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La pérdida de liderazgo de los «Telediarios», una cuestión de sopor

Los informativos de TVE pierden audiencia entre acusaciones de manipulación

Presentación informativos TVE
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Uno de los problemas con TVE es que no la ven ni los que la critican. El escándalo de Junqueras en «Informe semanal» se reducía a lo siguiente: en el contexto de un reportaje, «Las grietas del procés», con intervenciones, entre otros, de Inés Arrimadas y un representante de los Mossos críticos con su dirección, aparecía la transcripción de las palabras de Oriol Junqueras desde la prisión. Tres párrafos en respuesta a un cuestionario. Ni su voz ni su imagen. Duración: 61 segundos. Aunque sirviera a la causa, el interés periodístico existía, pues apoyaba expresamente la bilateralidad frente a cualquier opción unilateral.

El «TD1» informaba ayer de la reunión de Vox en Vistalegre. El sábado abrían el Telediario con la negativa de Sánchez a atender a la prensa e informaban de los gritos a Consuelo Ordóñez en un acto en el País Vasco. ¿Supimos en los Telediarios de la época del PP de lo sufrido por Ortega Lara cuando fue a dar un mitin allí? ¿Nos informaron de VOX o de la concentración en Colón que presidía Abascal?

Sería efectista poder hablar de una televisión soviética o de una manipulación orwelliana, pero aun no es posible. La propaganda no supera la que había y lo constatable es el descenso en la audiencia de sus informativos. También la mañana pierde influencia. Xabier Fortes redobla los «Desayunos», pero solo consigue hacer pensar en Ferreras, del que parece una versión inanimada.

Pareciera que la nueva dirección se ha ocupado primero de desmontar lo específicamente «pepero», y luego de que Casado salga lo justo o confundido con el resto de la oposición. Más allá de eso, los informativos reproducen la agenda política del nuevo consenso gubernamental sin especial empeño, adoptando orgullosamente el tono robótico marca de la casa.

El resultado ahuyenta al espectador de derechas e invita al de izquierdas a irse a otras cadenas. No es aventurado pensar que unos y otros están de acuerdo en aburrirse. TVE dejó la publicidad a las privadas y ahora está completando el proceso –que comenzó el PP– de dejarles la audiencia.

A veces es posible confundir la manipulación con la dejadez. Sus informativos pecaron de tibieza el 1 de octubre. No hubo énfasis para subrayar la gravedad del intento de asalto al Parlament. Lo más criticable fue la sensación de funcionarial normalidad con la que se informó del asunto.

Por su propia naturaleza elusiva, en los Telediarios no se ve mucho a Pedro Sánchez. Con el PP podía haber fácilmente media docena de ministros en un Telediario. Esto es difícil de igualar. En el «TD1» del miércoles vimos a las ministras Batet, Celaá y Valerio, pero un portavoz socialista no glosa cada noticia. Con todo, TVE sigue siendo fiel a su papel de cadena gubernamental, de BOE hablado, y Ana Blanco permanece como garantía de continuidad del Estado.

Esta TVE socialista no llega a los niveles de Calviño o Mª Antonia Iglesias y se refugia en una objetividad profesional que más que renovadora resulta anodina, y en una pluralidad que reproduce en sus tertulias la nueva alianza parlamentaria.

Las tertulias

El análisis de su composición en La1 y 24Horas ofrece la siguiente regularidad: tertulias de cuatro que siempre tienen un representante de un diario de izquierdas, otro de derechas y otro catalán. El «cuarto tertuliano» desnivela la balanza. Suele haber un tertuliano emérito, de izquierda o centro adaptativo. Uno llegó a hablar de Sánchez como «hombre de Estado»

Las tertulias son plurales, pero la derecha está reducida. Raramente es un 50-50 y suele limitarse a un 25%. Esto se refuerza con el síndrome psicológico del tertuliano apocado. En un medio que siente de izquierdas, el de derechas se inhibe, blandea y afecta la sensación de estar en campo ajeno.

Tampoco hacen falta Cintoras. Lo que se entiende en TVE por neutralidad periodística se acerca a una visión del mundo izquierdista y biempensante. La mayoría profesional es progresista y esto se percibe en su tratamiento de la cultura, la ideología de género o la política internacional. El «no sesgo» ya es en sí mismo sesgo, aunque en esto la pública no es muy distinta del resto de medios.

En resumen: TVE no es tanto la televisión de los españoles como de los partidos. Así ha sido y así sigue.