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Nochevieja en televisión: Del vestido de Pedroche al humor de Cachitos

Los columnistas de ABC desgranan lo que dio de sí la última noche del año en la pequeña pantalla

Cristina Pedroche
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El lugar común. Desde la Nochevieja de 2012 (entrada al 2013), cuando se estrenó, «Cachitos» es lo mejor de la televisión española el último día del año. Ninguna novedad. Lo que es es, diría Rosario Pardo en «Crónicas marcianas» con acento abierto de Jaén. La parte del cabaret, la que tiene presentadora y música

TVE, por Rosa Belmonte

Especial Mota
Especial Mota - TVE

El lugar común. Desde la Nochevieja de 2012 (entrada al 2013), cuando se estrenó, «Cachitos» es lo mejor de la televisión española el último día del año. Ninguna novedad. Lo que es es, diría Rosario Pardo en «Crónicas marcianas» con acento abierto de Jaén. La parte del cabaret, la que tiene presentadora y música en directo, fue más aburrida. Aunque terminar con un José Vélez de hoy (toco madera) cantando «Bailemos un vals» fue alucinógeno. Por la cara. Las campanadas desde Canarias no las dio Roberto Herrera (¿estaba resfriado?). Ni una Nochevieja sin un canario de cara rara.

Antes de que en TVE se hicieran un Mary Poppins (el retorno de) y retrasaran el reloj de la Puerta del Sol para que Pedro Sánchez se tomara las uvas a la hora que quisiera desde la Mareta, Anne Igartiburu recibió a Roberto Leal en su chiringuito de las campanadas. Esmoquin de invierno demasiado apretado para Leal. Y una manga derecha en el «caprile» de Igartiburu donde viviría gente (con eso se hace Pedroche diez vestidos, como las gaditanas tirabuzones). Brazos en jarra, Anne parecía que se iba a arrancar con una jota como Imperio Argentina en «Nobleza baturra». Con su excitación (era Ana Duato en los primeros episodios de «Cuéntame») daba la impresión de que la novata fuera ella. Antes y después, el musical de La 1. Casi prefiero a Moreno y sus teatrillos. Para medio pelo, ninguno.

Le había precedido José Mota con su especial. Qué bueno si durara 40 minutos. Villarejo con la carpeta en la cara es un personaje digno de «Saturday Night Live» («aficionado», le llamó la vieja del visillo). La discusión sobre mospequerros entre Iglesias y Aznar. Los anuncios en el discurso del Rey que parecían parodiar las campanadas de Chicote y Pedroche. El homenaje a los cómicos. Qué va, qué va, qué va, ya no leo a Cospedal. Y esa cosa tan meta-Mota de la ministra Carcedo (Ribera había dicho que el gran plan del Gobierno era «el coche empujao»). Y la sorpresa de Fátima Báñez. Viva La Mancha.

Y volver a «Cachitos», esa patria de la infancia y los programas de variedades en televisión frente a las variedades triunfitas de ahora. ¿Cómo va a competir Kiko Rivera con Manolo Otero? O con ese Bertín cantando «New York, New York» y el rótulo de «La Vox». El autor de los letreros de «Cachitos» es Antonio Vicente. En eso ha ganado. Mota no ha llegado a Abascal.

Las privadas, por Hughes

Al precio de (quizás) un poco de ridículo, algo de cosificación y un ratito de frío,Cristina Pedroche se ha convertido en referencia de la Nochevieja. Si Ramón García aún hace anuncios con la capa, ella convierte en noticia quitársela.

El hecho en sí mismo no tuvo mucho interés. Ni el vestido (o más bien bikini) era original, ni enseñar un muslo puede ya escandalizar, por mucho que ahora un muslo solo sea legítimo en televisión si pertenece a una futbolista federada.

Pero ni siquiera su cuerpo se llevó las miradas, que fueron para Chicote, delgado del mismo modo radical que Kiko Rivera. Chicote estuvo algo ininteligible y pidió moderación con el «trucu trucu», y Pedroche, como si fuera una Femen, completó su acción corporal con una reivindicación. Fue un alegato que empezó en el cambio climático y acabó en el feminismo mediante la transición del bosque: un lugar ecológico donde va a correr la mujer/cenicienta víctima del lobo/heteropatriarcado. Habló «como corredora y como mujer» y no se le puede negar la coherencia: pudiendo ir vestida de uva del Vinalopó su bikini era de «hada del bosque». Aunque la sílfide fue Chicote y la innovación de Lara Álvarez (Mediaset), que presentó en un elegante esmoquin. «El pantalón, ay, el pantalón, ya no es cosa exclusiva del varón», cantaba Conchita Bautista poco después en los «Cachitos» de La 2.

Como las privadas renunciaron otra vez a la Nochevieja, TVE alimentó de música a las dos Españas. Una ve la gala de La 1, la otra ve «Cachitos». La primera es quizás anciana o juvenil y admite dócil lo que hay: Pastora Soler o el reguetón. La otra es irónica. Una está en Nochevieja, la otra hace chistes sobre estar en Nochevieja.

«Cachitos» se ha convertido en un clásico y sus rótulos se refinan a la vez que enseñan un ligero plumero sociopolítico. Hablan para los mismos, una España-Malasaña, para una generación que mira al pasado con dos nostalgias algo diferentes. Más piadosa para los 80 y 90 (autoindulgencia indie y tótem de la Movida) y otra más vitriólica (más distante) para la Transición y el Franquismo. La tele de Franco sirve para hacer la tele de los modernos, que año tras año perfeccionan sus espirales irónicas sobre el mismo archivo. «Cachitos» divierte y va forjando un canon.