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Hernán Zin «En la guerra convives con el miedo, y cuando vuelves, con los traumas»

«Morir para contar» ahonda en las secuelas que deja en los reporteros cubrir conflictos armados

Hernán Zin, en ABC
Hernán Zin, en ABC - Isabel Permuy
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En 2012, el veterano reportero Hernán Zin (Buenos Aires, 1971) estaba en Afganistán preparando un reportaje sobre una mujer que desactivaba bombas. Allí, en medio de la guerra, en el momento más inesperado, sufrió un ataque de pánico, se quitó el chaleco, tiró las cámaras y huyó de ese lugar. Llevaba veinte años trabajando en zonas conflictivas y aquel día explotó. Cuando volvió a Madrid, llegaron la depresión, la ansiedad y la claustrofobia. Entonces comenzó a preguntarse si era el único que sufría estrés postraumático. Y era una secuela generalizada. «Me parecía interesante que todos contasen sus historias y hacer una reflexión colectiva sobre el precio que se paga por cubrir las noticias», reflexiona Zin. «Es muy paradójico, porque para contar una historia tienes que ponerte en la piel del otro, pero eso te va cargando de mucho dolor y luego una gota que desborda el vaso», añade. Traumas, miedos y confesiones que recoge en el documental «Morir para contar», que llegará a los cines el próximo 22 de noviembre. Más tarde, se podrá ver también en televisión y en plataformas digitales de pago.

«Nos parece obsceno hablar de nuestro dolor cuando hemos visto el ajeno, pero es como un gas, por muy pequeño que sea tiende a ocupar todo el espacio». «El miedo es como un martillo pilón, que te golpea la cabeza». «Si pierdo un brazo es evidente, pero ¿si estoy perdiendo el alma?». Estas son algunas de las reflexiones que hacen ante las cámaras de Zin Ángel Sastre, Manu Brabo, Roberto Fraile, Maysun, David Beriain, Fran Sevilla, Gervasio Sánchez, José Antonio Guardiola, Mónica G. Prieto, Javier Espinosa, Rosa Meneses, Ramón Lobo, Javier Bauluz, Carlos Hernández, Carmen Sarmiento, Eric Frattini, Mónica Bernabé y el propio director. Pero «Morir para contar», coproducido por la actriz Nerea Barros, es también un homenaje a aquellos que, como José Couso o Miguel Gil, no volvieron a casa. «Sus familias creen en el valor de lo que hicieron, pero aún así es durísimo», confiesa Zin.

Héroes, no superhombres

Desmontar los clichés que pintan a estos reporteros como superhombres de acción es otro de los objetivos del documental premiado en el Festival de Montreal y la Seminci. «El día a día en la guerra es bastante aburrido, esperando a que pasen cosas. Afortunadamente, no siempre hay tiros ni están matándose. Es peor volver a casa. Allí estás muy centrado, pero cuando vuelves te cuesta empatizar con el sufrimiento de los que hay a tu alrededor, porque es incomparable. Tienes que hacer un ejercicio muy grande para centrarte en lo pequeño, pero se hace y se aprende», añade el documentalista. «Yo he ido a varios psicólogos y me sirvió cuando toqué fondo el año pasado, pero después convives con ello. En la guerra convives con el miedo y cuando vuelves, con los traumas. Cuando regresas del conflicto hay que descansar y buscar ayuda profesional, aunque lo normal es ir a otra cobertura, emborracharse...Es peor», reflexiona el también autor de «Nacido en Siria» y «Nacido en Gaza». Aunque comenzó a trabajar en conflictos armados en Camboya, las imágenes que vuelven a su cabeza una y otra vez son las de la Franja.

¿Es consciente el público de lo que cuestan estas noticias? «Lo más importante es que allí la gente valora sentirse escuchada. Luego hay cosas que tienen más éxito y otras que no ve nadie. En algún momento comprenderemos que hay que defender la noticia bien hecha y que eso cuesta mucho dinero», reflexiona el documentalista.

Ellas, aún minoría en el frente periodístico, tienen un plus de heroicidad. «Se exponen mucho más, porque están en países muy machistas, donde no se las ve como interlocutores. Y esa es una barrera que tienen que superar cada día», valora Zin.

Pese a todo, y aunque el también escritor está convencido de que «el oficio vale la pena», abandonó la guerra hace dos años. Ahora, además de hacer documentales, quiere adentrarse en el mundo de la ficción basada en hechos reales. «Llevo 22 años viendo lo peor y lo mejor de los humanos, así que cuento con ese bagaje». En esas historias, además, puede recurrir a recursos como el humor, «muy presente en la guerra». Y seguir derribando mitos.