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First Dates El garrafal error histórico de una comensal: «Me dieron ganas de pegarme un tiro»

Mario se llevó las manos a la cabeza cuando Ámbar dijo que su obra de arte favorita era de Leonardo di Caprio

CUATRO
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Este miércoles fue a buscar el amor en «First Dates» Mario, un gaditano de 33 años que es militar pero «estoy ya aburrido. Quiero dedicarme a la electricidad, que es para lo que he estudiado». La camarera le pidió que se definiera, y él dijo que le gustaban «mucho las tonterías, mi piso es un desmadre. Eso sí, soy maniático cuando limpio. Vivo con el trapo en la mano».

Al gaditano, a quien se le veía muy nervioso, contó que le gustaban mucho los animales y que sus perros eran muy importantes en su vida. En el amor, explicó, nunca había tenido una relación de más de dos años y medio y no le gustan los «rollos de una noche». Mario buscaba a una chica «con las ideas claras y que comparta aficiones conmigo».

Su pareja iba a ser Ámbar, una peluquera sevillana de 28 años que quería «conocer el amor y encontrar a una persona con la que compartir momentos». El gaditano quedó encantado con la chica, de quien dijo que era «muy guapa». Ella, en cambio, parecía más desilusionada con el hombre que le había tocado. Pasaron a la mesa y él se puso a hablar y a hacerle preguntas a Ámbar, pero la conversación sonaba un tanto forzada.

Poco a poco la cosa fue cogiendo fluidez, sobre todo cuando descubrieron que les gustaban el deporte y los animales. «Me ha gustado tener sintonía con él», reconoció ella. Ámbar le preguntó a Mario cómo era su expareja y si alguna vez la había llevado a cenar. A él le extrañó esta última pregunta: «¡Claro! En un año y medio...». Ámbar le contó que su novio «en cinco años nunca me llevó a una cenita romántica». En el confesionario siguió ajustando cuentas con su expareja: «Eso no es normal. Él nunca tuvo detalles conmigo, ¡ni uno! Y me hubiera gustado ver detalles en él y así me hubiera sentido realizada».

Para seguir la conversación, leyeron las tarjetas con preguntas del programa. «¿Cuál es tu obra de arte favorita?». Él se puso a hacer memoria: «Es una de Leonardo da Vinci y es algo de una cena, pero no recuerdo cuál era su nombre...». Ámbar respondió sin pensar y muy segura de sí misma: «Pues Leonardo di Caprio». Mario se llevó las manos a la cabeza y corrigó a su pareja: «¡Será da Vinci!». En el confesionario contó que le habían «dado ganas de pegarme un tiro, porque era básico. ¡Leonardo di Caprio es un actor!». Al final, y pese a ese pequeño susto, ambos quisieron darse una segunda oportunidad y concertar una próxima cita.