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First Dates El insolente plantón de un comensal a su pareja

Joaquín dijo que hubiese tenido una cita con Anabel, pero que en el programa había conocido a otra chica y se iba con ella

CUATRO
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First Dates, con Carlos Sobera al frente, sigue empeñándose en su tarea de erradicar la soltería en España. Tarea difícil la suya, pero no es esa razón paa claudicar. Por el plató de Cuatro han pasado los personajes más excéntricos que uno pueda imaginarse, y no pocos de ellos se han ido del programa acompañados. Ninguna misión es imposible.

El primero en llegar al restaurante del amor fue Joaquín, un barcelonés de 30 años que perfectamente podría haber pasado como el hermano gemelo de Sergio Ramos. «Todos los días dos o tres o cuatro o diez personas me paran para decirme que me parezco mucho a Sergio Ramos y que si nunca me lo habían dicho», comentó resignado en cuanto llegó al programa. Y al igual que Ramos, el barcelonés es un amante del cante y del flamenco, tanto que recibió a su pareja yéndose por bulerías.

El nombre de la afortunada era Anabel, una hostelera de 32 años, también barcelonesa que dijo ser «muy cariñosa». Pero a Anabel no le gustaron mucho los cantes de Joaquín, aunque se sentó a la mesa dispuesta a dejarse sorprender, estando los dos bastante nerviosos. Al poco de sentarse Joaquín intentó bromear con su parecido con el futbolista blanco y Anabel rió sin ganas y como por obligación, pues acto seguido reconoció que «no me gusta nada el fútbol». La cita fue de lo más animada y todo indicaba que iba a haber un segundo encuentro. No obstane, cuando llegó el momento decisivo, Joaquín dijo algo que resulta un tanto difícil de entender: «Pues te hubiera dicho que sí...Pero es que acabo de conocer a otra chica y vamos a quedar para tomar algo». Anabel no daba crédito a lo que escuchaba y le contestó que «después de como te has comportado, yo tampoco tendría una segunda cita».

Para la segunda pareja de la noche subió bastante la media de edad. Antonio, un jubilado valenciano de 66 años, dijo ser «muy enamoradiso y casamentero, también bastante coqueto». Tuvo suerte con él Quiteria, una murciana de 55 años cuyo primer requisito era que el hombre con el que cenase fuese «bien limpio y que huela bien». Cumplió el requisito el valenciano, y en cuanto se sentaron a cenar quedó patente que Antonio no solo olía bien, sino que también era un hombre agradable y seductor. El resultado fue el mejor posible: Quiteria y Antonio tendrán una segunda cita.

Hubo otra pareja todavía de más edad. Luis, un sevillano de 74 años, llegó a First Dates presentándose con mucha gracia: «Soy loco, dinámico, poeta aficionado, estoy muy solo». Sobera le preguntó a Luis por su experiencia amorosa, y él reconoció que «no me ha ido mal, pero ahora estoy solo desde hace cuatro años. Yo he llegado a tener tres relaciones simultáneas, y eso no es muy habitual: una esposa, una amante y una novia». Su pareja fue Carmen, una gaditana de 70 años a la que no le gustó Luis ya nada más verlo.

Pero lo que no supo es que el disgusto inicial fue mutuo. «¡Si mi abuela murió con 97 años y tenía menos arrugas!», se sorprendió el sevillano, «tiene la cara como un mapa orográfico de las Montañas Rocosas». Sobera se percató de este disgusto inicial, y comentó que «Luis y Carmen se han dado cuenta de que su cita ha sido un desacierto, pero están a tiempo de convertirle en un acierto». Luis empezó con bastante buen pie, haciendo gala de una sensibilidad y un sentido del humor que desarmaron a la gaditana.

No obstante fue solo un espejismo, porque pronto empezaron los reproches, las malas miradas y las palabras hoscas. Ninguno de los dos se gustó, y no solo eso, sino que se cayeron mal y demostraron tener una personalidad irreconciliable. El desenlace fue el previsible: un no, quiero mutuo.