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EL SEXTO LIMBO

Lejos de reducir su intensidad, el esperpento mundialista de La Sexta sigue incorporando elementos cada vez más retorcidos. El último, el fichaje del Koala para que interprete la banda sonora del

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Lejos de reducir su intensidad, el esperpento mundialista de La Sexta sigue incorporando elementos cada vez más retorcidos. El último, el fichaje del Koala para que interprete la banda sonora del camelo de la temporada -«Opá, vamo´ a por el Mundiá, aquí en La Sexta, toíto el Mundiá»- sólo puede entenderse con un master en humor inteligente expedido por la academia Globomedia.

Desde que Emilio Aragón y Florentino Fernández inauguraron «El show de La Sexta», cuyo programa fundacional fue el anuncio de la adquisición de los derechos del Mundial de Alemania, la señal emitida por la nueva cadena -exógena, desde radio, prensa y marquesinas- no ha pasado de ser una campaña de captación de abonados previa a la fantasmagórica cobertura y retransmisión del torneo de la FIFA. Desde una serie de cuñas radiofónicas, un antenista iba animando al público a llamarlo para sintonizar la nueva cadena, hasta que el hombre, en el último episodio de esta grotesca superproducción, advertía que no iba a dar abasto. Cambio de planes. Del antenista al Koala: gato blanco, gato negro, lo importante es que se suba al tejado y dé con la tecla.

La Sexta, que ayer abrió su oferta mundialista con la repetición del resumen del campeonato de 1962, suele programar una media de seis horas diarias de fútbol vintage y sucedáneos. Con una cuota de pantalla inferior al 1 por ciento y a menos de tres semanas para el partido inaugural de Alemania 2006, la emisora se ha dedicado en los últimos meses a tocarle las antenas al público sin otro reclamo que un Mundial que tiene los días contados. El esfuerzo merecía la pena: no es lo mismo sintonizar La Sexta como una cadena más y colocarla junto a las emisoras de toda la vida que hacerlo a través de un cacharro de TDT, que despliega en la pantalla un abanico de canales de doble velocidad, buenos y malos, entre los que La Sexta, con una oferta infame, tenía todas las de perder y de perderse. Del limbo al cielo. Ahora o nunca.

PARRILLADA MIXTA

JESÚS LILLO