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El jefe infiltrado Un jefe infiltrado es expulsado de su empresa por uno de sus empleados: «Te voy a sacar por los pelos»

Juan Carlos se hartó de las impertinencias de Javito y le echó poor incumplir las normas del obrador

LA SEXTA
Actualizado
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Hace unas semanas se estrenó en La Sexta una nueva temporada de «El jefe infiltrado», un formato importado de Estados Unidos en el cual el jefe de una empresa se hace pasar por un empleado para ver cómo es el rendimiento de sus trabajadores. El programa tuvo en su última temporada una media 1,3 millones de espectadores, lo que supone un 8,2% de cuota de pantalla.

El jefe infiltrado fue esta semana Daniel Medrano, director de calidad de La Emilita, empresa líder en el sector de la churrería se infiltra en su empresa para saber si sus trabajadores están cumpliendo todos los protocolos en la entrega.

El director de calidad de La Emilita se puso manos a la masa para comprobar que sus trabajadores y sus productos cumplan todos los procedimientos de la empresa. Desde hacer churros o palmeras a repartir el producto a sus clientes, el jefe infiltrado llegó dispuesto a poner a prueba cada mínimo gesto de sus empleados.

Para no ser reconocido por sus trabajadores, Medrano tuvo que someterse a un cambio estético radical. «Me daría mucho miedo que me quitaran la barba o me raparan la cabeza al cero, no quiero ni pensarlo», decía poco antes de que cambiasen su aspecto. En pocas horas el elegante empresario se convirtió en Javito, un «eterno adolescente» que busca aprender un empleo para dejar de vivir con sus padres.

Su primera parada fue el obrador de la churrería, donde Medrano se puso a trabajar junto a Juan Carlos, un tipo frío y exigente al que sus compañeros nunca le han visto sonreír. El jefe iba con los ojos bien abiertos para captar cualquier mínimo fallo, y nada más entrar ya detectó el primero: en el lavamanos no había jabón, por lo que sus empleados hacían las churros con las manos sucias.

Pero Juan Carlos no estaba dispuesto a pasarle ni media al aprendiz Javito, ni a que le molestase durante su trabajo. Juan Carlos es tajante con Javito desde el primer momento en cuanto se pone a hablar: «Vas muy rápido con la boca, hazlo con ganas coño». Pero el jefe infiltrado, muy pícaro él, quiso poner a prueba el aguante de su empleado para ver si cumplía con las normas.

Con el fin de chincar a Juan Carlos, Javito empezó a comerse los churros que estaban cocinado, algo que sacó de sus casillas al trabajador: «Le voy a pegar un guantazo», mascullaba, pese a que reconocía que no era una persona agresiva: «Pero te voy a sacar de los pelos».

Javito siguió fastidiando a Juan Carlos a sabiendas de que estaba a punto de explotar. Intentó luego calmar los ánimos, pero ya no había manera: «Mucha cháchara y poco haces», respondió tajante el empleado, «¿de dónde te han sacado, macho?». Como las cosas no iban a mejor, Juan Carlos acabó por echar a Javito: «Estamos trabajando y tú has venido a retrasarnos».

Dos días más tarde Juan Carlos descubrió, muy apurado, la verdadera identidad de Javito. Medrano le dijo a su empleado que «en ningún sitio me habían tratado de esa forma y tan mal». Juan Carlos tragó saliva, pero se reafirmó en lo que había hecho: «Con lo que hiciste, te hubiese echado igual aunque supiese que eras el jefe». Y a Medrano le cautivó esa actitud firme y exigente de su trabajador: «Has hecho lo correcto. Eres estricto y te respetan como encargado. Gracias a trabajadores como tú, la empresa tiene el futuro garantizado». Para premiarle por su esfuerzo en el trabajo, la empresa le regaló 3.000 euros para que pudiese visitar a su familia en Ecuador.