ES NOTICIA EN ABC

First dates La extraña cualidad que exigía encontrar un comensal en «First dates»

Alberto acudió desde Zaragoza al programa para encontrar a una persona afín, pero tenía que ser, necesariamente, zurda

Alberto, a sus 37 años, continuaba viviendo en casa de sus padres
Alberto, a sus 37 años, continuaba viviendo en casa de sus padres - MEDIASET ESPAÑA
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

Este viernes, «First dates» abría sus puertas al amor con algunos personajes de lo más curiosos. Alberto, a sus 37 años, era un personal shopper car, es decir, un asesor especializado para elegir el coche ideal para cada persona. «Me gustan los coches, busqué que existía en EE.UU. y en España hay alguno más. Lo auné y a ello me dedico», comentó a cámara.

Su intención era acudir a «First dates» para encontrar el amor. Además, sería, si llegara a buen puerto, sería la primera relación de este zaragozano. «Pareja no he tenido nunca. Si supiera por qué lo habría solucionado», afirmó Alberto. Para que fuera la chica de sus sueños la que cruzara la puerta del local, requería que tuviera tatuajes, fuera rubia y, como curiosidad, zurda.

Cuando Carlos Sobera descubrió este detalle, se sorprendió mucho. «¿Y qué pasa con las diestras?», le preguntó al comensal, lo que contestó que era para intentar encontrar a alguien más afín en su día a día. «Pues que si quiero una pareja, quiero que sea zurda. En el día a día se me va a hacer más fácil, como abrir una puerta», explicó.

Independientemente de qué mano usara para escribir, Irene, de 40 años, llegó a «First dates» para conocer a Alberto. Esta técnico de Enfermería de Vigo tenía claro que, para poder empezar una relación con alguien, tenía que aceptar a sus hijos. Con tatuajes y el pelo teñido de rosa, no le entró demasiado por los ojos al asesor de coches. «El pelo rosa no. Pero me da igual porque se puede teñir», dijo a cámara.

Desde el momento en el que se sentaron en la mesa, empezaron las diferencias a florecer: «Soy muy especialito en la comida», comentó, que eligió pasta para cenar, algo que Irene consideró como «nada sexy». Por su parte, Alberto afirmó estar basando el encuentro en la naturalidad. Cuando se preguntaron por sus vidas, en seguida Irene descubrió que su compañero de cena en «First dates» seguía viviendo en casa de sus padres, algo que no toleraba y a lo que le daba una explicación: la comodidad que suponía. «Le gusta que le hagan todo. No estoy como para cuidar de otro niño de 37 años», sentenció la auxiliar de enfermería.

Además, Alberto confesó no beber alcohol, no haberse emborrachado en la vida ni haber probado una copa, y tampoco ser fumador. Esto también desconcertó a Irene, que dijo que «el que no se haya tomado una copa en la vida me parece raro». Pero, a pesar de los prejuicios que estaba tendiendo Irene, descubrió que en realidad Alberto era más comprensivo de lo que esperaba. «¿Te importa que una mujer tenga hijos?», le preguntó. «No, no me importa», respondió el asesor, generando una cara de extrañeza en su compañera de mesa. «Por eso no me vas a gustar más ni menos», continuó el zaragozano.

Pero uno de los peores presagios se confirmaron para Alberto cuando trajeron el primer plato. No fue que los macarrones no estuvieran a su gusto, sino que comprobó que su compañera en «First dates» era diestra, algo que le señaló. Por su parte, Irene se dio cuenta que el asesor automovilístico era de paladar selecto. «Creo que debe de ser el típico chico al que la madre le hace los purés, que le pican la verdura para que no la note en la comida», dijo.

Además, Alberto dijo ser «escrupuloso con algunas cosas», algo que, por profesión, no pegaba nada con Irene. Antes de haber trabajado en Psiquiatría, estuvo desarrollando su carrera en quirófanos, algo que horrorizó al zaragozano. «Para que me pusieran el piercing de la ceja me desplomé tres veces en el suelo», confesó en «First dates» el varón. Como era de esperar, Irene salió huyendo en cuanto pudo de su cita. Por su parte, Alberto dijo que no querría tener un nuevo encuentro con la auxiliar de enfermería porque «además de que no es zurda, no hemos congeniado».