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Cuarto Milenio

Las horas más bajas de Iker Jiménez: «Hace 20 años perdí todo lo que había logrado»

El presentador de «Cuarto Milenio» se sincera con la audiencia y rememora sus peores momentos

El presentador de Cuatro recordando su momento profesional más complicado
El presentador de Cuatro recordando su momento profesional más complicado - MEDIASET ESPAÑA
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El presentador de «Cuarto Milenio», Iker Jiménez, ha estado viviendo del misterio durante toda su vida. Nada más salir de la carrera de Periodismo, se inició profesionalmente en el mundo de la comunicación, aunque desde antes incluso estuvo haciendo pequeñas apariciones estelares hablando de los misterios del universo y de aquello que no somos capaces de ver.

Infinidad de medios han acogido a Jiménez desde entonces. Los que más han marcado su vida, sin duda, la Cadena Ser con su «Milenio 3» y su actual Cuatro con el «Cuarto Milenio». Pero no todo han sido alegrías en la vida profesional de Iker Jiménez.

En el último programa, el presentador estaba hablando de aquellos lugares que, aunque poco frecuentados por turistas, son muy especiales por la energía que en ellos se respira. Todos estos lugares, aunque desconocidos, también son muy especiales, y le ha servido al pelo para rememorar una de las etapas profesionales más complicadas que le ha tocado vivir.

«Hace 20 años yo tuve un momento de esos, de perder lo que yo había logrado con bastante esfuerzo y mi estatus», aseguró el presentador. Aunque Jiménez era ya muy conocido, le tocó bajar a los infiernos de la profesión, y descubrir cómo el camino que había recorrido hasta la fecha no le había servido para nada. «Estamos acostumbrados a una sociedad en la que cuando pierdes el estatus, en vez de considerarse que es muy importante el aprendizaje para regresar o para levantarse, como que se demoniza a las personas con pensamientos como ese ha fracasado, ese ha tenido menos ventas, ese ha triunfado menos en la tele o ese ha metido menos goles».

Sin embargo, «lo importante» para el presentador no es tanto el éxito del momento, sino el ser consciente de lo cíclico del triunfo y, llegado el momento, levantarse para «volver a caminar». «Con 26 o 27 años estaba en un estatus absolutamente maravilloso para mis perspectivas y expectativas, maravilloso». En aquella época, Jiménez publicó su primer libro, «Enigmas sin resolver».

Pero, a pesar de su buen momento profesional, «hubo un momento en el que me vi un día sin absolutamente nada de eso, de un día para otro, y además sin ningún tipo de seguridad, con los dos bolsillos relucientes. De un plumazo, de la noche a la mañana, perdí todo eso, o de alguna manera decidí perderlo. Me fui o me dijeron que me fuera», decía Jiménez en su habitual tono misterioso.

«Llevaba cinco años siendo protagonista de un montón de andanzas, con un estatus o con rol dentro de este mundillo que llamamos misterio, y que ya prácticamente ya no existe», aseguraba sobre su éxito profesional. Sin embargo, de todas las caídas uno debe de levantarse, y para ello contó con la ayuda de, una vez más, los misterios de la vida que uno no puede llegar a explicarse.

«En ese momento, no sé por qué, cogí el coche y le dije a Carmen que me tenía que ir al castillo de los obispos de Sigüenza. Ahora me pregunto a santo de qué. Algo me hizo ir a ese sitio atravesando la nieve. Mucho tiempo después, descubrí que estaba en el plató natural de Félix Rodríguez de la Fuente. Tuve la sensación de que aquello me iba a traer suerte. Y a partir de aquello tuve una fe tremenda. No me lamí las heridas en ningún momento», aseguró en «Cuarto Milenio».