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Corriendo asustados para Azerbayán, gana en Eurovisión


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Viva Francia y los doce puntos (cardinales) de mi España. Que vivan los doce juntos, que podría cantar Manolo Escobar. Como a los amigos que son tuertos los miro por el ojo bueno, no pienso decir nada del pelo sucio de Amoury Vasili, ni de su épica canción a lo Bocelli, ni de que se parece a Mark Paul Gosselaar, el de «Salvados por la campana». Salvados por los vecinos, que Portugal también nos echó la manita para no acabar en el fondo. Por lo demás, un sindiós. Al pobre Íñigo le ha tocado el año de las votaciones al tuntún. «¿Pero qué les ha dado hoy a todos por Azerbayán?», se preguntaba. Los ganadores Ell & Nikki, nombres azerbayanos de pareja prefabricada, fueron con «Running scared», de un compositor sueco, los últimos en presentarse a Eurovisión tras una selección complicada. Una balada resultona que sonaba mejor en estudio. Lástima, con lo grande que era la canción italiana (segunda). Y encima sacaron a la Carrá en la gran rentrée para los votos.

El escenario es grande (un campo de fútbol reconvertido), la cita es grande, la escenografía es grande (y una para cada uno), los fans son grandes, José María Íñigo es… el presentador. Un amor, todo le parecía bien. Pero ya que los comentarios del magno acontecimiento anual se suelen encomendar a glorias de TVE en contrato de obra, que algún año le toque a Beatriz Pécker. Nos lo deben. El Festival de Eurovisión es una excursión a algo diferente, aunque todos los años nos parezca lo mismo, aunque Lena haya repetido (precioso lo de esas chicas de mono plateado entre «Metropolis» y coreografía de Busby Berkeley). Es un sarao distinto. ¿Dónde vamos a ver al sueco (tercero) encerrándose como Houdini y luego rompiendo el cristal? Pues en cualquier teatro español. A Raphael, que participó dos veces a Eurovisión, lo he visto yo en el escenario romper un espejo con una silla.

Demasiado blanco todo. Metafóricamente y de verdad. Blancos la lituana Evelina y sus acompañantes. Blancos los de Azerbayán. Era un poco «Always» de Spielberg. Pero es que los acompañantes de nuestra Lucía también iban de blanco. La actuación de España con los Sonny Crockett bailando y las palmeras de fondo era Corrupción en Miami con gaita. Enorme la chica con semejante copla, pero ya sabía que iba al matadero (al 23 con 50 puntos). Viendo a las serbias, lo mismo podríamos haber mandado nosotros a la Julieta Serrano de «Mujeres al borde de un ataque de nervios». De todas maneras, un festival donde la canción del yogur griego llega tan alto tiene un gusto dudoso. Un festival donde los hombres van más escotados que las mujeres resulta rarito (y qué cantidad de actuaciones «todotíos»). Salvo por el canalillo de la lituana Evelina, las demás eran de lo más modosito. Ni la espectacular Maja (Eslovenia) con sus botas, guantes y vestido metálico enseñaba chicha. Para eso estaba el danés (por detrás) y los británicos (por delante). Por no hablar de la mucha laca de los irlandeses y el danés con sus pelos parados.

En fin, en momentos como este, me alegro de no ser eurofan. A Azerbayán iba a ir Rita.