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First Dates

Miranda Pacuenca, el estrambótico dragqueen de «First Dates»

Miranda Pacuenca se sentó a cenar con María Edilia y acabaron besándose y prometiéndose una segunda cita

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«First Dates», con Carlos Sobera al frente, sigue empeñándose en su tarea de erradicar la soltería en España. Tarea difícil la suya, pero no es esa razón para claudicar, y menos el día de San Valentín. Por el plató de Cuatro han pasado los personajes más excéntricos que uno pueda imaginarse, y no pocos de ellos se han ido del programa acompañados. Ninguna misión es imposible.

Rompieron el hielo este día tan especial un grupo de chirigoteros cordobeses que decidieron llevar a uno de sus miembros al programa para que encontrase el amor de una vez. «Los cabrones de mis amigos de la chirigota me apuntaron aquí», le contó Andrés a Sobera, «vengo al programa un poco liado». El presentador le propuso un juego: «Te voy a poner un pinganillo para que puedas comunicarte con tus amigos y que te den instrucciones». El andaluz aceptó el juego y se puso un gorro para ocultarse el pinganillo, entonces hizo pasar a su pareja.

Laura es una camarera malagueña de 28 años que se define como una persona «risueña y carismática, pero en el amor he fracasado a un poco porque no he encontrado a una persona con la que estar». Se sentaron a la mesa y la conversación empezó de una forma extraña porque Andrés estaba repitiendo lo que sus amigos le dictaban por el pinganillo. «Estoy ahorrando», dijo él. «¿Para qué?», preguntó Laura extrañada. «Pues para hacer más el amor», contestó Andrés sin poder contenerse la risa. «Lo noto muy raro», reconoció ella en el confesionario. Los primeros minutos de charla fueron erráticos y sin tratar ningún tema en concreto, pues el andaluz no hacía más que repetir lo que le dictaban sus amigos.

«Yo le decía cosas sin sentido y sin ton ni son, pero tampoco podía decirle lo del pinganillo», se lamentó él- No obstante, poco después se acercó a la mesa Carlos Sobera y desveló su secreto. A partir de ese momento pudo desprenderse del pinganillo y la conversaicón empezó a ser más o menos normal. Al final, pese a que apenas tuvieron tiempo para conocerse, decidieron darse una oportunidad y tener una segunda cita.

La segunda pareja de la noche fue con diferencia la más extravagante de la noche. Llegó primero María Edilia, maquilladora y dragqueen venezolana de 34 años que iba ataviada con una estética años 50. «Yo tengo mi parte de mujer jovial pero también mi lado dramático, telenovelesco y de villana asesina de su marido infiel». María Edilia apenas lleva un año en España y le reconoció a Sobera que no había tenido ninguna relación seria porque le «asusta la vida en pareja».

Más peculiar todavía era Miranda Pacuenca, dragqueen valenciana de 45 años que lucía un aspecto mezcla entre Dalí y Don Quijote. Le contó a Sobera su pasado como Guardia Civil, de donde la echaron «por loca», y la gran liberación que supuso para ella hacer la mili. A María Edilia le gustó su aspecto y reconoció que su pareja «tenía su rollo».

Al sentarse a cenar empezaron a hablar de sus experiencias amorosas. «Yo lo he pasado muy mal», contó Miranda Pacuenca, «después de haberlo dejado con una persona con la que estuve diez años». Hubo sintonía entre ambos y charlaron sobre su trabajo como drags y cómo afectaba en su vida cotidna. «Son muy difíciles las relaciones en nuestro gremio», se lamentó María Edilia. Todo fue sobre ruedas y acabaron besándose y prometiéndose una segunda cita.