Benítez y Mourinho, rivales en la Premier League
Benítez y Mourinho, rivales en la Premier League - AFP
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Rafa y Mou, una década de pique

Mourinho respondió a la mujer de Benítez: «Debería preocuparse de la dieta de su marido». La historia de una rivalidad

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Todo empezó en el 2005. Se jugaba la semifinal de Champions League entre el Chelsea de Mourinho y el Liverpool de Benítez. El gol fantasma de Luis García dio la victoria a los de Anfield y Mou no pudo callar: «El mejor equipo fue eliminado por un gol del linier».

Se parecían mucho. Los dos llegaban a la Premier en 2004, Mou y Rafa, misma generación, los dos exfutbolistas sin éxito, los dos científicos. Uno, tras hacer historia en Valencia; el otro, después de levantar la Copa de Europa en Oporto. La rivalidad era inevitable. Desde entonces, diez años de un pique en el que las pullas llegan regularmente cada cierto tiempo, como cartas entre viejos corresponsales.

Benítez, tan competitivo como Mou, se la guardó y en pleno debate sobre el estilo (algo que pone frenético al portugués), ensalzó al Arsenal de Wenger: «Hace mejor fútbol, también Barça y Milán, ¿cómo pueden decir que el Chelsea es el mejor?». Eso tuvo que doler en lo más profundo a Mourinho, que aseguró merecer una disculpa. «No le daré la mano para la foto. No soy hipócrita. Sólo si él se da cuenta de que hizo comentarios que no debía hacer». Pero no hubo disculpas y los dos empezaron a cruzarse por la banda como extraños en el metro.

Esto no es tan excepcional, Benítez venía de un pique similar con Del Bosque en los Valencia-Real Madrid, llegando a suspender en una ocasión ese saludo que es como el apretón de mano de los ajedrecistas.

El Liverpool eliminó al Chelsea en la FA Cup y el Special One no cedía: «Pueden sorprendernos en un partido, pero en dos años de Premier la distancia es de 45 puntos». Las ligas eran blues; las copas, de los reds. Benítez quiso explicarlo así: «Éramos amigos hasta que empezamos a ganar. Sólo se lleva bien con los que derrota».

La relación no mejoraría con los años. Rafa entrenó a Chelsea e Inter, equipos en los que aún estaba fresco el recuerdo de Mourinho. Su trayectoria allí era difícil de igualar. Materazzi contó que al llegar a Milán descolgó la foto del portugués (extremo que negó). El central también le dijo a Mourinho: «¡Maldito, nos dejas con Benítez!». (Nota: Es curiosa y muy descriptiva la relación que Mourinho desarrolló con jugadores como Materazzi y Terry, capitanes sanguíneos -incluso sanguinolentos-, aún más si se compara con la que mantiene con los capitanes blancos).

En la primera rueda de prensa en el Giuseppe Meazza habló de ganar seis títulos. El equipo venía del triplete con Mourinho, que no dudó en contestar: «Una cosa es segura: Benítez no mejorará lo que yo he hecho». Cuando ganaron el Mundialito, quiso cobrarse lo suyo: «Estoy esperando las gracias, porque ese título lo ha ganado por mí». No tuvo piedad: «Pregunte a la afición del Inter quién es Benítez y quién es Mourinho».

Apocado, el estilo de las respuestas en Rafa tuvo que cambiar, se hizo más elusivo. «Soy competitivo, pero no a toda costa, estoy dentro de los límites de la deportividad». Los dardos continuaron cuando Mourinho retornó a un Chelsea que meses antes había ganado la Europa League con Benítez. «No la quiero, no quiero que mis jugadores se acostumbren a pensar que es su competición». Tampoco evitó la comparación entre los dos: «Es algo mental. No táctico. Vi todo el año pasado. Miedo de ganar, miedo de asumir». Rafa esperó y meses después salió por lo fáctico: «Hablo de hechos. Hechos. Con un Madrid poderosísimo y grandes desembolsos no ha conseguido nada en Europa».

La primera obsesión de Mourinho fue el estilo, desarrollada contra Wenger y Guardiola; la obsesión actual es el gasto, el presupuesto y los fichajes. Comenta cada fichaje del City con una calculadora. Ni la regla de gasto de Montoro...

El último episodio es conocido. Tampoco es nuevo. Luis Aragonés dijo una vez de Koeman que tenia la cintura como una rueda de tractor. Mourinho, letal, consigue con ello grabar en el subconsciente del hincha la imagen de un entrenador concienzudo (retiró la paella de la dieta valencianista) al que, sin embargo, su esposa debería racionarle el pan en las comidas (¡el danacol de Del Bosque!). ¡Cómo va a controlar a Marcelo si seguro que moja las salsas!

Benítez, por su parte, recibirá el apoyo sentimental del sector más duro del antimourinhismo (¿por qué los duros, los radicales, siempre son los otros?), agazapado hasta ayer en las blanduras del ancelottismo. De alguna forma, Mourinho se ha convertido en el galvanizador del madridismo, en la pimienta del tardoflorentimismo. Los tacticistas, los herederos de la resignación post-Mou, felices con Benítez, se juntan con sus contrarios, que ya tienen otra causa más.

En realidad, el parecido entre los dos técnicos es grande. Mourinho ha ido desarrollando, sin embargo, un carácter explosivo. Superior, rutilante. Por eso fue hiriente al recordar lo de «No es táctico, es mental; no es táctico, es mental». El Rafa agresivo de sus inicios en Inglaterra (auténtica violencia gestual de bully en la banda) se ha ido transformando en un hombre sentimental. Sus lágrimas en la presentación, su solidaridad (también lacrimógena) con los afectados de Hillsborough. Ayuda poco que en la misma entrevista Lady Benítez (así la llaman en la prensa inglesa) contara que en su primera cita le explicó el 4-4-2 (ahora, con los años, quizás hubiera empezado por el 4-2-3-1).

Te explico el rombo en la primera cita. Y ya en la segunda te achico el espacio. Amar el fútbol es dibujar sistemas con las aceitunas. En realidad, las dos aproximaciones extremas al fútbol son darle toques a una naranja, como hacía Maradona, o pelarla y distribuir sus gajos en 4-4-2, como haría Benítez.

(Después de las WAGS de los jugadores, las Primeras Damas de los entrenadores, ya en la madurez, empiezan a importar en el mundo del fútbol. También se habló de la importancia de Matilde Faria en el adiós de Mou).

Tras ganar a Mourinho en el Liverpool, Benítez tuvo que agachar la cabeza en Chelsea y Milán. En el Madrid tiene la oportunidad de tomarse debida venganza. Su ballena blanca, como tantas veces, como casi siempre, será la Copa de Europa.

La Undécima sería la gran pedorreta incontestable dedicada al portugués. Casi toda la prensa y parte del vestuario le acompañarían el gesto como en un coro de pitos carnavaleros.

A día de hoy, con todo, una cosa está clara: la silueta de Benítez es ancha; la sombra de Mou, alargada.