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Intercambio consentido

«Intercambio consentido» culmina con una pedida de matrimonio y un pleno de parejas reconciliadas

Ocho parejas han pasado por el programa de Antena 3 y todas han retomado su relación después de someterse a la terapia

ANTENA 3
Actualizado
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Este lunes Antena 3 emitió la sexta entrega de «Intercambio consentido», un docu-reality que muestra el funcionamiento de una revolucionaria terapia de pareja. Producido por Atresmedia Televisión en colaboración con Shine Iberia, «Intercambio consentido», es una terapia real y radical que pone a ocho parejas que atraviesan dificultades a intercambiarse durante dos semanas.

Durante esos quince días, las ocho parejas se intercambiaron para vivir con un completo desconocido como si fuera su pareja real. Deben compartir baño, cama, vida e intimidad en un entorno neutro, sin móvil ni Internet. El psiquiatra Iñaki Vázquez y la coach de pareja Covadonga Pérez Lozana intentarán enseñar a los concursantes a apreciar su relación y a reconocer los errores que cometen. Una vez transcurridas esas dos semanas, las parejas deberán decidir si se reencuentran para volver a intentarlo o su prefieren separarse definitivamente.

Por un lado, Paloma y Rubén y Lara y Javi están ya en la recta final de la terapia. Al concluir la noche, las parejas (Paloma y Javi y Rubén y Lara) se volverían a unir para decidir si retomaban la relación o cada cual uno tiraba por su lado. No iban muy bien las cosas ni por un lado ni por otro. Lara y Javi llevan ya tiempo preocupados al comprobar que sus parejas están teniendo una gran complicidad y hablan sobre sexo sin cortarse. Desde la casa que comparten en la terapia, se torturan pensando en lo que sus parejas podrían estar haciendo en la otra casa, comparten sus desasosiegos y sus dudas sobre el futuro.

Lara y Rubén vuelven a verse en el restaurante de Elda en el que celebraron su primer aniversario y allí deciden retomar de nuevo su relación, que ambos consideraban estancada. Los dos se pusieron a llorar en cuanto se vieron y comentaron cómo les había ido la terapia. Rubén le echó en cara el «tonteo» que tenía con Javi, pero ella le tranquilizó asegurándole que no había nada entre ellos. Prometiéndose amor eterno, se marcharon muy felices para recuperar el tiempo perdido.

Por su parte, Javi y Paloma se reencontraron en la playa de Valencia. También Paloma le pidió a su pareja explicaciones sobre su relación con Lara, pero también Javi se disculpó y le juró a Paloma que no había pasado nada. De hecho, a la orilla del mar le pidió matrimonio a Paloma que, muy emocionada, le contestó que «por supuesto que quería casarse». Los dos rompieron a llorar y le agradecieron a la terapia que les haya permitido vivir «nuestra propia historia de amor».

En el otro intercambio las cosas van un poco mejor, pero tampoco para tirar voladores. Jesús y Roberto, las dos personalidades fuertes en sus relaciones, continúan chocando en su convivencia y discutiendo constantemente: discutieron en el teatro, en el restaurante, por la calle...Tan mala es su convivencia que ambos sintieron un enorme alivio cuando les anunciaron que la terapia se terminaba y ni siquiera se estrecharon la mano para despedirse.

En la otra casa, Borja y Manuel han aprendido mucho con la terapia. Sobre todo, han aprendido a respetarse a sí mismos y a superar las múltiples inseguridades que lastraban su relación. Todo lo vivido durante estos días les lleva a replantearse su relación, y los dos tienen serias dudas sobre si desean volver con sus parejas.

A Borja ya no le vale con que Roberto le diga lo mucho que le ama: quiere ver en él un cambio que no parece dispuesto a emprender. La cita para la decisión final fue en Gran Vía, donde debían decirse si querían proseguir con su matrimonio. Llegó Borja el primero, y al ver que su pareja no aparecía se puso a llorar desconsoladamente y a lamentarse por haber perdido «lo más importante de mi vida». No obstante, en el último momento apareció Borja para poner sus condiciones a la relación que retomaban: «Yo ahora me quiero y me valoro a mí mismo, por eso no quiero otra relación de trato desigual. Tienes que prometerme que todo va a cambiar».

Jesús y Manuel quedaron frente al Palacio Real, y el segundo llegó aclarando que tenía «muchas dudas». Jesús, desesperado, empezó a suplicarle y a jurar que todo cambiaría y empezarían de nuevo. Manuel le concedió una segunda oportunidad, con condiciones, y se besaron para sellar su trato.