Recreo

¿Tu vida o el «qué dirán»? Cuatro preguntas para saber qué valoras más

Un estudio de la Universidad de Florida analiza cuánto estamos dispuestos a sufrir por proteger nuestro prestigio

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El dilema moral que propone elegir entre sufrimiento y deshonra es uno de los problemas sobre los que el ser humano reflexiona desde hace cientos de años. Pocos lo llevaron tan lejos como los samuráis, que según el ritual del seppuku o hara-kiri preferían terminar con su vida antes que ver mancillado su honor. ¿Muerte o estigma social? ¿Tienes claro qué escogerías tú? Tal vez cambies de opinión al enfrentarte a cuatro de las preguntas que tuvieron que contestar los participantes en un estudio desarrollado en la Universidad de Florida.

El blog Psypost explica algunos de los métodos empleados en la investigación, titulada «Death Before Dishonor. Incurring Costs to Protect Moral Reputation» («Muerte antes que deshonra. Asumir costes para proteger la reputación moral»). En una de las pruebas planteadas los participantes deben posicionarse ante cuatro desagradables disyuntivas. Nunca hay una opción sencilla: se trata de decidir siempre entre padecer daños físicos; incluso la muerte, o ver cómo la imagen social se deteriora de manera gravísima.

Pregunta 1: Elige entre pasar un año en la cárcel, pero no ser considerado un criminal desde tu liberación; o no pasar un solo día en la cárcel, pero siendo visto como un criminal toda la vida.

Pregunta 2: Elige entre la amputación de tu mano dominante o llevar una esvástica tatuada para siempre en la cara. No podrías explicar a nadie por qué la llevas.

Pregunta 3: Elige entre morir ahora mismo o vivir hasta más de los noventa arrastrando una falsa fama de pedófilo.

Pregunta 4: Elige entre morir ahora mismo y ser recordado con aprecio por los que te rodean, o vivir hasta los noventa siendo querido y respetado, pero recibiendo falsa fama de pedófilo tras tu muerte.

Sólo un 40% de los participantes se mostró dispuesto a pasar un año en la cárcel para eludir la reputación de criminal. En cambio, un 70% asegura que aceptaría perder la mano dominante para no llevar tatuada una esvástica en el rostro. El 53% prefirió la muerte inmediata que una vida larga con la peor de las consideraciones sociales. Eso sí, apenas un 30% da una gran importancia a la huella que deje en los demás cuando sus días terminen. La mayoría toleraría que se le recordase con repulsión después de morir si eso garantizase vivir muchos años disfrutando del afecto de los allegados.