Es Noticia
Pesadilla en la cocina

El último reto imposible de Chicote en «Pesadilla en la cocina»

El veterano cocinero despidió temporada en La Sexta con la visita a un restaurante de Elche que es de los «peores» que han pasado por el programa

Alberto Chicote, en el programa de esta noche de «Pesadilla en la cocina»
Alberto Chicote, en el programa de esta noche de «Pesadilla en la cocina»
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

La Sexta estrenó este miércoles en prime time la última entrega de la temporada de «Pesadilla en la cocina». A falta de este episodio, el programa capitaneado por Alberto Chicote despide una gran temporada con una media del 10% de cuota y más de 1.734.000 espectadores, como tercera opción de la noche.

En el programa de hoy, el dueño cuya intención era abrir un restaurante refinado, pero ha degenerado y ahora sólo ofrece bocadillos de mala calidad, sándwiches resecos y una comida de espanto. Así se resume la historia de Cristian, el propietario del restaurante «Phoenix», en Elche, un peculiar italiano con grandes sueños que no llegan a cumplirse. Cristian, al margen de ser un desastre y no saber organizarse, había estudiado electrónica y jamás se había formado para ser cocinado: «Yo no soy un puto cocinero de mierda», le reconoció a Chicote.

De montar una marisquería de nombre poco apropiado, pasó a darle un giro al negocio y convertirlo en una hamburguesería, bocatería y tapería que, a juicio de Chicote tiene una de las cocinas de peor calidad que han pasado por «Pesadilla en la cocina». Hamburguesas de finísima carne, complementos quemados y sin un atisbo de jugosidad. Sándwiches resecos peores que los de una merienda casera. Y unas raciones de comida congelada, aderezada con un kétchup y una mostaza de aterrador aspecto. «Estos calamares son la cosa más triste que he visto en mi vida», le reprochó el chef.

A la ínfima calidad gastronómica de la oferta del «Phoenix» se le suma una pareja de empleados jóvenes y algo deslenguados, que sufren y participan de los gritos constantes que entran y salen de la cocina y del exasperante carácter de un Cristian que golpea el mobiliario cuando se siente presionado. Tampoco su atuendo profesional ayuda a darle una buena imagen al local: el italiano se pasea entre el comedor y la cocina en pantalón corto y chanclas. «No he visto un cocinero así en mi vida», le avisó Chicote.

Este es el ambiente en el que comen los pocos clientes que quedan, ya que la mayor parte no entra o no regresa debido a la mala calidad de la comida, a la desorganización, a los gritos y a los enormes tiempos de espera para el tipo de comida que se ofrece. Durante uno de los servicios en los que Chicote estuvo presente, más de tres mesas se marcharon tras haber pedido porque llevaban más de una hora esperando por su comida.

Cristian es un soñador frustrado. Siempre quiso regentar un restaurante refinado y lo intentó en Elche con «El conejo rojo» una marisquería de nombre no muy apropiado que se convirtió en un primer intento fallido. Intentó ajustarse a lo que creía que la gente de la ciudad alicantina buscaba, cambió la oferta y el nombre e inauguró el «Phoenix». Pero con sus sándwiches resecos, sus espantosas hamburguesas, sus perritos calientes de ínfima calidad y sus tapas congeladas, no lo está consiguiendo. Sin embargo, él sigue preguntándose por qué no entran clientes a su local.

El mobiliario del «Phoenix» no acompaña. Según Alberto Chicote una parte parece un disco-pub de pueblo de los años 70 y la otra un restaurante viejo de los años 40. Una combinación imposible a la que se le suma unas mesas desgastadas y muy deslucidas que no invitan al sosiego.

Además, el inexperto equipo, lejos de mejorar la situación consigue descolocar a Cristian, un dueño exasperante, de carácter muy nervioso y que saca de quicio a clientes, empleados y al mismo Alberto Chicote. El chef tuvo un gran reto por delante para conseguir que el «Phoenix» diese un giro radical, que el dueño acepte sus errores, se centre y aprenda a manejar tanto a su negocio como a una plantilla con pocas ganas de aprender y ningún estímulo.

A Chicote le costó Dios y ayuda meter en vereda a Cristian a los suyos. Y es que cuando parecía que ya habían aprendido la lección, volvían a recaer en sus viejos errores, a discutir a gritos delante de los clientes, a olvidarse pedidos...El chef llegó a desesperarse con el «Phoenix» y a poco estuvo de tirar la toalla y abandonarles a su suerte. «Estás más perdido...¡Como no te des prisa con esos fingers te voy a cortar los dedos!», llegó a gritarle el maestro. Chicote se armó de paciencia y, con mucha pedagogía, logró enderezar un negocio que estaba condenado a hundirse y con el que terminó la temporada de «Pesadilla en la cocina».

Tras el último episodio, emplazamos a nuestros lectores a votar sobre la última entrega del programa a través de la cuenta de Twitter de ABC Play Televisión. ¿Y a usted, qué le ha parecido?