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First Dates

El Hugh Hefner italiano en «First Dates»: «Se ha fijado más en las camareras que en mí, es una falta de respeto»

Un jubilado italiano se plantó en el restaurante de «First Dates» con aires de seductor de película y muchos pájaros en la cabeza

Enzo y Ana no congeniaron muy bien debido a la chulería del primero
Enzo y Ana no congeniaron muy bien debido a la chulería del primero - CUATRO
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«First Dates» adapta su discurso y sus formas a las fechas navideñas que corren. La soledad se deja notar más cuando se acerca el fin de año, y Sobera y los suyos saben aprovecharse de la coyuntura para atraer a solteros desesperados en busca de calor humano para estos días que tanto evocan el amor.

El programa de este martes empezó con parejas de una media de edad media-alta, de los cincuenta para arriba. En prmer lugar comparecieron Javier y Mari Carmen, matrimonio durante muchos años y que ahora van juntos a «First Dates» a buscar su nuevo gran amor. Ambos tuvieron la oportunidad de ver quién sería la pareja del otro, aunque sin revelar que había sido cónyuges. Cada uno por su lado, se sentaron a cenar con sus respectivas parejas, con suerte bastante dispar.

A renglón seguid llegó Enzo, un Hugh Hefner italiano de 70 años al que le gustan «las mujeres jóvenes, los coches., el dinero y comer bien». El hombre, ya jubilado, dedicó su vida a regentar restaurantes y discotecas en Palma de Mallorca donde, asegura, ha «tenido muchas chicas: yo estoy solo porque quiero». No se acababa ahí la arrogancia del cuasi-anciano, que tuvo la poca sensibilidad de decir que «si aparece por aquí un vieja de sesenta años con bastón yo me marcho, me gusta la gente joven. Si no encuentro una chica aquí me voy al Caribe a buscarla».

Su pareja fue Ana, una mujer de 57 años que también parecía no concoer lo que es la modestia: «A mí los hombres me veían desde el coche y se paraban de lo guapa que era. Y quien tuvo, retuvo». Dos caracteres tan vanidosos están condenados a chocar, como efectivamente ocurrió. Enzo, aparte de su chulería, conserva a sus setenta años unos modales de puber hormonado que no gustaron a Ana.

Cada vez que una camarera aparecía por la mesa no podía el italiano reprimir los piropos: «Chiao bella!», «¡Las mujeres más guapas del mundo están en Rusia, tú eres el ejemplo!»...Y así continuamente, lo que acabó por irritar a Ana: «Se ha fijado más en las camareras que en mí, me parece una falta de respeto». Ya había calado Ana la catadura de su acompañante, y la cita fue en caída libre.

La conversación languideció hasta que Enzo se hartó y le soltó, maleducadamente, «yo ya no hablo más, te toca un poco a ti. Yo no he venido aquí de detective, ya he tenido muchas chicas». Ana, agotada de la chulería del italiano, comentó ante la cámara que «se escucha a sí mismo más que a nadie. Él solito se ha delatado, no hace falta que diga nada más». El desenlace de la cita estaba cantado: Ana a su casa y Enzo a sacarse un billete para el Caribe.