Lanzan una oferta de «come todo lo que puedas» y acaban cerrando el restaurante

Una estrategia fallida termina por causar la ruina a los dueños de un restaurante chino

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¿Quién no se ha dejado llevar alguna vez por la gula? Muchos restaurantes nos ofrecen la posibilidad de comer hasta reventar por un precio fijo. Nada de sorpresas a la hora de pedir la cuenta: se abona una tarifa y es posible repetir cuantas veces se desee. El atractivo para el consumidor es evidente, pero los hosteleros también deben ser cuidadosos a la hora de diseñar la oferta y su estrategia de marketing. Prueba de ello es la pesadilla que ha sufrido un local en Chengdú, capital de la provincia china de Sichuán.

El blog Eater nos cuenta la desgraciada experiencia de los propietarios del Jiamener, un restaurante de reciente apertura volcado en la conquista de nueva clientela. Su idea para hacerse notar fue lanzar una promoción basada en el conocido 'come todo lo que puedas'. En lugar de ofrecer un menú ilimitado a precio fijo, trataron de ir más allá: por el módico precio de 22 euros, los clientes podrían adquirir un carné de socio y comer durante todo un mes, tantas veces como se les antojase.

Los dirigentes del Jiamener sabían que sufrirían pérdidas durante esos 30 días. Sin embargo, esperaban que la oferta sirviese para que mucha gente conociese su negocio y se convirtiese en asidua, una vez finalizado el periodo promocional. Lo que no tenían previsto es que decenas de personas exprimirían la propuesta hasta límites inimaginables. Durante los 11 días que fueron capaces de aguantar, el promedio diario de clientes rebasó ampliamente los cinco centenares.

Muchos comenzaron a hacer cola a las puertas del restaurante horas antes de su apertura. No eran pocos los que permanecían dentro hasta la hora del cierre, haciendo pausas y volviendo a comer una y otra vez. Otros preferían llenar el buche y después pedir comida para llevar antes de irse. «Fue una auténtica locura», explica uno de los socios. Semana y media en la que apenas pudo dormir un par de horas diarias, necesitando que sus empleados completasen jornadas de más de diez horas.

Cuando revisaron las cuentas encontraron un agujero de más de 85.000 euros, una cantidad muy superior a la que esperaban perder. No les quedó más remedio que echar el cierre. Además de no contar con la insaciable voracidad de sus clientes, cometieron un error infantil. Los carnés de socio que repartieron carecían de fotografía, por lo que no había manera de corroborar que correspondían a su portador. Aunque expidieron muchísimos, ahora sospechan que muchos clientes compartían el documento y se turnaban para ir a comer.