios de las diferentes CC. AA. son las siguientes: hepatitis B, difteria, tétanos, tos ferina, poliomielitis, sarampión, rubeola, parotiditis (paperas), Haemophilus influenzae tipo b y meningococo C, papilomavirus (virus causante de cáncer de cuello de útero). Esta última, además, sólo se administra a las niñas, no a los niños. En algunas CC. AA. también se administran otras vacunas como: varicela (Madrid, Navarra, Ceuta y Melilla), neumococo (Galicia) y hepatitis A (Cataluña, Ceuta y Melilla). Por otro lado, en todas las CC. AA., en ciertas personas con enfermedades de base, se administran las vacunas frente a la gripe, la varicela, el neumococo y la hepatitis A.

3. ¿Dónde podemos vacunar a nuestro hijo?El lugar oficial para la vacunación de la población es Atención Primaria. Ocasionalmente, algunas personas se vacunan en centros hospitalarios (sobre todo en caso de vacunas especiales o pacientes con patología de riesgo) o en el colegio dentro de ciertas campañas de vacunación escolar.

4. ¿Qué reacciones puede producir una vacuna?Las vacunas son medicamentos muy seguros, pues son sometidas a estudios estrictos antes de poder administrarse a la población y siguen siendo vigiladas incluso una vez comercializadas. No obstante, como todos los medicamentos, pueden producir efectos secundarios que por lo general son muy leves, del tipo de dolor en lugar del pinchazo o un poco de fiebre o incluso un sarpullido, dependiendo siempre de cada vacuna.

Excepcionalmente, una vacuna puede desencadenar reacciones graves en personas alérgicas a ese preparado o con otro tipo de circunstancias especiales. Por eso se recomienda su control y administración por profesionales sanitarios y la permanencia en el centro de vacunación durante 15-30 minutos tras la vacunación. De todos modos, los riesgos de contraer una enfermedad grave por no administrar la vacuna son mucho mayores que el riesgo de que la vacuna produzca una reacción seria.

5. ¿Cuánto tiempo dura la protección de las vacunas?Depende del tipo de vacuna. Muchas de las que llevan administrándose mas tiempo, como son las de la poliomielitis, sarampión, rubéola, hepatitis B, etc., están demostrando que cuando se administran en las dosis correctas, protegen de por vida. Otras que llevan empleándose menos tiempo, como varicela, papilomavirus, rotavirus, hepatitis A, no sabemos a muy largo como será su duración, pero los años que se lleva vacunando, siguen protegiendo adecuadamente. Otras vacunas, ya se sabe que necesitan nuevas dosis periódicas para mantener la protección, como la gripe, tétanos y tos ferina.

Con la colaboración de Sanofi Pasteur MSD. SPMSD es ajena a su contenido