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First Dates La gran desilusión de una comensal que esperaba a una pareja modelo: «Pensé que era más delgado»

Carlos Sobera le creó a Anabel unas expectativas sobre su pareja que luego no fueron satisfechas

CUATRO
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Uno de los primeros en llegar a «First Dates» este jueves fue Julián, un jubilado zamorano de 68 años que contó que solíba entretenerse «en el huerto, luego me cojo la bici o voy a tomarme unos vinos a ocho o diez kilómetros». Le explicó a Sobera que había estado casado pero la cosa no acabó bien: «La culpa fue mía. Ella era cubana y decía que cuando se jubilara quería marcharse a su tierra, y así no podía ser». Ahora Julián anda en busca de «una mujer a la que le guste el pueblo, eso es lo más importante».

Su pareja iba a ser Pilar, una conquense de 66 años que se definió como «vidente y parapsicóloga». Explicó que durante treinta años había tenido una «clínica de parapsicología y soy muy conocida en La Latina. Si preguntas por Pilar te dirán "sí, la brujita"». Detalló que una vidente «nace, no se hace. Yo con 14 años pronostiqué que me iba a casar con un francés y luego separarme, y todo eso se cumplió».

Al zamorano le gustó bastante el aspecto de su pareja y se sentó a cenar esperanzado. En la mesa empezaron hablando sobre sus pueblos, y ella quiso saber cuántos habitantes tenía su pueblo. «Unos trescientos», respondió él, y Pilar le dijo que eran muy pocos: «En el mío hay 500 y pico». Ella habló luego d elo mucho que le gustaba la playa y le preguntó a Julián si a él también le gustaba: «A mí no. Yo voy al río, que me gusta más».

Sin venir a cuento, él le preguntó que por qué estaba más gorda que cuando estaba joven, y Pilar explicó que se debía a la menopausia. Pilar le contó que se había dedicado durante años a la videncia y Julián, en el confesionario, aseguró que «no creo en eso, es mentira. La televisión lo ha demostrado». Estuvieron charlando sobre sus trabajos y cómo habían salido adelante en la vida sin ayuda de nadie. El zamorano ya se veía con Pilar viviendo en su pueblo, pero pronto se llevó un buen golpe de realidad. Aunque él quiso tener una segunda cita, Pilar argumentó que «no encajaban» y prefirió volverse sola a casa.

Un poco más tarde llegó al restaurante Nicolás, un agente inmobiliario de 43 años y natural de Gijón. «Yo vengo aquí a buscar una mujer de verdad», explicó, «y con la que tener una relación de verdad. Me he cansado de rollos y de esas cosas». Nicolás, como pista para su pareja, dejó una carta en la que quedaba constancia de que había sido finalista de Mister Asturias en 1997. «Ahora con los años y los kilos estoy más cascado», reconoció.

También gijonesa era Anabel, una asesora de imagen de 47 años que reconoció que su «gran referente siempre ha sido Coco Chanel. Hubo un cambio con ella, marcó un antes y un después». Le contó a Sobera que le encantaba la moda y el presentador le mostró la carta de Nicolás. «Me gusta eso, porque me gusta andar con modelos», reconoció la gijonesa.

Ella se quedó un tanto decepcionada cuando vio a Nicolás: «Pensé que era un poco más delgado. No me lo esperaba así». A él sí que le gustó Anabel: «Es preciosa». La conversación arrancó a trompicones, pues a ella se la veía bastante contrariada y costaba sacarle las palabras. Poco a poco la cita fue fluyendo y encontraron algunos puntos en común.

«Anabel me ha hecho estar muy cómodo desde el minuto uno», reconoció él. Luego respondieron al cuestionario del programa y las cosas fueron subiendo de temperatura. Nicolás desplegó todos sus encantos y Anabel fue entrando en el juego. «Me da la impresión de que a Anabel no le he acabado de gustar», se lamentó Nicolás. No obstante, en el último minuto saltó la sorpresa y ella accedió a tener una segunda cita con Nicolás.