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Tan lejos, tan cerca

Tan lejos, tan cerca
ROSA BELMONTE
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ANA ROSA QUINTANA

Cuentan que Rosa Clará sí iba a hacer el vestido de novia a Belén Esteban. Pero como Pepa Jiménez adelantó la noticia, Ana Rosa no quiso ser la segunda en dar la buena nueva. Y la diseñadora tuvo que cargar con haberle hecho un feo a la de San Blas. Luego acabaron (en pandilla) comprando el traje en El Corte Inglés. Hasta eso controla Ana Rosa Quintana, más magnate de la comunicación que presentadora, incluso ahora que ha vendido un 51 por ciento de su productora, Cuarzo, a los franceses de Banijay Entertainment, manteniendo la gestión y con miras a expandirse en el mercado internacional. Aun así se levanta a las 5.45 para hacer de lunes a viernes «El programa de Ana Rosa». En el número de diciembre de «Vanity Fair» decía: «Algún día tendré que retirarme de detrás de las cámaras, pero ¡cómo lo voy a dejar ahora! Es tan difícil tener buena audiencia que si lo hiciera sería una irresponsabilidad». Se supone, por las audiencias, que AR es la reina de las mañanas (aunque Mariló Montero, que no coincide en horario, le gane a veces en espectadores). Pero ser reina de las mañanas es como ser rey de Toga. El lunes la vieron 593.000 personas; el martes, 464.000, y el miércoles, 537.000. Sin hablar del prime time, nada comparable a las tardes de «Sálvame», que ronda o supera los dos millones. Por eso por las mañanas se ven anuncios como el de Oro por euros (el año pasado eran de Cofidis). En la entrevista de VF defiende la idea de reinvertir y no relajarse en el éxito. En su caso también habría que hablar de reinventarse y de superar, como si no hubiera existido, el fallo informático (excusa que fue perpetrada por quien ahora lleva la imagen de Borja Thyssen).

SUSANNA GRISO

Susanna Griso tiene varias cosas en común con Ana Rosa Quintana. Ambas comparten horario, una en Antena 3, con «Espejo público», y la otra, en Telecinco. Ninguna de las dos tiene una personalidad televisiva desbordante, ni para lo bueno ni para lo malo. Y las dos cuentan en su currículo con una coincidencia mortuorio-principesca en TVE: a Ana Rosa le tocó, cuando presentaba la tercera edición del Telediario, dar la noticia del fallecimiento de la princesa Gracia de Mónaco. Y Susanna Griso retransmitió el funeral de Diana de Gales. La Griso puede parecer y ser más joven (es del 69) pero Ana Rosa (del 56), al tener a sus mellizos a los 49 años se quitó varias décadas de encima. Es como si publicitariamente se hubiera caído en una marmita (agitada, no removida) de gerovital, botox y ácido hyalurónico. Griso combate el paso del tiempo con Actimel, que le ayuda a luchar contra las bolas de pinchos que llenan nuestro aparato digestivo (sin estómago, según los dibujitos de los primeros anuncios). Por lo demás, sus programas son tan parecidos que si no fuera porque una es morena y otra rubia resultaría complicado distinguirlos. Ni siquiera sería fácil distinguir las secciones de sucesos si no fuera por sus protagonistas, que no son chicas muertas y violadas sino Nacho Abad con Ana Rosa y Albert Castillón y Jorge Cabezas (el de la coleta) con Susanna. Indescriptibles. También es verdad que los colaboradores de AR suelen generar noticias sobre sí mismos (en su día, Belén Esteban; ahora Bibiana Fernández , Lequio o Miriam Sánchez, recientemente atacada por una ardilla de La Moraleja), y los de Grisso, no. Bueno, hay que tener en cuenta que es gente como Massiel. «Espejo público» tuvo el lunes 455.000 espectadores; el martes, 414.000, y el miércoles, 458.000. Mariló, muchos más en TVE. En cualquier caso, la chica más vista de la tele es Mónica López, la mujer del tiempo de TVE.