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De Ramón «el Vanidoso» al Ogro de las Drogas: los personajes más estrambóticos de «Callejeros»

En sus ocho temporadas, el desaparecido espacio de Cuatro lanzó a la fama a varias personalidades de lo más excéntricas

Ramón «el Vanidoso», la chica «de la mancha en el pelo» y el Ogro de las Drogas, en «Callejeros»
Ramón «el Vanidoso», la chica «de la mancha en el pelo» y el Ogro de las Drogas, en «Callejeros» - CUATRO
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En noviembre de 2005, Cuatro estrenaba un programa que pronto pasó a ser una de las grandes señas de identidad del canal.«Callejeros», aquel espacio «de calle» en el que sus reporteros se dedicaban a buscar y entrevistar a personalidades de lo más excéntricas a lo largo y ancho de la geografía española, no tardó en convertirse en una auténtica celebridad en televisión... por razones obvias.

En las 342 emisiones que tuvo en sus nueve años y ocho temporadas en antena, «Callejeros» transitó por un sinfín de locales de ocio, aunque también por muchos controles policiales. Las drogas (de todo tipo), el alcohol y situaciones de lo más disparatadas se mezclaban así sin ningún tipo de censura en un programa que descubrió a varios personajes que, con el «boom» de las redes sociales, se transformaron en «virales» y en carne de «meme». Uno de los más célebres (si no el más) fue, sin duda, Ramón «el Vanidoso», también conocido como Ramón «de Pitis» y que protagonizó una de las entrevistas más surrealistas en la historia del espacio.

Su anécdota mientras trataba de escapar de aquel Banesto que acababa de robar para vestirse de Emidio Tucci pasó a la historia. Aunque Ramón quería el dinero para más cosas. «La droga está conceptuada socialmente muy mal, pero es la auténtica salud. ¡Qué te voy a decir yo!». En su éxtasis, Ramón trató de recordar aquellos «cinco derechos universales innegables a la raza humana» de los que no terminaba de acordarse. «Uno es la vivienda, otro la ropa, la dignidad... y los otros dos se me han olvidado», decía mientras se drogaba y divagaba ante las cámaras de Cuatro. «El Museo de Cera de Madrid me ofreció 220.000 euros por poner mi figura durante tres años, pero desestimé la oferta porque no me gustaba el boceto. Soy un vanidoso y conociéndome, ya sabía en qué me iba a gastar ese dinero». Hace apenas unas semanas, Ramón se reencontró con Alejandra Andrade, la reportera que le había descubierto hacía once años.

Casi igual de recordado que Ramón «el Vanidoso» lo es el joven Ares. Su nombre quizá no les diga demasiado, pero seguro que sí que lo hace la frase «Pim, pam, toma lacasitos». Aquel chaval que, interceptado en un control de alcohol y drogas de la Guardia Civil, no acertaba a soplar en el alcoholímetro. «¡Viva España, viva el Rey, viva el orden y la ley... y mi puta madre que me está viendo!», espetaba ante las cámaras, incapaz de completar la prueba a consecuencia de la presencia de sustancias de todo tipo en su organismo. «Cuando vas de tripis, chaval, te bailan los dedos».

En un control policial también saltó a la fama la joven de «la mancha en el pelo». Aquella muchacha que, con los ojos fuera de sus órbitas, duplicó la tasa de alcohol permitida por la ley. La mujer, que decía ser estudiante de cuarto de Medicina, se defendía. «Debería ser diferente (la tasa de alcoholemia) para chicos y para chicas, porque las mujeres tenemos una hormona que está en menor cantidad y es la que metaboliza el alcohol», afirmaba, antes de que el reportero de «Callejeros» reparase en algo que, hasta entonces, había pasado desapercibido. «Una cosa, tienes una mancha ahí en el pelo». «Sí, ya lo sé», reconocía la joven, entre risas. «¿Es pasta de dientes? ¿Nata?», preguntaba el periodista. «No, es otra cosa. Pero no me acuerdo», contestaba la muchacha.

A la altura de todos ellos se encuentra «el Ogro de las Drogas», aquel poligonero que reconocía su adicción a los estupefacientes sin ningún reparo. «Yo no consumo nada, ¿sabes?... ¡¡Yo me meto toda!!», gritaba desatado a las cámaras del programa. O el «hombre embarazado», aquel señor que, después de ser detenido por la Policía en Alicante, cambió un sinfín de veces de profesión... y de condición sexual. «¡Estoy embarazado! ¡Soy mujer, soy transexual, soy travesti y no acepta mi transexualidad!», gritaba fuera de sí.

No quedan atrás otros muchos personajes que no pasaron desapercibidos en «Callejeros». El «Maki de Ibiza» (historia televisiva su «¡Nunca me quitarán el placer de clavarme una aguja!»); los «tíos del Eclipse»; el hombre de las «dos escopetas»... y aquel «panadero» de Gran Canaria, de fiesta incontrolada pese a asegurar que «a las siete» tenía que «estar en pie». «Mamá, yo sé que tú no ves la Cuatro. Pero si ves las noticias y me ves aquí haciéndome el porro, no es nada “insuble”. El hachís viene de la marihuana y la marihuana viene de la tierra. Es como comerte un tomate, hermano».