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El triste destino de algunos de los rostros más conocidos de «Gran Hermano»

Pocos participantes han logrado escapar del fantasma del olvido y mantener su nivel adquisitivo

Vídeo: Carlos Navarro «El Yoyas» fue puesto ante el juez por presunta violencia machista el pasado mes de enero
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La televisión, aunque pueda parecer lo contrario, no es siempre sinónimo de éxito. Muchos son los rostros que han recaído en el medio catódico y engrosado sus ingresos gracias a exclusivas y suculentos contratos pero son más aquellos que, tras la fama efímera, no saben recomponer su vida una vez se apagan los focos. Si repasamos el destino de aquellos que pasaron por el que, hasta 2017, fue el reality más longevo de nuestra televisión, «Gran Hermano», nos percataremos de que son pocos quienes han logrado matener su nivel adquisitivo y escapar del fantasma del olvido. Se cuentan, fácilmente, con los dedos de una mano: Kiko Hernández o Nagore Robles, ambos en nómina en Telecinco, son dos de los escasos ejemplos del triunfo después de Guadalix.

Por el programa conducido por Mercedes Milá, Jorge Javier Vázquez e incluso Pepe Navarro (presentó la tercera edición), han pasado más de 200 personas, muchas de ellas ansiosas de fama y dinero fácil. El público estará de acuerdo en que la primera edición del formato Gran Hermano, emitida en el año 2000, fue la única que aglutinó a los concursantes más inocentes y con ganas de vivir la experiencia sin conocer la repercusión mediática que tendría su encierro. Fue la etapa de los pactos en las nominaciones, del «quién me pone la pierna encima para que no levante cabeza» y del «Don't worry, be happy» de Ismael Beiro e Iván Armesto. Aquellos concursantes, de hecho, resonaron en nuestras cabezas durante un tiempo: la ruptura de María José Galera y Jorge Berrocal, por ejemplo, ocupó varias horas de la parrilla y el ganador del concurso, el joven Beiro, pasó varios años recorriendo platós explotando su vena cómica. Sin embargo, poco se sabe ya de los integrantes de aquella mítica edición.

Ismael Beiro recoge su premio tras ganar Gran Hermano 1
Ismael Beiro recoge su premio tras ganar Gran Hermano 1

Sonado fue el paso de Carlos Navarro, «el Yoyas», por Guadalix. Expulsado por mal comportamiento, el deslenguado concursante ha sido detenido en varias ocasiones como autor de un presunto delito de maltrato y amenazas contra su expareja, la también concursante Fayna Bethencourt. El destino también jugó una mala pasada a la polémica pareja de la tercera edición de «Gran Hermano», Raquel Morillas y Noemí Ungría. Las jóvenes, que vivieron uno de los grandes romances del reality hasta aquella fecha, sufrieron un brutal accidente de tráfico que marcó para siempre sus vidas. Raquel Morillas, de hecho, todavía arrastra las secuelas de aquella tragedia en la carretera. Una de las últimas apariciones en televisión de Morillas fue, además, para narrar otra de sus desgracias, la adicción al juego.

Conocida también fue Nuria «Fresita» quien, tras ganar el concurso, probó suerte como presentadora de televisión y fracasó. Su compañera de edición Aída Nízar, continúa presente en el medio aunque sus últimas apariciones no dejan en buen lugar a la exconcursante, que lucha día a día por venderse como una mujer polémica y necesaria en cualquier plató que busque bronca. A veces, incluso, logra su objetivo.

Palizas y ruina

Amor Romeira, una de las concursantes que más ha dado que hablar en la historia del reality, se convirtió hace tiempo en noticia por el apuñalamiento que casi acaba con su vida. Meses después, su agresora apareció muerta en prisión. Algo similar le ocurrió a Nicky, de «Gran Hermano 6», víctima de una paliza en una discoteca de Gijón y tras la que quedó ciego de un ojo debido a los golpes recibidos.

El de Ana Toro es uno de los ejemplos de lo que, en jerga televisiva, denominamos «juguete roto». Rechazada por su familia tras su paso por el programa, Toro tuvo que vivir en un hogar de acogida para sacar adelante a su hija y su situación económica, a tenor de sus últimas apariciones televisivas, era «crítica». La historia se repitió con Jacinto, de «Gran Hermano 3», quien confesó ante Kiko Hernández que «estoy muerto, no tengo dinero ni para dar de comer a mis hijos». El navarro invirtió todos sus ahorros en un bar que le llevó a la ruina.