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First Dates La furiosa reacción de un comensal cuando su pareja le recriminó sus faltas de ortografía

Lo primero que Alicia le dijo a Carlos fue que había escrito mal una palabra, algo que a él no le hizo ninguna gracia

A Carlos no le gustó mucho la forma que tuvo Alicia de recibirle - CUATRO
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First Dates se acerca ya a los seiscientos y no da visos de ir a agotarse pronto. Solteros de toda España pican todos los días a la puerta del restaurante que capitanea Carlos Sobera en busca del amor de su vida. Las parejas que se sientan a cenar en el plató de Cuatro son de lo más variado y siempre las hay para todos los gustos.

Las dos primeras que aparecieron la noche de este miércoles son el ejemplo palmario de la diversidad del espacio. El primer hombre de la noche fue Marco Antonio, un profesor leonés de 31 años, persona formal y devoto católico: antes de empezar a cenar, quiso bendecir la mesa, algo que le dejó un tanto sorprendida a Alicia, también leonesa y de la misma edad que su pareja. «He visto que a ella no le ha hecho mucha gracia. Me ha respetado pero ha puesto caras raras, y eso a la larga puede ser difícil», comentó el economista, mientras que Alicia reconoció que «no estoy muy acostumbrada a estar con personas religiosas». A la larga, y aunque la cena fue agradable y cordial, las diferencias entre ambos acabaron por llevarles a preferir no tener una segunda cita.

Muy diferente a Marco Antonio, incluso totalmente opuesto a él, era Adrián, un joven gijonés de 25 años que parecía no tener abuela. «Yo sé que soy guapo, he tenido mis rechazos, como todo el mundo, pero es raro», así definió Adrián su experiencia en el amor, «entonces lo que yo busco es, antes que nada, una chica que sea guapa». Además de guapo, el chico era también pluriempleado pues «soy el jefe de relaciones públicas de la mejor discoteca de Gijón y además modelo». Ahí es nada.

Su pareja fue Victoria, una azafata viguesa de 28 años a la que Adrián no dejó de echar piropos a lo largo de la cena. Al gijonés se le notaba que era un sedcutor profesional, acostumbrado a meterse en el bolsillo a las chicas con las que hablaba, y Victoria no fue menos. La gallego, bastante tímida, no acabó de sentirse a gusto en la cita, pero finalmente decidió darle una segunda oportunidad a Adrián y se marcharon con la promesa de verse de nuevo.

Un poco después llegaron Alicia y Carlos, que protagonizaron uno de los momentos más tensos de la noche, pues ya nada más verse se enzarzaron en una discusión. Alicia, malagueña de 26 años, peluquera y maquilladora, aseguró no haber tenido suerte en el amor porque «los hombres siempre se crean una idea equivocada de lo que soy». Por su parte, Carlos, con una elegancia proverbial, es un sevillano de 28 años que trabaja en el sector de la hostelería.

El caso es que lo primero que Alicia le dijo a Carlos fue llamarle la atención sobre un error ortográfico que había cometido en la nota que le dejó. Al sevillano, como es lógico, no le hicieron mucha gracia sus palabras y respondió visiblemente enfurecido: «Hemos venido a conocernos y me sales con eso...Aquí, delante de miles de personas que están mirando me dices que tengo faltas de ortografía...Pues me voy a cagar en todas tus mulas».

Pese al chorreo, Alicia no se amilanó y volvió sobre el tema: «Ya, pero las faltas de ortografía tienes que solucionarlas...». La cita fue un auténtico desastre, y lo cierto es que Alicia no se molestó mucho en la cena fuese agradable. No le gustaba el trabajo de Carlos, que trabaja como camarero en bares nocturnos, porque es muy celosa y le espetó sin cortarse que «no me gustan los chicos que trabajan en la noche, no me fío de ellos».

De ahí fue todo en caída libre, y aunque Carlos se esforzó por remontar la cita Alicia no le puso ningún interés. «Tienes pinta de ser un trolero», le soltó de pronto sin venir a cuent. Desde ese momento, solo les quedó matar el tiempo hasta llegar al deselance esperado: Alicia y Carlos no quieren volver a verse ni en pintura.