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La gran bronca de una espectadora a Ramón García por despertarla de la siesta

«¿No es ninguna tomadura de pelo? ¿Y usted no sabe que nos echamos la siesta un rato los españoles?», le espetó la espectadora cuando Ramón García la llamó para regalarle un jamón

Ramón García y Gloria Santoro en «En compañía»
Ramón García y Gloria Santoro en «En compañía»
Actualizado
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Llevaba la capa y el sombrero como nadie en Año Nuevo y solo él sabía esquivar bolos y vaquillas en el ruedo del Grand Prix. Sin embargo, parece que a alguien de la experiencia y veteranía de Ramón García se le ha atragantado la televisión local, donde acaba de recibir una gran bronca.

Sucedió en el programa «En compañía», de Castilla La Mancha Televisión, que busca parejas para personas de la tercera edad. En el espacio local también se llama a diario a diferentes números escogidos al azar para regalar un jamón, que se le entrega a quien diga al responder al teléfono: «Ramón, ¿me regalas un jamón?».

La cosa no es tan simple como parece, y llamar a ciegas tiene sus riesgos, como se ha podido ver en «Zapeando», donde han recuperado el momento en el que Ramón García llamaba a una tal Pilar, que además de no ver el programa, se encontraba durmiendo la siesta.

«Buenas tardes. Disculpe que la moleste. Mire, soy el de la tele. Qué está viendo usted en la tele ahora mismo?». La señora, un poco incómoda porque quería saber qué quería su interlocutor, no fue todo lo amable que se espera en la televisión: «¿Que qué estoy viendo? ¿Y a usted qué le importa?». «Yo le quería regalar un jamón», respondió el presentador de «En compañía». «¿Un jamón me quería regalar? ¡Y yo a usted otro jamón!», respondió Pilar, de forma brusca, que ni siquiera atendía a razones cuando Ramón García le intentaba explicar que no era ninguna tomadura de pelo.

«¿No es ninguna tomadura de pelo? ¿Y usted no sabe que nos echamos la siesta un rato los españoles?», aseguró ella, por fin, revelando el motivo de su enfado. Ya más espabilada y tras entender la dinámica dle concurso, finalmente pidió disculpas por su brusquedad y hasta se rio. No ganó un jamón, pero el premio de consolación por despertarla de la siesta fue un salchichón, que tampoco está mal.