CRÍTICA DE MÚSICA
Orquesta Sinfónica Conjunta US-CSMMC: jóvenes y muy prometedores
Comienza la temporada para la Orquesta Sinfónica Conjunta US-CSMMC, que se presentaba con el famoso concierto de violín de Mendelsshon, la 'Sinfonía del mar' de Turina/Castillo y la 'Sinfonía nº 1 en un movimiento' op. 9 de Barber. Cada una nos aportó algo.
CARLOS TARÍN
Sevilla
TEMPORADA 2025-26
«Mirar el mar infinito»
- Programa: Obras de Mendelssohn, Turina/Castillo y Barber.
- Intérpretes: Nelly Romero (violín). Orquesta Sinfónica Conjunta US-CSMMC.
- Dirección: Juan García Rodríguez.
- Lugar: ETSI (Escuela Técnica Superior de Ingeniería).
- Fecha: 28/11/2025.
Cada vez se hace más imprescindible la presencia de orquestas o formaciones menores para que nuestros jóvenes pisen con firmeza el camino hacia la profesionalización, que en su caso cuenta con el posible reto que supone para algunos/muchos el miedo escénico. O, ... por otro lado, están aquellos que les atrae el interés del público por el trabajo que hacen y la valoración 'in situ' de ese esfuerzo.
En este caso, todavía resulta más encomiable al contar con una joven violinista que vino a dejarse la piel al asumir un concierto icónico del repertorio, una obra de extraordinaria belleza, lucidez del planteamiento (cada situación nos va llevando a otra de manera casi sin darnos cuenta) y su imposible virtuosismo. Nelly Romero es una joven de Dos Hermanas que aprovechó cuanto decimos al ofrecernos el 'Concierto para violín y orquesta' en Mi menor op. 64, porque no sólo cumplía sobradamente con los espinosos requerimientos técnicos, sino que despachó el aspecto expresivo de forma más que notable.
Y es que tiene las cosas muy claras: si tiene que contagiarnos del ardor y deleite del famoso tema inicial del 'Allegro', su violín se impondrá sin dificultad por encima de la orquesta. Si, por el contrario, predomina la intensidad del sentimiento, como el lirismo que impregna el 'Andante', y le obliga a bajar la dinámica -aunque ello signifique perder protagonismo-, no lo dudará y se fundirá con sus compañeros. Incluso si el cuerpo le pide tirarse por una pendiente cuesta abajo, sabrá como salir sin un solo rasguño: nos referimos a la velocidad suicida con la que abordó el 'Allegro molto vivace' que, es verdad que lo pide el matiz de 'tempo', pero no es una velocidad habitual; y sin embargo dio todas las notas en su sitio, le sonaron todos los sobreagudos y armónicos -por endemoniados que resultasen-, aunque supusiera que algunos violines llegara un momento en que se vieron perdidos. A veces los músicos piensan en 'acompañamiento' y se relajan: no siempre es así, como pudieron comprobar algunos chavales. Personalmente, nos parece que no es el tiempo que mejor le viene a ese 'Allegro', porque termina resultando lo que fue al final: una demostración de virtuosismo. Y aún más, nos ofreció una propina a una velocidad también extrema, por el mismo motivo. Pero la música no es una carrera a ver quién corre más, aunque es verdad que incluso tal desenfreno no le robó una musicalidad innata.
Por otro lado, tenemos la certeza de que una orquestación deManuel Castillo y la semana pasada el 'Concierto para piano y orquesta nº 1' no es casualidad. La pianista Aurora Gil ha tocado ese concierto dirigido por Juan García Rodríguez; y ahora este, una seman después, nos trae la 'Sinfonía del mar' de Turina orquestada por Castillo, después de no se sabe cuántos años hace que no se toca ni una nota del maestro sevillano.
Así que ya por eso, enhorabuena. Y es que Castillo tuvo admiración siempre por su pausano sevillano: «Para la familia Turina con mi agradecimiento y la alegría de haber contribuido al conocimiento de la música de un sevillano genial. Madrid, 18 de marzo, 1982», reza en la partitura original de Castillo. El caso es que Turina en 1945 solo completó los dos primeros movimientos de la sinfonía para piano, así que Castillo decidió orquestar la partitura por el primer centenario del nacimiento de Turina, estrenándose en el Teatro Real de Madrid.
«De cualquier manera, se trata de pentagramas últimos de Turina, de importancia y belleza nada desdeñables, que Manuel Castillo, el tantas veces laureado compositor sevillano, ha orquestado con supremo acierto. Su trabajo, como todos los de este género, obligaba irremisiblemente a orquestas «a la manera de...». El acierto de Castillo ha sido que tal imperativo no se advierta gracias a la asunción del pensamiento y el estilo turiniano. Todo fluye con naturalidad en una solución perfectamente válida, cuya mayor o menor adivinación de lo que el autor habría resuelto pertenece al mundo del espiritismo. (Enrique Franco. El País). El que fuera crítico musical y especialista en Falla, dedicaba estas hermosas y analíticas palabras a Turina y Castillo.
«La sinfonía del mar es una obra incompleta, como una sinfonía inacabada de nuestros días. Como en el caso de la popularísima de Franz Schubert queda limitado su curso a dos tiempos. Hemos de agradecer a ese buen músico sevillano y gran compositor que es Castillo, de una parte, que no haya caído en la tentación de añadir un movimiento más: de otra, que, en su trabajo cuidadoso buscase buen número de afinidades con las que podría juntarse »constantes» de la producción turiniana» (Antonio Fernández-Cid. ABC Madrid). El artículo es más largo, pero sólo queremos dejar constancia de la importancia que los dos autores sevillanos consiguieron en Madrid de dos de sus principales críticos. Y nos permitimos estos dos interesantísimos comentarios para destacar el trabajo sobre la obra de Castillo hecho por Pedro J. Sánchez Gómez, el primero titulado «Manuel Castillo. Su obra en la prensa escrita. 1949-1998«, así como un segundo tomo titulado «Manuel Castillo. La necesidad vital de la Música». Nos habla de su obra a través de su vida.
Indudablemente, Turina como compositor y Castillo como orquestador, además de un mismo origen, compartieron también haber estudiado en París, así que no es de extrañar que la obra lleve el sabor a mar de Debussy. García Rodríguez tiene maneras de director, no hay más que verlo moverse en el podio; y para los alumnos tiene el plus de la claridad, ya que está acostumbrado al repertorio contemporáneo, donde la medida matemática es uno de los factores más importantes. Pero nos dio la impresión de que donde más habían trabajado es, como es natural, en la obra final, que además puede tener mayor afinidad con sus oídos jóvenes. Seguramente con esta orquesta entregada, como lo hizo con Barber ('Sinfonía nº 1' en un movimiento op. 9) o con una formación profesional, nos ofrecería realmente un mar a veces embravecido, a veces en calma y, con toda probabilidad, sanluqueño antes que del canal de la Mancha (¿con un zortzico que apuntaba al Cantábrico?) y con la espuma marina perfumando los compases sevillanos.
Y como decimos, hubo entrega total en Barber, con una cuerda compacta, cálida, evocadora, aunque también inquietante, retorcida o muy contrastante. No son profesionales, la mayoría está estudiando y tienen que compatibilizar estos conciertos con sus estudios de conservatorio o de universidad. Y a pesar del esfuerzo consiguieron que cualquiera de las tres obras nos aportara nuevas y esperanzadoras lecturas para la música sevillana.
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