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Intercambio consentido Peleas domésticas y preguntas indiscretas: Así ha sido el debut de «Intercambio consentido»

Antena 3 estrenó este martes «Intercambio consentido», un docu-reality sobre parejas en crisis

Una de las parejas al borde de la ruptura que ha recurrido a «Intercambio consentido»
Una de las parejas al borde de la ruptura que ha recurrido a «Intercambio consentido» - ANTENA 3
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Este lunes Antena 3 emitió el primer episodio de «Intercambio consentido», un docu-reality que muestra los efectos de una revolucionaria terapia de pareja. Producido por Atresmedia Televisión en colaboración con Shine Iberia, «Intercambio consentido», es una terapia real y radical que lleva a ocho parejas en graves dificultades a intercambiarse durante dos semanas.

En esos quince días, las ocho parejas se intercambiaron para vivir con un completo desconocido como si fuera su pareja real. Tendrán que compartir baño, cama, vida e intimidad en un entorno neutro, sin móvil ni Internet. «Es importante que la cama sea una y ambos duerman en ella para que aprendan a valorar hasta qué punto tienen confianza con su pareja», recordó el psiquiatra Iñaki Vázquez.

Este contaba con la ayuda de Covadonga Pérez Lozana, c0ach de pareja, y entre ambos intentarán enseñar a los concursantes a apreciar su relación y a reconocer los errores que cometen. Una vez transcurridas esas dos semanas, las parejas deberán decidir si se reencuentran para volver a intentarlo o su prefieren separarse definitivamente.

Los primeros en presentarse en «Intercambio consentido» fueron Nieves y David, de 52 y 46 años y ambos naturales de Guadalajara. Llevan siete años de relación y convivencia y Nieves acusa a su marido de ser muy frío y poco comunicativo. Los dos reconocían que no discutían, sino que directamente se ignoran mutuamente. No es de extrañar que la situación haya degenerado hasta este punto, ya que se juntaron por simple conveniencia económica: empezaron a compartir piso para ahorrar gastos cuando los dos estaban divorciándose de su anterior trabajo.

Esta primera pareja se intercambió con Eli y Luis, sevillanos de 38 y 46 años que llevan menos de tres años juntos. Eli se queja de que los celos infundados y la falta de colaboración en casa se está cargando la relación. A Luis no le parece correcto que ella quede con sus amigas porque «están todas solteras». Le parece que colabora lo suficiente en casa y dice que no soporta sus malos modos cuando discuten, por eso siempre se va de casa cuando eso ocurre.

Luis y Nieves tuvieron sus roces casi desde que se conocieron. Nieves es una mujer de armas tomar, maniática y con muy mal genio. El sevillano, por contra, se toma la vida de una forma más relajada y eso les hizo chocar en repetidas ocasiones. Nieves le echó unas cuantas broncas a Luis por su dejadez en asuntos domésticos, algo que prontó hartó al sevillano y que antes había hartado a David.

Luego llegaron Mónica y Juan, que llevan quince años como pareja. Ella no se fía de la fidelidad de su novio y confiesa que lleva «bastante mal» que trabaje como tuno. Por su parte, Juanra dice necesitar un poco más de tranquilidad en la convivencia y que su pareja confíe en él. Estos se intercambiaron con Joana y Miquel, cuyo problema se resumen en que a él le gustan demasiado las mujeres y espera que su novia acepte que él se acuesta con otras chicas.

Juan y Joana se cayeron bien y tuvieron una conversación agradable y profunda, en la que ambos le confiaron al otro los problemas de su pareja. No pasó lo mismo con Mónica y Miquel, ya que la primera no pudo soportar la arrogancia y la chulería del otro. Nada más conocerse empezó Joan a aburrir con sus chistes verdes de quinceañero y sus preguntas indiscretas. Al poco de sentarse a comer juntos por primera vez él le preguntó que cómo le iba en la cama con su pareja.

«No te pienso hablar de eso porque no te importa», respondió ella muy enfadada. «Entonces imagino que no va muy bien porque el que calla otorga», replicó a su vez Miquel haciendo gala una vez más de su actitud chulesca. Ahí ya no hubo marcha atrás y Mónica cruzó a Joan sin remedio: «Qué tío más desagradable, no consiento que nadie diga nada malo de mi novio». La convivencia siguió deteriorándose por culpa de la bocaza de Miquel, que incluso llegó a preguntarle a Mónica si iba a limpiar toda la casa y hacerle un estriptis. Cuando llegó la hora de irse a dormir, ella puso un «muro de protección» hecho con cojines para evitar que Joan se le acercase.