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Salvados Papa Francisco: «Europa se ha ensimismado, y así no hay futuro»

El Papa Francisco habló durante más de una hora con Jordi Évole sobre inmigración, pobreza, abusos sexuales y el papel de la mujer en la Iglesia

LA SEXTA
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Este domingo se emitió en La Sexta una de las entregas más esperadas de «Salvados», el programa que conduce Jordi Évole. Después de años de gestiones con el equipo de comunicación del Vaticano, el espacio de Mediaset consiguió entrevistar a un invitado muy especial: el Papa Francisco.

Al arrancar «Salvados» vimos unas imágenes de uno de los primeros discursos del Pontífice, en el que el argentino explicaba los motivos por los que había optado por llamarse Francisco: «Por Francisco de Asís, de la paz y la pobreza...¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre!». Tras unos planos de la plaza de San Pedro acompañados por música sacra, aparecieron en pantalla el Papa Francisco y Jordi Évole, sentados frente a frente en una mesa sencilla.

«Es muy difícil para mí hacerle esta entrevista», empezó confesando el periodista, «porque mi madre es muy seguidora suya y tengo miedo de hacerlo mal y que se enfade. Y ya sabe usted que a las madres no se les puede enfadar». «Yo rezo por tu madre», le tranquilizó el Santo Padre, «y que no se enfade». Para entrar harina Évole contó que la entrevista estaba siendo grabada el viernes 22 de marzo a las 15:30, «una hora que pilla mal». «Yo ya he comido», contestó el Papa riendo. «¿Y dónde cómo usted?, ¿con quién?, ¿de qué hablan?». «Como con todos porque me gusta estar con gente», dijo el argentino, «y hablamos de todo: de fútbol, a veces de política...».

«¿Y duerme usted bien?», se interesó el periodista. «Como un tronco, que decimos en Argentina. Es una gracia. Me acuesto a las 10 y a las 4 me levanto, duermo esas seis horas y una siesta de media hora o cuarenta minutos por la tarde». Évole dio por conocidas las costumbres fisiológicas del Santo Padre y pasó a otro asunto: «¿Alguna vez le ha ocurrido que se levanta aquí y se pregunta "qué hace un cura como yo en un sitio como este"?».

«No acabo de acostumbrarme», reconoció el argentino, «pero está bien, no hay que acostumbrarse a un trabajo porque pierdes la capacidad de innovar». «¿Y qué hace para desconectar?», se interesó Évole. «Escucho música clásica y leo. No tengo redes sociales ni móvil. Me regalaron uno una vez, pero al cabo de un mes lo devolví», contó el Papa. Sobre el efecto de las redes sociales, Bergoglio dijo que «son una bendición, pero pueden ser una fuente de alienación y crear confusión. Son un avance, pero al usarlas se corre el riesgo de creer que ya estamos comunicados, cuando solo estamos conectados. La conexión es mecánica, y hay que ir un paso más allá hacia la comunicación, que es intercambio».

El primer tema que abordaron seriamente fue el de los refugiados, un asunto que preocupa mucho al Papa. «No entiendo esas muertes», dijo el Pontífice en tono grave, «me causan mucho dolor. No entiendo la insensibilidad ni la injusticia». Sobre la acogida de los migrantes en Europa explicó que «hay que tratar bien al migrante, tener el corazón abierto para recibir al necesitado. Ese es el primer paso, recibir, y los siguientes son acompañar, promover e integrar».

También se lamentó el Pontífice por la actitud indiferente de los europeos hacia este drama: «La madre Europa se volvió abuela, envejeció. El problema de Europa es que olvidó que sus hijos se fueron a América. Además no crece, estamos en un invierno demográfico. Europa se ha ensimismado: ni tiene hijos ni recibe inmigrantes. Así no hay futuro».

Aprovechando la coyuntura Évole le preguntó a Bergoglio por la ONG Open Arms, cuyo barco ha sido inmovilizado por el gobierno español. «Es una injusticia muy grande», respondió el Pontífice, «¿para qué se hace eso?, ¿para que se ahoguen?». También sacó el entrevistador a colación la propuesta de Trump de construir un muro para frenar la ola migratorio. El Papa contestó haciendo uso de su sabiduría: «Si levantas un muro terminas siendo prisionero del muro que tú mismo construiste. Con un muro defiendes tu autonomía, sí, pero te quedas más solo que un hongo. La alternativa son los puentes».

Abundando en el tema de la inmigración, Évole le mostró una cuchilla como las que están colocadas en la valla de Ceuta y Melilla. «Pienso en que fuera mi hermano o mi madre el inmigrante. Tanta inconsciencia...pero nos parece natural, nos hemos acostumbrado. Esto demuestra hasta donde puede descender la humanidad de una persona». Buscándole las cosquillas, el entrevistador le preguntó si consideraba que el sistema capitalista era responsable de la pobreza.

«En general sí», reconoció el argentino, «hay pocos ricos con mucha plata y muchos pobres con poca plata. Pero es cosa del capitalismo salvaje, una economía social de mercado puede funcionar. Yo no soy anticapitalista porque hay un capitalismo sano. Yo creo en la doctrina social de la Iglesia». «¿Y no le incomoda hablar de pobreza desde aquí, desde el Vaticano?», preguntó Évole. «No», zanjó el Papa con simpatía, «yo vivo en un museo y eso es lo más aburrido que existe».

Salió luego el tema de Venezuela el Papa se lamentó porque su mediación hubiese fracasado. Évole quiso que diese su opinión sobre Maduro, pero el Pontífice no se mojó y alegó que apenas había hablado con él una hora. Sobre la venta de armas de España a Arabia Saudí, Bergoglio aseguró que le «da pena» pero puntualizó que no es el único gobierno. «No tienen derecho a hablar de la paz. ¿Están fomentando la guerra en otro país y después quieren la paz en el propio? La teoría del bumerán. La vida se las cobra, por uno u otro camino. Si vos armas la guerra allá, la vas a tener en tu casa, quieras o no quieras», añade.

Évole se lanzó acto seguido para preguntarle sobre la exhumación de Franco y el Pontífice fue tajante en su respuesta: «No tengo opinión, no me meto». «¿Tenemos todavía víctimas de la Guerra Civil sepultadas en cunetas. ¿Qué le parece que haya gente en mi país que se oponga a localizar y enterrar esas víctimas desaparecidas?», le preguntó. El Pontífice se remitió al caso de Argentina con 30.000 desaparecidos, para contestar que una «sociedad no puede sonreír al futuro teniendo sus muertos escondidos». «Los muertos son para ser enterrados, son para ser individualizados en los cementerios, pero no para ser escondidos», recalcó.

Abusos sexuales

La conversación se produjo antes de conocer que el Pontífice había dictado una norma que obliga a todo su personal a denunciar casos de abusos a menores bajo pena de multa o cárcel. En todo caso, preguntado por si recomendaría a las víctimas que acudiesen a la policía, el Papa respondió con rotundidad que «por supuesto» y asegura que esta es la conclusión que salió de la cumbre sobre los abusos.

Francisco aseguró comprender a las víctimas insatisfechas con este encuentro y recalcó que las cosas concretas de la cumbre fueron «iniciar procesos». «Y eso lleva su tiempo. De todas maneras, comprendo la gente que haya quedado insatisfecha, porque cuando hay un dolor de por medio, vos tenéis que callar, rezar, llorar, acompañar, y punto. Pero iniciar procesos es la manera para que sea irreversible la cura», ha señalado.

A propósito del papel de la mujer en la Iglesia, el Papa reconoció que escucharla y darle funciones no basta y admite que lo que no se ha logrado todavía es «caer en la cuenta que la figura de la mujer va más allá de la funcionalidad». «La Iglesia no puede ser Iglesia sin la mujer, porque la Iglesia es mujer, es femenina. Es La Iglesia, no El Iglesia. Una dimensión que no tenga feminidad en la Iglesia hace que la Iglesia no sea Iglesia», apunta.

El Papa habló también sobre otro tema polémico como es el aborto al ser preguntado por si entendería que una víctima de trata embarazada tras una violación quisiera abortar. «Yo la entendería a ella en su desesperación, pero también sé que no es lícito eliminar una vida humana para resolver un problema. '¿Es lícito eliminar una vida humana para resolver un problema? ¿Es lícito alquilar a alguien para que la elimine?'».

Para concluir la entrevista Évole le hizo una pregunta distendida, «aunque no quisiera caer en la frivolidad. Usted que conoce a ambos, ¿podría decir que Messi es Dios?». Bergoglio rió ante la ocurrencia y contestó con sorna: «Es un sacrilegio decir que sea así, pero yo lo digo».