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First Dates La historia «de película» de un comensal sobre su bisabuela superviviente del Titanic

Vanesa escuchó con mucho interés las batallitas familiares de Javier, pero eso no bastó para que quisiese tener una segunda cita con él

CUATRO
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Este martes rompió el hielo en «First Dates» Javier, un madrileño de 24 años que trabaja como adiestrador canino: «No creo en las barreras y pienso que tengo muchas virtudes que ofrecer y puedo dar grandes resultados a la sociedad». Se definió como una persona «muy sensible, porque tengo Asperger y estuve en seis colegios distintos porque sufrí acoso escolar». A día de hoy, explicó, su vivencia con el Asperger es «positiva, y para mí ha sido una historia de autosuperación».

Javier contó también que era un «católico, pero light, porque no voy a misa todos los domingos pero me gustan los valores y hago voluntariado». Su pareja fue Vanesa, una madrileña de 25 años que trabaja organizando eventos. «Yo quiero el amor pero el amor no me quiere a mí», lamentó, «y eso me frustra mucho. He tenido varias parejas, pero ninguna me ha dado lo que yo busco».

Al comienzo de la cena fue él quien empezó llevando la batuta de la conversación. Habló sobre su Asperger, su pasado sufriendo acoso escolar y su pasión por la historia. «Tengo dos blogs sobre la monarquía, porque soy monárquico que son bastante famosos», le explicó a Vanesa, «empecé con el blog a los 13 años porque siempre me gustó mucho la historia y además tengo una rama familiar relacionada con la aristocracia española».

Ese dato le interesó mucho a Vanesa: «Eso es algo que me llama mucho la atención, porque puede que sea alguien importante y no me lo haya dicho». Él siguió contando batallitas familiares y arrancó con la historia de sus bisabuelos: «Tiene una historia muy heavy. Mi bisabuela estuvo casada dos veces porque su primer marido murió en el Titanic. Mi abuela se casó y fueron de luna de miel al Titanic y allí falleció su marido».

A Vanesa la historia le pareció «de película, para mí su bisabuela es un ídolo», pero desde ese momento la charla empezó a decaer. Hablaron sobre sus aficiones, pero ella estaba más ocupada levantando la mano para pedir copas de vino que se ventilaba en pocos segundos. «Me parece un poco despectivo y de falta de respeto esa forma de pedir el vino», criticó Javier en el confesionario.

Al final la cosa no cuajó y ninguno de los dos quiso tener una segunda cita. «No se han dado las circunstancias de feeling y yo tomé las riendas de la conversación. No he sentido que ella tuviese interés por mí», lamentó Javier.