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First Dates Insultos, desprecios y burlas: La comensal más grosera de «First Dates»

Andrea no tuvo ninguna consideración por Ángel y se pasó toda la cita tratándole de un modo muy despectico

CUATRO
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Una noche más, Carlos Sobera se puso al frente de «First Dates» para ayudar a encontrar el amor a una docena de solteros. El primero en llegar este miércoles fue Camal, un estudiante cordobés de 22 años que se presentó anunciando que creía «en el carma» por experiencias que había vivido. Contó que buscaba «una persona con la que pueda ir poquito a poco y que me dé una de cal y otra de arena, porque si es todo bien o todo mal me acabo aburriendo».

Su pareja fue Yasmine, una marroquí de 21 años que estudia periodismo en Madrid. Dio la casualidad de que Camal también tenía ascendencia marroquí, y les gustó descubrir que tenían algo en común. La chica dijo que para ella era importante encontrar una pareja que quisiese «tener una familia y una vida estable». Comenzaron a charlar en la barra y Yasmine reconoció que había «mucha conexión» entre ellos. Camal, en el confesionario, aseguró que le parecía una «chica perfecta».

Nada más sentarse ella le preguntó qué buscaba en el amor. Camal le explicó que buscaba una pareja seria con la que tener una relación a largo plazo, y a Yasmine le gustó mucho escuchar eso. La charla siguió animada y llena de complicidad. Ya en los postres, ella fue muy franca y le confesó a Camal que le «gustaba mucho». El desenlace estaba cantado, y ambos acabaron diciendo que querían tener una segunda cita y seguir conociéndose.

«Soy un torbellino, muy extremista para todo». Así se presentó Andrea, una auxiliar de enfermería madrileña de 22 años que afirmó que ella cae «o muy bien o muy mal, y eso me gusta porque siempre destaco». Para intentar conquistar este torbellino llegó Ángel, un cocinero de 27 años con una filosofía y un carácter muy distinto: «Nunca me vas a ver enfadado. Siempre saco el lado positivo».

La primera impresión fue nefasta para Andrea: «No me ha gustado para nada su aspecto ni su forma de vestir. No había por donde cogerlo. Es un cani y no puedo con eso». Todo esto lo dijo apenas cinco minutos después de haber dicho que el físico no era importante para ella. Andrea, que ya había descartado que pudiese tener nada con Ángel, se pasó toda la cita humillando y despreciando a su pareja.

Él empezó contándole que vivía con sus padres y Andrea, con voz hiriente, le reprochó que iba siempre «a plato puesto y a lo fácil». La conversación fue tensa y ella no le concedió ni un segundo de descanso. Empezaron a hablar sobre tatuajes, y Ángel le enseñó el león que tenía tatuado en el pecho. «¡Es muy cani!», soltó Andrea, «¿te lo hiciste con 16 años, no?». Él, con la boca pequeña, le contestó que se lo había hecho hacía pocos meses.

«A mí me gustan los tatuajes bonitos y a ti los horribles», concluyó Andrea. «¿Me ves cani?», preguntó él, y ella no se cortó al responder: «Te veo muy cani y flipadillo». Ángel, a quien se le notaba que no estaba acostumbrado a la gresca, le explicó que en realidad no era un cani.

El madrileño quiso cambiar de tema y le preguntó qué buscaba en el amor. La conversación derivó hacia las experiencias amorosas de cada uno, y Ángel reconoció que nunca le había ido bien y lo máximo que le había durado una relación fueron tres meses. Andrea, con muy poco tacto, empezó a reírse en su cara y en el confesionario fue todavía más dura: «Físicamente no es agraciado y entiendo que una chica no quiera estar con un niño feo. Parece un vivalavida y un picha brava, y con esa cara no se va a comer un mojón».

Ahí no se acabaron los ataques de Andrea. Cuando Ángel le dijo que tenía 27 años ella le llamó «viejo» y le dijo que estaba «para jubilarte, salirte del mercado y ponerte a hacer punto de cruz». También dijo que le daba «asco» cómo comía y le parecía «muy desagradable» en su trato con las camareras. «Me gusta menos que una nevera por detrás», concluyó Andrea. Pese al tono tan duro que empleó ella a lo largo de toda la cita, Ángel dijo que quería seguir quedando con Andrea. Ella, como estaba claro desde el comienzo, respondió que bajo ningún concepto iba a tener una segunda cita con Ángel.