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Masters de la reforma «Masters de la reforma», el reality más agresivo: «Sois lo más competitivo que he visto en mi vida»

La segunda entrega del programa de reformas estuvo plagada de broncas entre los concursantes

ANTENA 3
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Este lunes se emitió en Antena 3 la segunda entrega de «Masters de la reforma», el programa de obras y bricolaje que Atresmedia ha presentado esta temporada. Se trata de un reality en el que diez parejas -escogidas entre más de 5.000 candidatos- competirán durante varias semanas para demostrar sus habilidades de bricolaje. Su presentador, Manel Fuentes, lo describe como «un reality a lo grande» cuyo ganador se llevará un premio de 130.000 euros y 20.000 en muebles.

Esta semana los concursantes empezaron viajando hasta Gormaz, en la provincia de Soria, para enfrentarse a las dos primeras pruebas: la de habilidad y la prueba por equipos. En la primera de ella los aspirantes compiten por parejas, y la tarea que se les encomendó fue empapelar un pequeño muro. La prueba tuvo lugar al aire libre y los concursantes tuvieron que enfrentarse a un obstáculo que no se esperaban: el fuerte viento que les dificultó mucho el trabajo. «Alex y Naomi son un desastre», dijo la jueza Carolina Castedo al ver cómo se les volaban los papeles, «no van a llegar a nada».

Los jueces no quedaron nada satisfechos con el resultado de la prueba. «Bastante desastre», dijo Tomás Alía sobre el trabajo de Chano y Saúl. «Vaya papel más ñoño que habéis cogido», se despachó Pepe Leal con Silvia y Maite, «y además ya se está despegando». Solamente Albert e Iván salieron airosos de la prueba, por lo que los gemelos catalanes se convirtieron en los jefes de obra del siguiente reto. Los dos ganadores, muy rencorosos ellos, quisieron convertir su victoria en una venganza contra Paco, con quien tuvieron un enfrentamiento la semana pasada: «Esto ha sido un zasca para Paco». Como líder de la cuadrilla rival escogieron a Paco: «Esperamos que hayais aprendido algo de la semana pasada», le soltaron. «Sois lo más competitivo que he visto en mi vida», les reprendió el presentador.

Sin moverse de Gormaz pasaron a hacer la segunda prueba de la noche, en la que debían convertir un edificio histórico del pueblo en un albergue para viadantes. El equipo verde, capitaneado por Paco, se encargó de los exteriores mientras que los azules, comandados por Iván, trabajaba en el interior. Lua cuadrilla verde ya empezó al obra con mal pie, cuando la primera mañana de trabajo el jefe tiró los guantes y se enfadó con sus compañeros.

Pero tampoco dentro del edificio había paz. Carolina Castedo les reprendió por no seguir el plan de la obra, y Javi aprovechó para criticar a Albert: «Aquí hemos decidido que el papel se va a omitir, y yo le estoy cuestionando eso al jefe de cuadrilla». «No me gustaría que eso se repitiese», dijo el aludido por las críticas, a lo que Javi respondió aconsejándole que «fuese más listo y siguiese el plano». «A mí el plano me da igual», le cortó bruscamente Albert, «pareces una mosca cojonera. Si yo tomo las decisiones es así, y nadie me lo discute».

Los verdes tuvieron un pequeño susto cuando Antonio tuvo un traspies mientras transportaba unas mercancías. El concursante tuvo que ser atendido por los servicios médicos y se retiró de las obras, aunque al poco tiempo puedo volver a incorporarse. La prueba fue por lo general bastante tensa y plagada de rencillas entre equipos. Una vez más fue Albert el protagonista de una de las más duras.

El jefe de obras de interiores se enfrentó con Antonio por culpa de un elevador. Albert les pidió el único elevador que había y los azules le dijeron que esperase hasta que terminasen. Al cabo de un rato, el equipo azul les pidió a los verdes que apartaran unos muebles y Albert aprovechó para cobrarse su venganza: «Hasta que no nos deis el elevador no quitamos nada». Por si eso fuera poco, empezó a romperles el papel a los verdes. «Un aplauso al maduro de España», le dijo Antonio, que no podía creerse lo que veía, con tono irónico. «Para huevos los míos», respondía Albert, «a este juego nadue me gana».

Una vez más, la crítica del jurado fue implacable. «Tenemos muchas cosas que decir, y no muy buenas», advirtieron las jueces, «ya la semana pasada os hablamos de la importancia de ser humildes. Esta obra es peor incluso de la de la semana pasada». Castedo les abroncó por no seguir el plan: «Hicisteis lo que os dio la gana y a ver qué pasa». «Estáis en "Masters de la reforma"», les recordó Alía, «y parece que estáis de picnic».

«Os falta capacidad de liderazgo», les dijo la jueza al equipo verde. Los miembros del equipo empezaron a hacerse reproches y a afearse su actitud. El objetivo de buena parte de las críticas fue Paco: «A palabras necias oídos sordos», se defendió el murciano. Pese a todo, el equipo verde ganó el reto y se libró de participar en la prueba de expulsión, al fin de la cual una pareja sería expulsada.

En el plató de «Masters de la reforma» apareció Carmen Lomana, y el reto de los concursantes azules fue diseñar un dormitorio para la invitada. «Tiene que ser acogedor y alegre. Tiene que arroparme», explicó Lomano, «debe de tener el suficiente espacio, pero tampoco debe ser minimalista. Y no podría tener un color rojo o verde fosforito». Los aspirantes tuvieron cuatro horas de trabajo para completar la prueba, y la pareja que resultó expulsada fue la formada por Borja y Qrro.