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First Dates La traumática experiencia de un joven comensal que le llevó a escribir su primer libro

Alberto dijo haber sufrido «un caso de homofobia horrible» en su instituto

CUATRO
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Este viernes de la penúltima semana de agosto rompió el hielo en «First Dates» Flavia, una camarera y estudiante madrileña de 18 años que empezó a trabajar con quince para «mantener a la familia, por eso no salí tanto como mis amigos y he madurado antes». Se definió como una chica «muy cariñosa» aunque reconoció que nunca había tenido pareja. «Quiero encontrar a alguien con quien dar el paso de ser novios», explicó.

Su pareja fue Ismael, un salmantino de 19 años que trabajaba como asesor energético. «Me cuesta hablar con una mujer al principio, por eso no soy de esos que hablan con diez en una noche». A ella no le gustó nada Ismael desde el primer momento: «¡Madre mía! A quien me han puesto...Pero voy a darle una oportunidad, igual es majo». Pasaron a la mesa y empezaron la charla bastante animados.

Él le preguntó su le gustaba la fiesta, y ella dijo que no. A Isamel tampoco le gustaba, y ni fumaba ni bebía, algo que le gustó a Flavia. «Me gustan las chicas alegres», le contó él, «pero que tenga carácter y sepa decir que "no". Odio que me digan que sí a todo». Aunque a ella no le gustó de primeras, durante la conversación surgió cierta sintonía.

No obstante, ella tenía claro que buscaba a «un chico más malote» y le dijo a Sergio que podrían seguir viéndose, pero como amigos porque «no me veo contigo, no eres mi prototipo».

Para la segunda cita de la noche llegó primero Alberto, un estudiante y escritor malagueño de 19 años que cautivó a la camarera por sus «ojazos». En su presentación contó que había sufrido un «caso de homofobia horrible» en su instituto porque había «personas bastante homófobas». Explicó que había tenido que «implicar a la policía, y yo llevaba una pulsera de seguridad para que supiesen dónde estoy».

Durante esa época, explicó, «iba escribiendo sobre cómo me sentía porque no quería decírselo a nadie para no preocupar. Al final, tenía tanto escrito que se convirtió en "Eighteen", mi libro». Todo eso le contó a su pareja Josna, un bailarín y estudiante sevillano. «Yo nunca sufrí nada de eso en mi pueblo», explicó el sevillano, que contó en el confesionario que para él la literatura «no es una forma de expresión plena, así que no me interesa».

Continuaron charlando sobre cómo habían descubierto su orientación sexual y cómo la habían asumido después. Como el propio Josan dijo, él era más «espontáneo y natural» con su homosexualidad mientras que Alberto era más de «manifestarse y reivindicar derechos».

Luego pasaron a hablar de baile, y Josan le invitó a animarse a descubrir qué estilo de baile le gustaba. El tramo final de la conversación fue un tanto más apagado, y en el desenlace Alberto quiso tener una segunda cita con Josa y el sevillano también dijo que quería seguir conociéndolo.