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First Dates El susto de infarto que se llevó un comensal al conocer la «familia numerosa» de su pareja

David tiene ocho mascotas en su casa y busca a alguien que le ayude a mantenerlas

Alberto casi sale corriendo de First Dates al enterarse de que su pareja tenía una familia numerosa a su cargo - CUATRO / Vídeo: La familia numerosa que sorprendió a todo First Dates
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A Carlos Sobera y los suyos se les acumula el trabajo. Decenas de solteros llaman a diario a las puertas de «First Dates» con la esperanza de que en «el restaurante del amor» también ellos tendrán suerte. «Este no es un restaurante cualquiera», recuerda siempre Sobera al empezar el espacio de Cuatro. Como viene siendo habitual, «First Dates» no defrauda a la hora de mostrar al espectador lo más granado de la sociedad española.

La noche empezó por el sur, con el albañil Antonio, un gaditano de 31 años al que le «gusta el cachondeo, conocer gente nueva y la chirigota». Antonio resultó ser un nostálgico de tiempos mejores en los que «la gente se comprometía, hoy solo se quiere aquí te pillo aquí te mato y luego no se acuerdan de ti». No tenía especial predilección por ningún tipo de mujeres más allá del genérico «que sea de buen ver».

Tuvo suerte con Marta, su pareja, una estudiante granadina de 26 años que, al igual que el gaditano, se considera a sí misma «muy alegre y optimista, me encanta reírme». A priori, los dos comensales no podían ser más parecidos en su carácter y en su forma de afrontar la vida. Pero pronto empezó a aparecer alguna divergencia en sus gustos: mientras que Marta pasa su tiempo libre leyendo, Antonio es más de cilindradas y de cogerse su moto para lanzarse a la carretera. Poco a poco fueron viendo que era factible que de ahí surgiese el amor, y ambos decidieron darse una segunda oportunidad.

Hubo este viernes un concursante al borde del infarto ya antes de sentarse a cenar. David, un educador social barcelonés de 49 años que dijo ser «un niño dentro de un cuerpo de adulto...No tuve infancia y por eso siempre he sido un niño». El catalán llegó con una tarjeta en la que, por un lado, se leía "busco un padre para mi familia numerosa". Y es que el hombre convive en su casa con nada menos que ocho mascotas y buscaba «a alguien que me ayude a mantenerlos, que es caro darles de comer».

Pues el cuasi infartado fue el que iba a ser su pareja, Alberto, un bilbaíno de 46 años que se gana la vida como guía turística. Según entró al restaurante lo primero que vio, antes incluso que a Sobera, fue la tarjeta sobre la barra en la que se lee "busco un padre para mi familia numerosa". Casi se le salen los ojos de la órbita en cuanto vio aquello: «Estás a tiempo de dar la vuelta», le quiso meter miedo uno de los camareros. El vasco empezaba ya a arrepentirse de haberse metido allí, pero no le quedaba más remedio que girar la tarjeta. Respiró aliviado cuando vio que se trataba de animales, pues Alberto ya se veía cuidando a cuatro o cinco niños que no eran suyos.