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First Dates La intransigencia animalista que arruinó una cita en «First Dates»

Al poco de sentarse a cenar Cristóbal se dio cuenta de que en el corazón de María José solamente hay sitio para los perros

Para María José sus cuatro perros son mucho más importantes que cualquier persona - CUATRO
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«First Dates» casi acaba semana con el mismo ímpetu con el que terminó la anterior. No remite la marea de solteros desesperados a la busca del amor que llaman a la puerta del restaurante de Carlos Sobera para intentar resolver su gran problema: la soledad. Son ya muchas más de 650 las noches que First Dates lleva en antena en Cuatro y no parece que vaya a terminarse pronto, pues cada día decenas de solitarios aparecen por allí en busca de su alma gemela.

Para empezar la noche llegó una pareja que se complementaba a la perfección en su faceta profesional: él, Andrés, madrileño de 22 años, fotógrafo, y ella, Paula, venezolana de 19, modelo. Además de en eso, ambos coincidían en su forma de afrontar la vida, pues se definían como personas muy positivas, optimistas y siempre atentos al lado bueno de las cosas. En cuanto se sentaron a cenar quedó claro que había mucha sintonía entre los dos jóvenes, y que las posibilidades de tener una segunda cita eran bastante elevada.

En la segunda cita de este jueves la mujer iba a ser María José, una vigilante de seguridad asturiana de 43 años que ya había pasado por las mesas de «First Dates» pero la cita no había salido bien. La razón para su fracaso fue que su primera pareja, «muy mono y muy simpático», dijo que estaba a favor de «considerar a un animal por encima de una persona». Y es que para María José sus cuatro perros, con los que se plantó en el restaurante, son mucho más importantes que cualquier ser humano: «Lo que más me importa de una pareja es que cuide de mis perros como si fuesen sus hijos. Estos perros me aportan más que muchos humanos, lo que pasa es que nosotros no somos lo suficientemente cultos para entenderlos. Mis perros están totalmente humanizados».

En un primer momento parecía que iba a tener suerte con Cristóbal, un cántabro de 45 que es entrenador canino. María José estaba feliz cuando se enteró de la profesión de Cristóbal, pero pronto quedó desencantada, pues su radicalidad animalista llegaba demasiado lejos. El cántabro dijo que suele llevar a su perro a concursos de belleza, y ahí explotó la asturiana: «Me parece una explotación terrible llevar a los perros a concursos de belleza: es un maltrato brutal, estoy totalmente en contra y me parece patético. Tendría que estar prohibido».

Ahí Cristóbal no entró al trapo, aunque dijo ante las cámaras que le parecía una postura intransigente: «Creo que no entiende el mundo del perro». Siguieron hablando de ese tema y María José fue subiendo el tono de su artillería animalista: «Uno no puede sacar dinero de los animales y explotarles. Y si se les explota, como se hace, tendrían que ponerles una nómina, darles vacaciones...».

En ese momento el cántabro se dio cuenta de que estaba cenando con una persona cuyo corazón solamente tenía espacio para los animales. Continuaron hasta el final la cena, con mucha cordialidad pero con pareceres muy diferentes. «No me gusta que esté besando a los perros y les de comida con su cubierto, no es higiénico», dijo el cántabro. A la hora de la verdad pasó lo esperado: los dos rehusaron de verse una segunda vez alegando que eran «muy distintos».