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First Dates El largo camino de Efrén hasta descubrir su verdadera identidad

Este joven madrileño dijo haber vivido «como una chica en socidad durante mucho tiempo, pero no era lo mío»

CUATRO
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«First Dates» se acerca ya a las 750 noches emitiendo desde su restaurante del amor. A Carlos Sobera parece que no se le acaban nunca los solteros con ganas de enamorarse ante las cámaras, y Cuatro ha encontrado un auténtico filón de audiencia en este dating show tan peculiar.

La primera persona en llegar al restaurante fue Efrén, un estudiante de diseño de madrileño de 20 años que traía consigo una historia muy peculiar. «Socialmente he vivido siempre como una chica pero nunca me he sentido así. Lo de cambiar de sexo es algo que no he tenido claro hasta hace un año, cuando por Youtube conocí a gente que había pasado por cosas parecidas, explicó Efrén, que dijo que buscaba «una chica cariñosa, abierta de mente y que tenga tema de conversación». Su pareja fue Alba, también madrileña de 22 años, que llegó reconociendo que «no soy capaz de tener relaciones serias porque me agobio...Aunque igual es porque no he encontrado a la persona adecuada».

«Tiene cara muy de niño, fue lo primero en lo que me fijé», reconoció Alba en el confesionario. Por su parte, Efrén reconoció que estuvo tímido y con miedo al comienzo de la cita, pero ella le ayudó a sacar temas de conversación y a que se encontrase más cómodo en la mesa. No es de extrañar que Efrén estuviese inquieto, pues no era algo menor lo que debía confesarle a Alba, la cual podría tomárselo bien o todo lo contrario.

Al cabo de un rato empezaron a hablar de la música y Efrén aprovechó para decir que cantaba «en el coro LGTB de Madrid». «Entonces, ¿apoyas al colectivo?», le preguntó Alba, a lo que él respondió que «formo parte del colectivo, soy trans». Aunque venía con miedo a no ser aceptado, ella se lo tomó excelentemente y le dijo que «he crecido con eso porque en mi familia hay gente trans...Me interesa descubrir tu mundo interior». Efrén siguió contando su experiencia, y explicó que «durante mucho tiempo me sentí lesbiana, me ocultaba los pechos y esas cosas...pero conforme me fui conociendo me di cuenta que no era lo mío». Al final todo salió a pedir de boca y ambos quisieron darse una segunda oportunidad para seguir conociéndose.

Poco después llegó Dominika, una chica nacida en Polonia, de ascendencia árabe y que se ha criado en casas de acogida. «Desde los seis años he estado en centros y desde los 18 me gano la vida sin ayudas ni nada. De momento, tengo mi trabajo y mi piso, y me considero muy valiente», se presentó la chica. A sentarse con ella a la mesa llegó Rubén, un informático de 23 años que se quejaba de «haber tenido mala suerte en el amor, aunque nunca me he quejado por eso».

Cuando acababan de empezar a sentar salió el tema de los perros, y ahí ya encontraron un punto clave que les unía. A los dos les gustan los perros, especialmente los perros grandes, «los lobos» como los llamaba Dominika. La conversación siguió por buen cauce y se notaba que había un cierto feeling entre ambos. El primer desencuentro llegó a cuento del sexo, ya que mientras a él le parecía algo primario, para ella no eran tan importante. El desenlace fue negativo y ninguno de los dos quiso tener una segunda cita con el otro.