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«Nanette»

El monólogo de Netflix que todo hombre blanco heterosexual debería ver (y el resto de mortales)

Hannah Gadsby decide «abandonar la comedia», no sin antes ajustar cuentas con todo el mundo y consigo misma

Hannah Gadsby en «Nanette»
Hannah Gadsby en «Nanette» - NETFLIX
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Carmen de Burgos «Colombine» (1867-1932) alabó en una de sus columnas «el hallazgo que hizo Goya de la mujer en toda su gracia española y castiza». La periodista analizó en dicho texto cómo las mujeres pintadas por Goya cien años antes habían influenciado en las mujeres contemporáneas de Madrid. Ese era el poder de la representación.

La humorista australiana Hannah Gadsby, sin embargo, tiene una opuesta opinión sobre otro de los grandes pintores españoles, Picasso. Durante su monólogo de una hora en Netflix, bajo el anecdótico título de «Nanette», Gadsby no duda en tildar de «misógino» al pintor malagueño, al que reconoce odiar. «¿Es la misoginia una enfermedad mental? Sí. Sobre todo si eres un hombre hetero», suelta delante de un público entregado a la par que «encogido» tras las muy personales confesiones que dosifica entre pulla y pulla.

De hecho, uno de los principales sujetos de mofa por parte de ella es el paradigma de «hombre blanco heterosexual» y el privilegio que continúa teniendo gracias al machismo instaurado en nuestra sociedad. Para añadir más leña al fuego, Gadsby se escuda irónica y constantemente en el humor («¡Son sólo chistes!») para así evidenciar la postura defensiva que han adoptado algunos hombres frente al feminismo (el llamado «#NotAllMen»). «No odio a los hombres (...), pero les tengo miedo», confiesa. Y se entiende el porqué una vez visto el programa. Pero, tranquilidad, ella apuesta por el término medio: «Las mujeres no son mejores».

La también guionista de la serie «Please like me» –graduada en Historia del Arte– reprocha que los artistas varones hayan mostrado durante siglos a las mujeres bajo dos únicos estereotipos: «puta» o «virgen», siempre «desnuda» o «en posiciones muy difíciles». Algo que la propia Carmen de Burgos también reprendió a la literatura de principios del siglo XX: «El arte de ciertos mal llamados novelistas está en desnudar mujeres, porque no saben verles el alma». Una falta de diversidad en la representación que Gadsby aplica a su propia profesión: en el humor apenas hay espacio y reconocimiento para «mujeres enfadadas» (para ellos sí).

Pero Gadsby, en la línea del humor autocrítico de Bill Cosby –su principal referente–, tiene balas para sí misma («No soy muy buena en ser gay»), la comunidad LGTB+ (reprocha que un artista «queer» esté «obligado» a que todas sus obras estén ligadas a su orientación sexual o identidad de género), las infinitas etiquetas de género («Me identifico como cansada»), el propio humor autocrítico para único disfrute del receptor («¿Hay que estar jodido para hacer humor?») o el propio «Movimiento #MeToo», aún todavía focalizado en figuras como Harvey Weinstein, Roman Polanski o Woody Allen. De hecho, la australiana reabre el melón sobre la necesidad de separar la obra de arte –por excelente que sea– del autor, por despreciable que resulte su persona.

En apenas 60 minutos, la protagonista plantea un sinfín de debates a través de chascarrillos y testimonios sobrecogedores. Una de sus preocupaciones es la obligación y responsabilidad que tiene el humor a la hora de abordar temas «sensibles» y perpetuar –o no– la misoginia. En uno de los momentos más lúcidos de «Nanette», ataca que todos los chistes a costa de Monica Lewinsky merecían otra diana: Bill Clinton.

A pesar de la crudeza del programa, su mensaje final es esperanzador: escuchar historias sobre diversidad –ya sea desde el humor o el enfado– es la medicina para aquellas personas que puedan encontrarse en similar situación y se encuentren marginadas. «El odio genera más odio».