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«La tele incluye acción y sexo porque subestima al público»

Uno de cada tres daneses vivió acongojado la investigación que realiza el personaje de la protagonista de «The Killing», Sofie Gråbøl. El éxito se extendió por Europa y EE.UU. grabó una adaptación

«La tele incluye acción y sexo porque subestima al público»
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Dos millones de espectadores vieron «Forbrydelsen» en Dinamarca, un país que no llega a los seis millones de habitantes. En el Reino Unido fue un éxito insólito traducida como «The Killing», pese a los subtítulos y a su ritmo «antiamericano». Pronto llegaron los premios y el remake estadounidense, que ahora emiten La Sexta y Fox Crime. AXN estrenará el original el próximo día 25. Para celebrarlo, el canal se trajo a Madrid a su protagonista, idolatrada en su país, que no tiene ni agente.

Unos minutos con Sophie Gråbøl son la mejor publicidad para la serie. Encantadora y parlanchina, al contrario que su personaje, la actriz explica que «el miedo a aburrir» es el principal enemigo de la televisión. «En el cine tienes que hacerlo muy mal para que se marchen. En la tele es tan fácil que se incluyen acción y sexo porque se subestima al espectador».

«The Killing», que ha sido comparada con «Twin Peaks» y «The Wire», narra la larga investigación del brutal asesinato de una joven, con corrupción política y policial de por medio, con lo que sigue la senda de escritores como Larsson, Mankell y Lapidus. La idealización de las sociedades nórdicas corre peligro: «Las dos visiones son reales. Quizá debido al clima, a que estamos en la oscuridad durante mucho tiempo, conocemos tan bien el drama y tenemos a Stringberg y a Bergman, que hablan de la oscuridad del alma. Pero también tenemos pensamientos muy ligeros y tranquilos. Tenemos las dos caras».

Dicen que los éxitos no se improvisan, pero Gråbøl parece contradecir el axioma cuando explica el trabajo del guionista: «Debo decir que es muy singular. Escribe mientras nosotros rodamos. Cuando hacemos el primer episodio, él está escribiendo el segundo. Es una manera muy valiente de trabajar, porque tiene que cumplir». Eso significa además que los actores no saben nunca lo que va a pasar. Están casi tan a oscuras como el público. Y a veces se rebelan, como cuando la protagonista se negó a que la trama incluyera una relación amorosa con el personaje del político: «Me entregaron un guión y vi que lo llevaban hacia una historia de amor y que había escenas en las que esbozábamos una relación. En una de nuestras reuniones tuvimos un debate bastante animado porque yo estaba en desacuerdo. Me parecía que empequeñecería a mi personaje. Discutimos mucho. Me alegro de haberme opuesto».

¿Influye de algún modo la versión americana? ¿Qué siente al verla? «No, tengo un sentido muy fuerte de nuestro proyecto y de mi personaje. Creo que por eso no me siento amenazada. No he visto un capítulo entero, solo trocitos. Yo hago mucho teatro en Copenhague y sé que antes de mí cientos de actrices han hecho de Lady Macbeth, pero mi tarea siempre será que apropiármela, interpretar mi propia versión. Con el personaje de Sarah Lund ocurre lo mismo».