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Masters de la reforma Un concursante se enfrenta a una jueza de «Masters de la reforma»: «No voy a permitir que me den con el látigo»

Albert se enfadó con Carolina Castedo cuando la jueza criticó a su equipo por estar siguiendo sus instrucciones

ANTENA 3
Actualizado
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Antena 3 emitió este lunes la tercera entrega de «Masters de la reforma», el programa de obras y bricolaje que se estrena esta temporada. De las diez parejas que entraron en el talent show ya solamente quedan ocho, y la competición se vuelve cada vez más exigente. El presentador, Manel Fuentes, lo describe como «un reality a lo grande» cuyo ganador se llevará un premio de 130.000 euros y 20.000 en muebles.

Para la prueba de habilidad los aspirantes viajaron hasta la Sierra de Guadarrama. En un campo cubierto por la nieve, cada pareja tuvo que pavimentar un camino con adoquines, de tres por dos metros en 30 minutos. Los aspirantes dispusieron de adoquines de diferentes colores para crear su propio diseño. La pareja ganadora de este reto tendría el poder de elegir a los jefes de las cuadrillas de cara a la prueba de equipos.

Como ya viene siendo habitual, los jueces se sorprendieron del bajo nivel de los concursantes: «Pensábamos que ibais a hacerlo más rápido». La tardanza no fue la única pega que pusieron, pues los resultados generales no fueron nada satisfactorios. Chano y Raúl hicieron el peor trabajo de todos, y el segundo se dsiculpó ante el jurado por «no haberse esforzado lo suficiente» y prometió mejorar en las siguientes pruebas. Mejor han valorado el trabajo de Álex y Naomi, aunque les haya fallado el acabado: «Esto es un parque de atracciones andante». En el caso de Paco y Jessica, el punto negativo lo encontró el jurado en la técnica, pero acabó dándoles la victoria.

Pero en cuanto los afortunados conocieron el veredicto, Manel Fuentes sorprendió a todos anunciando una novedad sobre la marcha. El presentador dijo que, pese a vencer, Paco y Jessuca no serían los jefes de equipo. Lo fueron en su lugar los considerados como peores de la prueba: Chano y Raúl, por un lado, y «Las Nastys», Silvia y Maite, por el otro.

Sin moverse de la sierra del Guadarrama se acercaron hasta Rascafría, donde se les encomendó la reforma del restaurante La Isla, una concesión del ayuntamiento de Rascafría de la que viven sus propietarios (Arturo y Xenia) y tres familias más. Muchas de las zonas del restaurante no habían sido restauradas desde la década de los 50, por lo que los aspirantes iban a tener mucho trabajo por delante.

El equipo verde, capitaneado por Chano y Raúl, decidió exponerse al frío y encargarse de la reforma del exterior. Los peones verdes tuvieron que mejorar las zonas ajardinadas, construir una zona de columpios, levantar el antiguo suelo de la terraza para sustituirlo por uno de tarima, instalar una valla y colocar un rótulo nuevo. Los concursantes de interior, por su parte, se ocuparon de reformar el salón, actualizar el suelo y el revestimiento de las paredas, cambiar la iluminación y modernizar el mobiliario. Para esta última tarea contaron con la ayuda de Estrella Salietti, prestigiosa interiorista con más de treinta años de experiencia.

El equipo azul se encontró con problemas nada más entrar al restaurante, en cuanto comprobaron el desastroso estado en el que se encontraban las vigas. Por si eso fuera poco, al poco de empezar la obra Iratxe se golpeó en los dedos durante la reforma de la barra y tuvo que ser atendida por una enfermera. Tuvieron que vendarle la mano y le advirtieron de que debía dejarla en reposo, por lo que no podría trabajar.

Iratxe se enfadó con la nueza Carolina Castedo cuando le dijeron que no podía ayudar a sus compañeros: «¡Que me expliques por qué no puedo trabajar! Esto va a penalizar a mi equipo». Castedo la tranquilizó diciéndole que necesitaba recuperarse de su lesión e Iratxe rompió a llorar. «Mi dedo me da igual», le contó la vasca a José, «lo que me duele es que nos van a penalizar. Se acabó, vamos a perder por mi puta culpa».

Durante la supervisión de las obras exteriores, Carolina Castedo se mostró muy crítica con la reforma de la terraza. «Veo que seguís sin hacerme caso», les regañó la jueza por no cumplir con unas medidas que venían en los planos. «¿Y por dos o tres centímetros nos tienen que venir a fustigar?», saltó Albert indignado, «¡no lo permito!». Todavía tardó un rato en tranquilizarse Albert, que decía sobre la jueza que «si quiere un gatito que levante la patita, que se lo compre» y que es «muy fácil ser jefe de obra y dedicarse a mirar y criticar». Las formas del concursante han molestado también al resto del equipo.

Cuando a los jueces les tocó evaluar el trabajo no se olvidaron de este incidente. «Aquí he visto faltas de respeto graves», avisó Carolina, «yo estoy aquí para ayudaros, ¿está claro, Albert?». El catalán contestó que «si te he ofendido me disculpo, pero creo que tú también me has faltado al respeto». «Mis críticas son siempre constructivas», le cortó Carolina. Albert se defendió alegando que «me he estado partiendo la espalda y no voy a permitir que me estén dando con el látigo».

«Pretendes saber más que nadie», le dijo otro de los jueces. «Si lo supiese todo no estaría aquí», continuó el catalán, «no me tengo que disculpar por no ser un gatito dócil. Yo tengo carácter». «La dureza del trabajo no justifica esos compartimientos», zanjaron el tema los jueces, que acto seguido decidieron nominar al equipo verde para la prueba de expulsión.