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Javier Solano, comentarista de San Fermín para TVE: «Me moriré siendo el de los encierros»

El periodista llegó al puesto por casualidad y durante el resto del año se ocupa de tratar temas políticos y económicos

Javier Solano, junto a Elena S. Sánchez, en la presentación de la cobertura de Sanfermines 2019
Javier Solano, junto a Elena S. Sánchez, en la presentación de la cobertura de Sanfermines 2019 - RTVE
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Las retransmisiones de Televisión Española con los encierros de San Fermín son históricas. Antes, incluso, RNE se ocupaba de narrar el transcurso de la carrera matutina. Javier Solano ha sido el comentarista de los encierros durante más de 20 años. Tal y como asegura, no se trata de narrar lo que sucede, sino de explicar todo aquello que no se llega a emitir y hacerle entender al espectador el por qué de lo que ve.

Sus comienzos en las retransmisiones de la semana grande de Pamplona fueron fruto de la casualidad. «Me estrené en el año 1988. Estas cosas son siempre así. Entré a trabajar en TVE en el 87, pero en fechas posteriores a San Fermín. Sucedió lo típico en estos casos: mi jefe supo que llevaba quince años corriendo encierros y me mandó hacer la retransmisión. Si hubiera sido buceador, me habrían mandado un programa de submarinismo. Y no lo debí de hacer tan mal cuando me llamaron para volver al siguiente año», ha asegurado Solano en una entrevista a ABC.

Y es que, como el propio periodista reconoce, ha «sido cocinero antes que fraile» y conoce primera mano y desde la experiencia lo que supone ponerse delante de un toro en la calle Estafeta. «Antes de retransmitir los encierros fui corredor durante quince años. Comencé cuando tenía 15 —a pesar de la prohibición de correr sin ser mayor de edad— y hasta los 30. Estaba el 14 de julio de 1973 con mi hermano y mi padre. Para mi hermano y para mi fue el primer encierro, pero para mi padre fue el último. Hubo un traslado generacional», comentó el comentarista de San Fermín a otro medio.

A pesar de su veteranía, tras 21 años retransmitiendo el evento, Televisión Española decidió dejar de contar con sus servicios en el año 2010, traspasándole el encargo al comentarista de RNE, Patxi Cervantes. Pero, de nuevo, regresó en 2013 a ocupar su puesto. «Eché muchas cosas de menos, pero voy a ser caballero y no voy a decir por qué. Simplemente diré que si me ofrecen hacer una retransmisión de waterpolo o de hockey sobre patines, tengo la suficiente cabeza como para decir que no. Es decir, zapatero a tus zapatos. Métete en lo que sabes, lo que controlas y el tema que dominas. Lo otro es un suicidio profesional. Pero bueno, cada uno entiende las circunstancias personales que tiene», aseguró.

Tras tantos años al frente a los comentarios de la televisión pública, la innovación es algo imposible, como reconoce —«imagino que esto al final es sota, caballo y rey»—, sin embargo, ha logrado imponer una forma de narrar personal que el resto de profesionales han ido replicando. «He terminado creando un estilo al que al final se han terminando uniendo todos los demás. Incluso, cuando trabajaba en prensa escrita, me tocaba hacer las crónicas de los encierros y las elaboraba desde en un punto de vista completamente distinto al que se hacía. Era la primera vez en Pamplona que había un corredor en este oficio. Puedo enfocarlo desde un punto de vista completamente distinto al de los periodistas convencionales, que ven el encierro como si fuera una prueba de atletismo. Ahora todo el mundo sigue los patrones que impuse», ha desvelado a ABC.

Su veteranía también ha provocado que haya tenido que vivir momento de enorme tensión tras los micrófonos. Entre los más complicados de narrar, recuerda uno del año de su debut, 1988. «El 12 de julio era el encierro de unos Cebada Gago. Entró al ruedo, con los cabestros, un solo toro. Los otros cinco estaban en distintos puntos de la calle repartiendo leña. Fue complicadísimo. Lo bueno es que no me perdí. Hice una narración completa controlando lo que pasaba en la calle». De hecho, considera que dicha carrera ha pasado a la historia por lo anómala que fue.

Otro día que también tuvo enormes problemas para hacer llegar sus conclusiones a los espectadores fue el 7 de julio de 2007. «Ese día me perdí del todo. En las repeticiones hice un comentario en el que intentaba que no se notara demasiado, pero no sabía ni cual era cada toro», ha reconocido. Y es que hacer un resumen de lo que sucede en los menos de tres minutos de carrera no es nada sencillo: «Al ser un tema que controlo por completo, no llevo ningún apunte. Solo tengo los nombres de los toreros de esa tarde porque no me los aprendo. El problema fundamental es la velocidad, tener que decir muchas cosas al mismo tiempo que está discurriendo el encierro. Las imágenes van más deprisa que tu voz, y para mi es lo que me da más problema», ha expresado.

«Este nuevo encierro es más limpio y rápido»

Javier Solano, además, ha realizado una valoración de las fiestas de este San Fermín. Considera que en 2019 se está confirmando lo que se venía viendo en los últimos dos años: «los encierros cada vez son más rápidos. De los últimos 21, solo uno ha sobrepasado los tres minutos». Esto supone, además, que los heridos por asta de toro se reducen considerablemente, porque «la gran mayoría de cornadas se producen en gente que está parada o caída en el suelo, no en carrera, y las proporcionan toros que están retrasados». Sin embargo, con los cabestros cumpliendo perfectamente su labor, esto ya no sucede.

En contra, el encierro se convierte en un multitudinario esprint de velocidad, por lo que «hay muchas más caídas hacia los lados y más golpes, sobre todo en manos y brazos, según las estadísticas sanitarias». Estas contusiones aumentan en los últimos 150 metros, y el 90% las producen personas contra personas, sin intervención de los toros ni los cabestros», ha asegurado. «Este es un nuevo encierro, más limpio, más rápido y con la actuación polémica, pero brillante, de los cabestros». Esto no ha gustado a los corredores, que sienten la ausencia de la imprevisibilidad que les gustaba. «Antes nadie sabía lo que pasaría, pero ahora se abren las puertas y es un calco de lo sucedido ayer, antes de ayer, y así sucesivamente. Por eso hoy ha habido una sentada de protesta de los corredores pidiendo que no haya tan buenos cabestros. Es paradójico, pero quieren un encierro más peligroso».

El resto del año, entre política y economía

Pero Javier Solano no solo emiter sus valoraciones tras los encierros de San Fermín, sino que también se dedica a otras labores durante el resto del año. «Soy periodista de informativos de TVE, pero en temas que no tiene nada que ver: hago muchísima información política y económica. Revisiones de leyes fiscales o plenos del Parlamento. Cosas muy aburridas que no tienen nada que ver con el mundo taurino», afirma entre risas. Pero reconoce que su popularidad la debe a las retransmisiones que realiza durante una única semana al año. «Me conocen solo de una semana de las 52 que tiene el año. Al final sé que me moriré siendo "el de los encierros"».

Además de su dedicación a la televisión pública, realiza otras actividades dedicadas a las fiestas grandes de Pamplona. Ofrece charlas itinerantes, tanto a grupos como empresas, que define como «amenas, rigurosas, de calidad, especializadas y profesionales». En las mismas, Solano explica todo lo que tiene que ver con los encierros más famosos del mundo en los mismos lugares por los que, cada año, pasan los astados junto a la marea blanca y roja que les acompaña.

Además, Solano es autor del libro «El encierro de Pamplona» (1995) y «25 años de encierros en Pamplona» (2004 y 2005), publicado en dos tomos. También ha escrito los textos sobre los encierros en el libro fotográfico «Running to the sun» (Jim Hollander, 2002), junto a decenas de artículos sobre la fiesta en prensa. De igual forma, Solano también ha impartido una gran cantidad de conferencias y coloquios al respecto, es presidente de la Fundación Museo del Encierro de Pamplona desde 1998, jurado de los premios a mejor ganadería de los encierros del Club Taurino de Pamplona y ha sido guionista de la cinta «Jugando a no morir» (1986).