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Masters de la reforma Estreno bronco de «Másters de la reforma»: «Las faltas de respeto no las voy a consentir»

Diez parejas seleccionadas entre más de 5000 candidatos compiten por llevarse un premio de 130000 euros

José riñendo con sus compañeras de equipo
José riñendo con sus compañeras de equipo - ANTENA 3
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Este lunes se estrenó en Antena 3 «Masters de la reforma», un reality en el que diez parejas -escogidas entre más de 5.000 candidatos- competirán durante varias semanas para demostrar sus habilidades de bricolaje. Su presentador, Manel Fuentes, lo describe como «un reality a lo grande» cuyo ganador se llevará un premio de 130.000 euros y 20.000 en muebles.

En cada entrega de este «Masterchef» de las reformas habrá una prueba de habilidad, una por equipos y una de expulsión. La segunda se hará en exteriores. Cada semana, además, «Masters de la reforma» cambiará la localización: Badajoz, Cádiz, Soria... serán algunos de los destinos para las pruebas de exteriores. Así el equipo se desplazará a un edificio que necesita una reforma y en cada programa será diferente: un cortijo, un colegio, una casa en la playa.

«Nuestras casas deberían ser un reflejo de nosotros mismos», dijo el presentador al arrancar el programa, «y reformar es precisamente eso, materializar nuestros sueños». Para la primera prueba del estreno de «Masters de la reforma» los concursantes se desplazaron a Badajoz. «Puede parecer fácil», advertía Fuentes ya en tierras extremeñas, «pero vamos a empezar colgando cuadros: debéis hacer una composición de seis cuadros».

Los peor posicionados en este primer reto fueron Curro y Borja, una pareja de vascos treintañeros que fueron amonestados por el jurado por la chapuza que habían hecho. A Maite y Silvia no les contabilizaron uno de sus cuadros por haberlo colocado fuera de tiempo. «No podemos hacerlo por respeto a vuestros compañeras», explicaron, y ella aceptaron sin rechistar. El jurado le dio la medalla de oro a la pareja formada por Paco y Jessica, aunque también anunciaron que «se esperaban más nivel».

Para la segunda prueba de la noche viajaron hasta Cádiz, donde se les encomendó reformar un cortijo familiar. En grupos de cinco parejas, se les encomendaba arreglar una de las partes de la casa. «Algunos están más encargados en tirarse los trastos a la cabeza que en arreglarlos», avisaba Manel Fuentes, «y eso es un camino directo a la prueba de expulsión».

El equipo que más sufrió en esta prueba fue el que capitaneaba José, que no fue capaz de imponer disciplina en sus filas. El vasco se quejaba de que sus compañeros no la escuchaban: «No me faltan conocimiento para hacer esta obra, pero necesito apoyo. Yo dejo todo organizado y, en cuanto me marcho un momento, vuelvo y cada una está a lo suyo. Así es imposible».

«No vamos a tolerar faltas de respeto», le advirtieron. Tanto se enfadó el vasco que tuvo que alejarse unos metros de sus compañeros, y allí pudo llorar tranquilo. «El liderazgo es complicado», le tranquilizaron. «Tengo que hacerme respetar», dijo José. De nada le sirvió al capitán el disgusto, pues la obra no mejoró y no fueron capaces de colocar las baldosas en condiciones.

Cuando la prueba llegó a su final, los jueces dieron su veredicto sobre lo que habían vivido. «He visto mucho gallo en su gallinero y muchas faltas de respeto», dijo Carolina Cansedo, una de las juezas, «a partir de la semana que viene no las voy a consentir». Otro de los jueces les reprochó su «falta de humildad». Habrá que ver si las reprimendas de los jueces surten efecto en los concursos, que deberán relajarse en las próximas semanas.