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First Dates La incómoda cita entre Toni y Fany: «O bebo o me da un parraque»

Fany supo desde el primer minuto que no quería nada con Toni, quien pronto se dio cuenta de que no tenía ninguna oportunidad de conquistar a su pareja

CUATRO
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Estrenó esta semana en «First Dates» Laura, una barcelonesa de 31 años que dijo ser «un poco gay, un poco bollera...No sé muy bien lo que soy, porque tengo un ramalazo Rambo. No soy femenina, pero tampoco soy camionera». Luego se definió como «extrovertida y maniática con los olores, el orden y la limpieza». También consideró oportuno decir que era una persona «muy activa sexualmente, romántica y quiero casarme».

En ese perfil parecía encajar Gabi, una empresaria de eventos madrileña de 23 años que contó que sus aficiones eran «leer, pintar y escuchar música, pero sobre todo soy adicta al sexo. Necesito ver porno y tener excitación todos los días». Se definió como una «persona segura de mí misma y con mucho carácter, también autoritaria». La primera impresión fue excelente. A Laura le impactaron los «ojos de gata» de Gabi, y esta describió a la barcelonesa como una «mujer espectacular».

Durante la cena sintieron mucha sintonía y descubrieron que las dos tenían en carácter muy afín. Se rieron mucho juntas y hablaron largo y tendido sobre sexo, algo que acabó por unirlas irremediablemente. En el confesionario Laura le cantó una canción flamenco a Gabi diciéndole que quería besarla, y eso hicieron antes de decirse que querían tener una segunda cita para seguir conociéndose.

Más tarde apareció por «First Dates» Fany, una estudiante almeriense de 20 años a la que no le ha ido muy bien en el amor porque «cuesta encontrar a alguien que me soporte y me siga el ritmo». La chica era un manojo de nervios que no paraba ni un segundo de hablar y reírse. Le contó a Sobera que buscaba a un hombre «alto y con tatuajes».

Su pareja fue Toni, un tatuador barcelonés de 22 años que reconoció que daba «imagen de duro, pero no es la realidad». En cuanto Fany vio entrar al barcelonés se llevó las manos a la cabeza y no disimuló un gesto de horror. «Yo no soy mala, pero no me ha gustado nada», contó ella. A Toni sí que le atrajeron los encantos de Fany: «Es tetona, y me gustan las chicas tetonas».

Los primeros instantes de cita fueron de un silencio incómodo. Ninguno de los dos hablaban, ni siquiera se miraban a la cara. Se percibía la tensión en el ambiente. «Yo en ese momento me dije "o bebo o me da un parraque"», contó ella en el confesionario. Fany intentó dejar claro desde el comienzo que no le gustaba nada Toni, y él se dio cuenta muy pronto.

La camarera les llevó a la mesa con la esperanza de que allí se animasen un poco las cosas. No pasó nada de eso, sino que la conversación fue incluso a peor. Ella dejó caer que le gustaban los chicos altos, queriendo darle a entender a Toni que él quedaba descartado. «Es de las pocas personas a las que no le gusto», se lamentó el catalán en el confesionario. En la mesa, la cena no acababa de remontar: «¿Y de qué podemos hablar?», le preguntó él para espantar al silencio.

Pero luego Toni pasó al ataque y le confesó a Fany que desde el principio le había parecido «muy choni». Ella se rió, pero no le acabó de gustar que su pareja fuese tan descarado. «Yo no soy choni», le explicó, «tengo un estilo propio». Luego en el confesionario ella se burló de la ropa de Toni y le tachó de «cani». Llegó el momento del desenlace, y él dijo que la cita había sido «muy insípida» y que ella era «muy choni, y no me gusta como persona». Fany fue algo más educada, pero el resultado fue que los dos se marcharon sin despedirse.