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Un periodista de raza

Luis Mariñas
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La muerte de Luis Mariñas nos ha desarbolado. Fuimos un grupo que ingresamos en la Escuela Oficial de Periodismo en el verano de 1968, recién pasado el Mayo francés. En aquel grupo estábamos gentes tan dispares como Miguel Angel Flores, Imanol Uribe, Miguel Angel Pérez Marqués, los hermanos Del Corral, la veterana Emma Barzini -hija del maestro de periodistas italiano Luigi Barzini-, Fernando Jáuregui, Charo Mostaza, José Luis Vicente Mosquete, Julio González, Elisa Valero, Gil de Muro, Joaquín Prieto, Soledad Gallego-Díaz... Tantos. Muchos han ido cayendo en el camino, tempraneramente: Pilar Trenas, Ismael Fuente Lafuente, Moncho del Corral, Pancho Szigristz. No podía imaginar que a ese huerto de cruces iba a agregarse el nombre de Luis Mariñas, a quien siempre recordaré como en aquel octubre de primero de carrera.

Era inteligente, amable, con un humor gallego cuajado de ironía finísima y, a tan temprana edad, se cuidaba la voz siguiendo la escuela de su padre, el inolvidable Enrique Mariñas y de su hermano, muerto en accidente de tráfico cuando iba por la Casa de Campo hacia su trabajo en Prado del Rey. Luis era extraordinariamente guapo y las chicas del curso andaban todas locas por él. Además, en aquellos sesenta, los muchachos vestíamos iguales, casi uniformados con nuestras camisas y corbatas. Y en el curso llamaban la atención los cuidados atuendos de Jáuregui, Moncho del Corral y Luisito Mariñas. Hizo honor al apellido y fue toda su vida un magnífico profesional. Daba gusto oírle decir los telediarios, dirigir las tertulias. Su voz serena, grave, otorgaba a las noticias una credibilidad extraordinaria. De vez en cuando —convocados por Juanjo Fernández— nos reuniamos en almuerzos interminables. Allí estaba Luis contándonos su vida, sus viajes, sus proyectos. Ocultaba con sutileza sus soledades y amarguras. El Periodismo español ha perdido a un profesional de cuerpo entero. Sus amigos a un hombre cabal que siempre supo estar en su sitio.