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REAL COMO LA VIDA MISMA

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Más allá de la verosimilitud histórica (y lo de «Cógelo, Sofi, nos casamos, ¿no?», es cierto), «Sofía» mantiene un estándar de calidad tan, digamos, «Ramón y Cajal» que llega a aburrir. Es verdad que entre el correctísimo ni fu ni fa de la miniserie de Antena 3 y el despiporre de «Felipe y Letizia» hay un término alto que no solemos ver en televisión (en la nuestra) sino en el cine. En el extranjero. Ahí están «La Reina» o «El discurso del Rey». Aun así, «Sofía» es una producción que está muy bien documentada. Otra cosa es que como artefacto dramático tenga la suficiente pegada. ¿Dónde está la emoción? ¿Dónde la tensión? Es otra vez el atractivo de mirar por la cerradura de los palacios. Eso sí, actores hay. Se agradece que se haya recuperado a Charo Soriano, que hace una muy regia Victoria Eugenia. O que se haya pensado en Emma Suárez para la reina Federica (aunque la peluca cante un pelín en la reunión de Lausana). Y los jóvenes cumplen muy dignamente su papel. ¿Pero Yon González como Constantino? En cualquier caso, todos sin ánimo de imitar. Salvo Puigcorbé, su propio padre en esta precuela de «Felipe y Letizia» y el único que fuerza la actuación. Sólo una duda, ¿en qué idioma habla el servicio de Corfú con Don Juan?