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First Dates José Luis, el guardia civil patriota que buscaba «a una mujer honrada y sin vicios»

A Sonia, también muy patriota ella, no le gustó nada que José Luis fuese «tan cuadriculado»

CUATRO
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Este miércoles rompió el hielo en «First Dates» Javier, un florista toledano de 29 años. «El amor es mejor con flores», explicó el joven, a quien no le había ido muy bien en sus relaciones. «Soy pasional, romántico y detallista», le dijo a Sobera. No en vano, se presentó en el restaurante con un ramo de flores para su pareja. Javier buscaba a una mujer «con un lado picantón y que sea un poco intensa».

Para cenar con el toledano llegó Sara, una madrileña de 26 años que trabaja como estetiticista y que tenía muy claro lo que buscaba: «Quiero una persona fiel, no a alguien que me haga perder el tiempo». Sobera les presentó y la primera impresión fue positiva. «Ha sido buena la impresión, aunque no sería la típica chica a la que si la veo en la discoteca le metería fichas», confesó Javier. A ella, muy nerviosa, le sorprendió el regalo de su pareja: «Me ha chocado, porque hace mucho que no me regalan un ramo de flores».

Al sentarse a cenar la conversación fluyó sin problemas y se rieron mucho juntos. Hablaron primero sobre sus tatuajes y eso les llevó a hablar de sus hijos. Descubrir que el otro tenía un hijo gustó a ambos, pero sobre todo a ellas: «Me parece importante que tenga un hijo, puede ser una base para seguir conociéndonos». Entre carcajadas pasaron a contarse sus experiencias amorosas. «Se la ve una persona tierna, que trasmite confiana y muy cercana», reconoció ella. Al final ambos quisieron darse una segunda oprotunidad y seguir conociéndose.

Poco más tarde llegó al restaurante José Luis, un guardia civil retirado de 54 años y gran fervor patriótico: «España es mi madre». José Luis presumía de ser «un guardia civil de vocación» y confesó que «siempre voy armado. A mis amigos les digo "si hay conflictos apartaos, yo me encargo"». Le contó a Sobera que busca a una mujer «elegante y que sepa estar. Además tiene que ser patriota, porque si me viene aquí un coletas...Yo tengo en mi salón al general Franco presidiendo la mesa».

El guardia civil llegó con un regalo para su pareja, con el cual quería poner a prueba las inclinaciones políticas de la mujer. «Es una taza con la bandera de la guardia civil y en la que pone "Arriba España" Quiero ver que cara pone cuando lo vea». Tuvo suerte con Sonia, asesora zaragozana de 50 años que en su presentación ya dijo que era «de derechas de toda la vida. Me gustan los toros, el fútbol, las motos, los coches». En el tobillo llevaba tatuada una bandera de España.

Nada más presentarlos Sobera le mostró a José Luis el tatuaje de Sonia. «No me gusta nada, como no me gustan los pendientes», sentenció el guardia civil. Al poco de conocerse José Luis contó que no bebía alcohol y que era un hombre «muy cuadriculado, con las ideas muy claras. Busco a una mujer honrada y honesta, y también sin vicios...Tú fumas, ¿no?». Ella reconoció que fumaba, y él comentó que «lo he sabido por tu tono de voz. Las que fumais tenéis un tono más grave, y me gustan los tonos dulces».

A ella eso no le gustó nada: «No me gustan los hombres tan cuadriculados, y menos cuando le da importancia a un cigarro, una copa de vino o un tatuaje». La charla siguió en la misma línea y a Sonia le fue quedando aun más que no quería nada con José Luis: «Busca a alguien que se amolde a él, y eso conmigo no va para nada». Así pues, el desenlace fue el esperado y ninguno de los dos quiso tener una segunda cita.