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First Dates El «poder adquisitivo» que convenció a una comensal para tener una segunda cita

Laura confesó que siempre había buscado una pareja que pudiese pagarle los viajes

José Luis y Laura quisieron darse una segunda oportunidad - CUATRO
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First Dates empieza semana con el mismo ímpetu con el que terminó la anterior. No remite la marea de solteros desesperados a la busca del amor que llaman a la puerta del restaurante de Carlos Sobera para intentar resolver su gran problema: la soledad. Son ya muchas más de 600 las noches que First Dates lleva en antena en Cuatro y no parece que vaya a terminarse pronto, pues cada día decenas de solitarios aparecen por allí en busca de su alma gemela.

Empezó la noche con una pareja jovencita, ella 21 y él 20, aunque a Ariadna le pareció «un poco crío» Manuel pese a tener solamente un año menos. «Yo soy una auténtica diva», se presentó la cordobesa Ariadna, «me paso el día buscando la cara perfecta para estar guapa las 24 horas». Pese a que la primera impresión de Ariadna no fue positiva, pronto reculó y tuvo que reconocer que «interiormente» le había gustado Manuel, malagueño, aunque pronto le encontró otra pega: «Físicamente no me ha gustado, es muy pequeño. Yo ahora mismo quiero a un armario». No obstante la conversación fue agradable, los dos se cayeron bien y tuvieron una cita muy animada. Cuando acabaron de cenar era difícil dar una predicción sobre lo que iban a decirse a la hora de la decisión final. Ariadna no se cortó en su respuesta, y dejó claro que «no me gustas físicamente, me gustan más los armarios empotrados», pero la impresión de Manuel fue idéntica, por lo que cada cual se fue por su lado sin rencor.

Acto seguida pasó a cenar una pareja situada en las antípodas en cuanto a la edad. José Luis tiene ya 78 años, es un médico jubilado natural de Toledo y no era nuevo en First Dates. Tras fracasar en su primera intentona, el veterano soltero volvió a la carga y esta vez le tocó cenar con Laura, una escritora madrileña de 64 años. A primera vista parecían pegar a la perfección, y de hecho la cita fue sobre ruedas desde el instante en que se sentaron a cenar. No solo se cayeron bien y demostraron tener intereses similares, sino que además buscaban las mismas cosas en el amor.

Pero Laura buscaba algo extra, como ella misma reconoció diciendo que «siempre he buscado estar con alguien con un poder adquisitivo mayor para poder viajar con él y eso...Porque si nos vamos de viaje yo no puedo aportar nada, porque no lo tengo». José Luis era todo un caballero y le restó interés a los asuntos de dinero, «la economía no vale nada, yo quiero que me ames». «Dios me ha escuchado, ha bajado a verme», lo celebró Laura, que de ahora en adelante tiene quién le financie los viajes. El resultado estaba cantado: un sí quiero mutuo y se marcharon de la mano de plató.